Historias del porno La prima pornodiva

La gran pionera del porno italiano fue una sueca, casada con un famoso periodista de la RAI, a la que no le importó practicar el sexo delante de las cámaras porque amaba la profesión de actriz.

Marina Frajese
PACO GISBERT | 07/02/2018 - 16:31

A pesar de haber estudiado violín en el conservatorio de su ciudad natal, Marina Hedman, trabajaba como azafata de una línea aérea cuando, en una fiesta en Estocolmo, conoció al reportero italiano Paolo Frajese, presentador durante años del ‘Telegiornale‘ de la RAI en su país y una de las personalidades más relevantes del periodismo transalpino.

Frajese, en viaje de trabajo en Suecia, era seis años mayor que Marina, quien había nacido en Gotemburgo en 1944, en una familia de clase media, pero entre ambos surgió algo más que una simple amistad. Acabaron casándose y, cuando Paolo regresó a Italia, volvió con su mujer de la mano, que había abandonado su trabajo en las alturas.

El regreso a Roma de Frajese, que empieza a presentar el programa estrella del fin de semana en la RAI, ‘Domenica Sportiva’, una especie de ‘Estudio Estadio’ con extraordinarias cifras de audiencia, deja mucho tiempo libre a Marina, quien decide aprovechar su belleza para trabajar como modelo después de dar a luz a sus dos hijos: Paolo Attilio y Liselotte.

No en vano, Marina es una sueca de manual: rubia, guapa y con una belleza exótica, muy del gusto de los países de la Europa meridional en los años 70. Sus trabajos como modelo llaman la atención de los cineastas italianos que la contratan para pequeños papeles en lo que sería su debut en el cine de su país de adopción.

 

Los años mágicos

Poco a poco, van apareciendo más papeles, más trabajos y más importantes, y los productores y directores se dan cuenta de que Marina no rechaza ningún curro. En 1976, por ejemplo, acepta un papel en ‘Emmanuelle en America’, de Joe D’Amato, en el que ha de filmar una escena de sexo explícito para el mercado internacional, y lo hace sin remilgos, como si tuviera que recitar un soneto de Petrarca.

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Dos años más tarde, cuando su marido se ha convertido en el periodista más famoso de Italia, tras ser testigo directo del secuestro de Aldo Moro por parte de las Brigate Rosse, Marina se divorcia de Paolo y se dispone a dar el paso más importante de su carrera.

Y lo hace por una razón que explicaría años después: “¿Cuántas mujeres se acuestan con un hombre para obtener provecho? Yo no, lo hago delante de todos. No pensaréis que los productores me piden que folle con ellos por un papel en el porno”.

 

La otra vida de Marina

El caso es que, tras 11 años de matrimonio, Marina Frajese, el nombre con el que actuó en algunas películas de comienzos de los 80, volvió a ser Marina Hedman, su nombre real, o Marina Lotar, el único seudónimo que utilizó en su carrera, después de un largo proceso de divorcio que acabó en 1985.

En 1979, Marina Hedman es la protagonista de ‘Imagen de un convento’, la versión hard que del filme erótico de Valerian Borowczyk ‘Interior de un convento’ hizo Joe D’Amato, en la que graba la primera escena de sexo explícito del cine italiano, en compañía de Enzo Fisichella. Marina fue, desde entonces, la pionera del triple X en Italia, la prima pornodiva.

Marina y Paolo Frajese

Sin embargo, la actriz sueca, como muchas otras divas del X italiano, no se limitó a participar en filmes de sexo explícito. Compaginó durante 12 años el cine porno con películas convencionales, en las que incluso trabajó con directores como Federico Fellini (‘La ciudad de las mujeres’) o Dino Risi (‘Primer amor’), pero fue en el cine con sexo explícito donde ejerció un magisterio ante sus compañeras de generación (Laura Levi, Guya Lauri Filzi) y las que vendrían después a conquistar el porno italiano (Cicciolina, Moana Pozzi).

Además, Hedman tiene en su currículum el curioso hito de haber estado en el reparto de la primera película de Rocco Siffredi y de la última de John Holmes.

Se retiró en 1991 de todo tipo de cine, con más de un centenar de películas en su filmografía, y rechazó todas las ofertas que le llegaron para hacer películas convencionales y series de televisión desde entonces.

Espléndida pionera del porno italiano, Marina fue una actriz vocacional que hacía su trabajo, fuera con sexo explícito o no, “porque me gusta ser actriz y se gana dinero con ello”. En la actualidad, vive en Roma con sus dos hijos, que volvieron a tener contacto con ella tras la muerte de su exmarido, en junio de 2000.

 

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