Vicio y subcultura La plaga de los labios operados

No hay vuelta atrás. El efecto ‘cara de pato’ es ahora mismo tendencia en el porno internacional. Jóvenes estrellas como Adriana Chechik o Lana Rhoades han sido de las últimas en tunearse los labios siguiendo una moda que no suscita demasiado entusiasmo en nuestro rincón del vicio y la subcultura.

Adriana Chechik
Javier Blánquez | 06/06/2017 - 13:23

En los últimos tiempos no hay tanta conversación sobre los pechos operados como hace unos años. Hubo una época en la que implantarse silicona en todo lo que vendríamos a llamar los pectorales era una corriente imparable entre las señoras de toda condición que incluso suscitaba chistes y leyendas urbanas, como aquella que explicaba que a Ana Obregón, experta en delfines, una vez se le reventó una teta en pleno vuelo.

Que no se hable tanto de las tetas postizas no significa que no se hagan estas operaciones, por supuesto: hay clínicas de estética ahí fuera que hacen una pasta gansa con los aumentos de pecho, las rinoplastias y otras bellas artes que tuvieron en el enorme doctor Troy a su verdadero Leonardo Da Vinci.

Lo que pasa es el pecho enorme, o customizado, ya no es novedad, ya no despierta reacciones extrañas o contrarias, y está tan extendido lo de ‘ponerse tetas’, como dirían las chonis, que la gente ya no se preocupa ni en distinguir las naturales de las artificiales con el tacto. Vivimos con ello, es algo tan común como beber café por la mañana o tomarse una aspirina cuando duele la cabeza.

 

El culto a lo superlativo

De todos modos, si hubo un sector que se volcó al completo con la cirugía plástica que permitía el aumento de pecho, y ponerse unas cuantas tallas de golpe, de modo que una señorita que unas horas antes era una tabla de planchar inmediatamente se convertía en Samantha Fox, ése fue el del porno.

Big Tits

 

El cine X, que es la espectacularización del cuerpo, el gremio en el que más se lleva el tuneo del físico –o sea, es al sexo lo que la Fórmula 1 al coche–, recibió con algarabía la popularización de la silicona gracias a los precios asequibles de todo tipo de operaciones quirúrgicas que permitían tener cuerpos más rotundos, y por eso entre finales de los 80 y toda la década de los 90, la actriz que no tenía unos melones colgando lo iba a tener difícil para prosperar en el negocio. El público reclamaba balones de fútbol, mamas contundentes que botaran al moverse en posturas como el cowgirl invertido, y se recibía con cierto recelo el cuerpo natural, que lo podía tener cualquiera.

Luego, años después, la cosa cambió de nuevo y se vio a la actriz de fuerte ‘pechonalidad’ como una cosa monstruosa, sobre todo si el tallaje se había vuelto demasiado exagerado. El cambio de los gustos del público, que empezó a preferir a las jovencísimas teens en detrimento de las actrices experimentadas con una carrera ya haciendo chup chup, hizo que se considerara como un activo importante el cuerpo inmaculado, sin retoques ni operaciones, con los senos naturales aunque no fueran muy grandes –y si encima eran grandes y naturales, tipo Keisha Grey, entonces ya era la recaraba, o sea, la releche–, y dejamos de ver los pechos de silicona con tanta frecuencia.

Haberlos haylos, como las meigas, pero hay que convenir en que, de un tiempo a esta parte, la teta con guarnición no es una convención obligatoria para trabajar en el sector. Es más: implica un riesgo, y que es que te toque un cirujano tuercebotas y te desgracie el chasis para siempre. Horrores en la mesa de operaciones ha habido muchos.

 

Nueva tendencia

Ahora bien: lo que se ve menos en pechos artificiales, desde hace unos meses, se ve más en labios artificialmente retocados. La última moda entre las actrices es respetar el seno –arco gracioso de la anatomía femenina a la que Ramón Gómez de la Serna le dedicó un bello libro–, pero trasladar la magia de la medicina correctora a las facciones de la cara, en particular a los labios de arriba, para conseguir el efecto que, en algunos círculos, se llama el de ‘cara de pato’.

Lana Rhoades

 

Para hacerse una idea del tipo de facciones de las que hablamos, estos son los rasgos principales: el labio superior parece algo más alargado, y la parte rosada y carnosa gana en volumen. No es un hinchazón exagerada, de hecho es una corrección con colágeno o botox casi mínima, muy discreta, pero que añade un leve toque artificioso. En estado natural hay labios rotundos, con brillo, pero los que proliferan últimamente en el porno tienen trampa y no se mueven, excepto cuando chupan, como el labio del bigote de Aznar, que no sabemos si hace esas cosas. Y, en algunos casos, esos labios hasta se nos antojan innecesarios. Son como una plaga que prolifera y que cuenta con varias protagonistas de belleza sobrehumana: Naomi Woods, Lana Rhoades, Adriana Chechik… La lista sigue.

Estamos disfrutando de una generación de porn stars en la que sobresale la belleza natural, y esto quizá sea tema para un futuro artículo. Es alucinante la cantidad de actrices dolorosamente guapas que pululan por el top de la familia triple X, chicas que en otra vida, o en un plano paralelo de realidad, podrían estar haciendo anuncios para L’Oreal o Chanel, pero que resulta que lo que les ocupa laboralmente es el fornicio sin mesura.

August Ames

 

Y, paradójicamente, ni en el cine ni la moda existe –al menos en la franja de edad que va de los 18 a los 23 años; otra cosa sería a partir de los 35, que entonces ya se empieza a llevar lo de estirarse la piel, quitarse bolsitas de grasa y aliviar la papada, al estilo Isabel Preysler– tanta cantidad de operaciones innecesarias.

Porque una cosa está clara: en la post-adolescencia, si una ha sido bendecida por la gracia de Afrodita, nacida de las olas, no hace falta chutarse mierdas en el organismo para resaltar las facciones. De una criatura bella y natural pasas a ser una criatura con leve tendencia a la deformidad, lo que nos aproxima al monstruo.

 

Cambio total

Hace unas semanas, notamos un cambio súbito en la imagen de varias actrices. Todas habían colgado, como suelen hacerlo, sus imágenes en Instagram, Twitter y las de Snapchat –que son de pago–, y donde antes había unas facciones naturales, de repente empezamos a ver unas facciones modificadas: labios más respingones y más rojos. Labios que creaban ese inquietante efecto de pico del Pato Donald, a lo Alicia Sánchez Camacho, y como era de esperar, comenzaron a salir los primeros comentarios en las redes, tanto a favor como en contra.

A favor porque al consumidor medio del porno le gusta que las actrices sean como los coches de carreras, y tengan un montón de adornos, pero también en contra porque la comunidad aficionada a los cuerpos naturales consideró innecesario que una chica de 20 años como Lana Rhoades, sin saberse muy bien por qué, hubiera decidido operarse los labios.

Ocurrió lo mismo con Naomi Woods. Algunas fotos de su nueva cara incluso creaban una sensación de alarma, porque parecía desfigurada: las facciones primaverales de antes pasaban a ser un infierno de pómulos angulosos y morros afilados. Luego, cuando la vimos en acción en una escena para Vixen, comprobamos que no había tanto cambio, pero sí el suficiente para certificar algo que no tiene vuelta atrás: el tránsito de la naturalidad virgen a la artificialidad evidente.

Naomi Woods

 

Desastres quirúrgicos

Para muchos de nosotros, esto es una bajona considerable. Son cientos los casos de estrellas del porno que han estropeado la magia con una simple intervención quirúrgica: a veces nos parecía, simplemente, que aquellas tetas estaban en su punto justo, al dente, y que no necesitaban realce ninguno, que aún era pronto para certificar que se hubieran caído, como a veces hacen Twitter o Whatsapp, y lo mismo podemos decir de los labios. Hay un público talibán del cuerpo natural que es capaz de dar la espalda a sus actrices favoritas sólo porque se han hecho un remix.

Así que, después de algunas decepciones considerables –Lana Rhoades ya no nos pone como antes, lo de Adriana Chechik es un poco raro también–, y dando como algo ya habitual que haya tuneo de morros –nos ocurrió hace ya tiempo con Lela Star, con Aletta Ocean, con Juelz Ventura, con Shyla Stylez, en una época en la que se llevaba el doblete, la operación simultáneo de labios y pechos–, damos por plenamente inaugurada la era en la que el cuerpo 100% natural, tendencia documentable en el porno de esta década, lo es ahora sólo al 90%, para que consten las operaciones en el rostro.

Ya nos fijamos por vicio, y vemos labios aumentados por todas partes: Tasha Reign, August Ames, Jayden Jaymes, Abella Danger (nos ha parecido que también), Romi Rain… Así que os damos oficialmente la bienvenida a la edad dorada del porno con caras de pato.

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