El sexo de Lucía La primera vez

La primera vez, opina Lucía, vale mucho la pena si te acuestas con alguien por quien sientas verdadero afecto. Aun así, mejor que aparquemos fantasías sin fundamento y no esperemos fuegos artificiales, porque la pérdida de la virginidad no es más que el necesario trámite que nos permite entrar a la dimensión del sexo.

La primera vez
Lucía | 11/01/2017 - 9:18

Hay mucha mitología sobre la primera vez. Te la venden como algo extraordinario. Como si fueses a ver la Vía Láctea o disfrutar una inolvidable sesión de fuegos artificiales multicolores desde la almohada. El primer encuentro sexual se idealiza y, lo cierto es que tampoco es para tanto.

Reconozco que no he hablado mucho con hombres sobre sus primeras veces, aunque imagino que la mayoría diría que les fue estupendamente, por esa costumbre tan masculina de comerse una y decir que fueron cinco. Sin embargo, sí lo he hablado con mujeres y creo poder afirmar que, así, en líneas generales, nuestras primeras veces tienden a ser un truño. Tal cual.

Incluso una estrella del porno me confesó en cierta ocasión que su pérdida de la virginidad fue un completo desastre. Y es lógico: ni tienes experiencia, ni conoces suficientemente tu cuerpo, y las expectativas son tan grandes que luego, claro, la cosa suele acabar en chasco. Ojo: con ello no quiero decir que no haya gente que tenga un primer encuentro sexual maravilloso, pero son los menos.

 

Yo, sin por más lejos

Os cuento cómo fue mi experiencia. El caso es que fue con un tipo mayor que yo. No sé por qué tienden a gustarme los hombres mayores. Y no, no creo que tenga nada que ver con una búsqueda inconsciente de una figura paterna. Dios me libre.

Mi primer amante era la viva imagen del perdedor. Tenía 25 años, un hijo y un divorcio a cuestas y, para colmo, era feo. No un poco feo, sino feísimo. Sin embargo, los años de ventaja que me llevaba y lo exótica que habían sido (para mí) sus experiencias en la vida fueron el mejor afrodisíaco. Además, regentaba un bar en la localidad en la que yo residía, esa localidad que me pesaba como una losa. Tenía buen gusto musical, era divertido, un buen conversador…

En fin, qué queréis, me enamoré. Y sí, hablo de AMOR, así, con mayúsculas, porque soy de las que creen (pese a lo que os voy a contar a continuación) que, cuando te inicias en el sexo a un edad muy tierna, es mucho mejor que lo hagas de alguien de quien estés enamorada, no con el primer hombre en celo que encuentres en Tinder. Es el amor lo que hace que valga la pena. Aunque sea un amor nefasto, como aquél.

Bueno, pues allí estábamos nosotros. Era verano, que es la época del año en la que más se folla, será porque al llevar menos ropa da la mitad de pereza quitársela. Mis padres no estaban en casa, así que aproveché la ocasión y me lo llevé a mi habitación: era mi territorio, y las cosas serían más fáciles, pensaba yo.

Juro que no recuerdo a día de hoy los preliminares, si los hubo. Qué queréis, una folla tan poco que me cuesta recordar el último polvo, imagínate el primero. Lo que sí recuerdo es que no me corrí, en absoluto: de hecho pensaba que si aquello era el sexo, eso por lo que toda la gente perdía la chaveta, yo debía ser una rara avis porque no me gustaba.

La primera vez

 

Reflexiones post (primer) coito

No es que no me gustase, es que no era para tanto, pensé al concluir o quizás lo pensase incluso durante el acto. Al concluir él, que él si concluyó como mandan los santos cánones, se permitió la licencia de hacerme un comentario machista: “Tú no eras virgen, porque no has sangrado”. Un loser como él no podía por menos que terminar la faena con semejante frase: ya veis, él harto de follar y me pedía a mí la prueba del pañuelo. El muy infame desconocía que el himen puede romperse hasta por hacer deporte, sin ir más lejos.

En fin, que yo aquel verano perdí mi virginidad y también, mi curiosidad momentánea por el sexo, que me pareció algo vacío. Y no por no haber tenido un orgasmo, que también, sino porque no le vi el interés a la materia: tantas líneas escritas sobre el tema, tantas canciones dedicadas a la carne, tanto misterio.. total, para un misionero mal hecho. Tuvieron que pasar unos cuantos meses y dar con otra persona más adecuada, quizás, para poder disfrutar de mi cuerpo, del suyo y del éxtasis.

Así que por favor, no idealicemos la primera vez y transmitamos a los más jóvenes que suele ser la puerta, el trámite, hacia algo más bello, más elaborado: el irse conociendo poco a poco y el ir probando. Y los fuegos artificiales dejémoslos para las fiestas de los pueblos.

La primera vez

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