Vicio y subcultura Lana Rhoades: cuando una estrella es carnaza

A Blánquez le ha dado por indagar en la cara oculta del porno. Esos sótanos mal ventilados en que jóvenes estrellas como Lana Rhoades sufren experiencias traumáticas que las empujan a dejar el negocio mucho antes de desarrollar en él todo su potencial.

Lana Rhoades
Javier Blánquez | 17/10/2016 - 19:28

No todos los tópicos que circulan sobre el porno son ciertos.

Por ejemplo, uno de los más firmemente arraigados es el que sostiene que el porno en su conjunto, salvo el que está expresamente realizado por y para mujeres, es profundamente machista e implica una humillación hacia la mujer. Esta es una manera de uniformar un sector de actividad al completo que se rige por unas mecánicas que no siempre coinciden: no es lo mismo una escena rodada por Mike Adriano, el violento reventador de culos, o una entrega de lo más hardcore de productoras como Evil Angel o LegalPorno, que una mezcla entre hardcore y elegancia en HardX o Vixen. No es lo mismo que dirija una escena Mason que lo hagan Max Hardcore o Nacho Vidal, y esa distancia que existe entre diferentes formas de trabajo también se percibe en el trato que reciben las estrellas femeninas.

Hay momentos en los que la mirada pornográfica busca deliberadamente ese punto de humillación -y es entonces cuando tenemos escupitajos, tirones de pelos, un dominio masculino total que busca tomar posesión de todos los agujeros de la hembra, esos excesos díficiles de entender a menos que usemos la parte reptil del cerebro-, pero en cierto porno comercial y altamente popular, las chicas tienen el completo control de la situación, tanto fuera de las cámaras como cuando el director ordena que comience la acción.

Queremos decir que no todo es blanco o negro, que hay un porno moralmente repugnante -sería absurdo negarlo-, pero que también hay un porno exquisito en el que las mujeres mandan, se sienten cómodas, respetadas, disfrutan y ganan dinero. Y que, por cierto, no es producto exclusivo para el voyeurismo masculino.

 

¿La mala vida?

Si nos damos un paseo por la vida privada -pero abierta al público en las redes sociales- de algunas de las porn stars más solicitadas del momento, lo que nos muestran es un estado de felicidad y disfrute de sus días que, aunque sabemos que no será para siempre -la vida laboral de una actriz porno es más corta que la de un futbolista, como ya hemos dicho alguna vez por aquí-, cuando menos no transmite esa imagen de opresión y humillación que sistemáticamente, desde diferentes medios de comunicación, plataformas sociales y entidades políticas, nos quieren hacer creer que es la norma.

Se las ve encantadas con sus pequeños lujos, satisfechas con todo el sexo que obtienen, algunas incluso ahorrando desde una hora temprana para emprender más adelante proyectos personales, interactuando con fans –también muchas chicas– y, en definitiva, dando a entender que no se arrepienten de nada. Ningún conflicto ético les nubla la mente.

Pero esto que decimos ahora lo podemos rebatir con lo que apuntábamos un poco más arriba, y es que incluso en esta proyección de glamour y éxito tampoco hay nada blanco o negro, y que bajo la aparente satisfacción en la vida y en el trabajo, e incluso durante un rodaje que una vez montado y comercializado resulta electrizante, se puede esconder una historia de dolor y humillación mucho más silenciada y subterránea.

Lana Rhoades

 

Y aquí es donde nos encontramos con el caso de Lana Rhoades, una joven aspirante a estrella del porno -que tenía potencial para llegar a lo más alto, y muy rápido- que decidió abandonar el negocio a los cuatro meses de comenzar. En abril de este año, Lana Rhoades –una teenager de 19 años que, como la mayoría de chicas jóvenes, había llegado a California proveniente de una pequeña ciudad de provincias al acabar los estudios de secundaria para sacarle un rendimiento económico a su fogoso deseo sexual- sólo había rodado dos escenas, pero a lo largo de todo el verano empezaron a llegar sus primeras participaciones en series como Blacked, la productora de porno interracial de Greg Lansky, o en HardX, causando una pequeña conmoción.

 

Nacía una estrella

No era para menos: Lana Rhoades es menuda y curvilínea, proporcionada y bella, luce ojos azules y melenaza negra, atributos que en el porno norteamericano cotizan muy alto. En un momento en el que se premian los cuerpos naturales, sin trampa, y cuanto más rotundos mejor, Lana Rhoades tenía la materia prima ideal para entrar en el negocio como si fuera un huracán.

Digamos que la simple impresión primera de su cuerpo desnudo, cabalgando rotundas lanzas de carne negra, era de quitar el hipo. Para muchos gourmets del porno, ella era simplemente el futuro, la combinación más exquisita en mucho tiempo entre belleza natural y esa falta absoluta de tabúes que tanto se agradece cuando se practica sexo delante de una cámara. Estaba preparada para seguir los pasos de Dani Daniels o Valentina Nappi, otras bellezas ligeramente curvys que habían disfrutado, y aún disfrutan, de lugares de privilegio en la industria.

Pero en agosto, Lana Rhoades anunció que lo dejaba todo por completo. Ya no habría más porno: había firmado a la primera con la agencia de Mark Spiegler, que es algo así como ser un jugador alevín de un equipo de provincias y pasar directamente al primer equipo del Barça, y parecía que se iba a comer el mundo. Sin embargo, esta historia de éxito, de llegar y besar el santo -con lengua-, escondía en la trastienda un hecho sórdido. Durante semanas, Lana Rhoades estuvo anunciando en Twitter que se retiraba, pero sin retirarse de verdad. Todo parecía una broma de principiante pizpireta, hasta que llegó un texto publicado en el foro de AdultDVDTalk que decía así:

“Al principio no tenía claro que lo quisiera dejar. Pero, simplemente, me he dado cuenta por fin de lo triste y deprimida que estaba. Volvía a casa y lloraba cada día, estaba enferma cada semana, he tenido tricomoniasis, hongos y vaginosis bacteriana, me he tenido que tratar hasta tres veces desde que lo he dejado y por fin parece que me estoy curando. Esto no es bueno para mí, y ni siquiera el dinero y la fama lo pueden compensar. Me ha hecho mucho daño, en mi corazón, en mi alma y en mi cuerpo. No quiero hacerlo más. Ser una estrella del porno significaba elegir el dinero y la fama por encima de cualquier otra cosa, pero lo siento: estas cosas no te hacen feliz, sólo te crean la ansiedad por conseguir más. Quiero una vida real. Levantarme día tras día para que me lleven en coche hasta un set de rodaje para follar con un desconocido no es vida. Ya no lo puedo hacer más… No quiero el dinero, no quiero nada de nadie, sólo quiero ser feliz. Lana era una chica triste y deprimida que sonreía cuando se encendían las cámaras. Se acabó”.

Lana Rhoades

 

La difícil vida fácil

Por lo que se desprende de esta confesión, incluso estando enferma, Mark Spiegler exigía a su estrella que acudiera cada día al set de rodaje de turno para culminar una escena. No importaba que su chica estuviera bajo tratamiento por una enfermedad venérea, o que se hubiera terminado de curar y tuviera el ánimo por los suelos: para Spiegler, las actrices porno son piezas más en una cadena de montaje -escena, escena, show en directo, club de striptease, firma de DVDs, escena, escena, etc.- que tiene como fin ordeñar hasta la última gota de dinero. Los contratos se respetan, pero las personas se humillan.

Cuando saltó esta polémica, ninguna de las otras chicas Spiegler –Casey Calvert, Annika Albrite, Riley Reid, por citar algunas que aún están en activo- defendió a Lana Rhoades, como si su confesión fuera una mentira, o una descripción de hechos exagerados. La idea que se transmite desde dentro del clan Spiegler es que nadie como este agente sucio y granujiento, el mejor amigo de Asa Akira, se toma la molestia de estar por encima de sus actrices como si fueran el tesoro más preciado del universo: las cuida, las mima. Pero no hay que creerse nunca el lado más bello de cada historia: en el otro lado, seguramente, haya también una historia de explotación, de humillación. Aquí tenemos el caso más claro posible.

Así que Lana Rhoades lo dejó. No es el único caso reciente de estrella joven con potencial que sale huyendo del mundillo: no hace mucho, la neoyorquina de origen chino Alina Li, que incluso fue señalada por Asa Akira como la próxima grande del porno asiático, desapareció durante meses después de rodar una escena humillante con Max Hardcore, un trabajo que tuvo que hacer por dinero y que se saldó con todo tipo de agresiones, maltratos e incluso una violación de los límites planteados antes de rodar.

Tan grande fue el trauma que Alina se fue llorando a su casa y se prometió que nunca más. Volvió al poco tiempo, seguramente por necesidad urgente, pero su carrera ya no remontó. Incluso para rodar algo tan mecánico como el porno, necesitas paz de espíritu, y el suyo ya estaba mancillado por una experiencia traumática.

Lana Rhoades 8

 

Nuevo amanecer

Desde su abandono, Lana Rhoades parece feliz. Se dedica a promocionar las escenas que están saliendo estas últimas semanas -sólo trabajó cuatro meses, y durante ese tiempo se publicaron algo menos de diez escenas, pero hay muchas que tienen que salir a lo largo del próximo año-, ha encontrado trabajo como bailarina en night clubs, se dedica a la foto erótica -ha posado para ‘Penthouse’– y juguetea con la idea de volver al porno, pero con otro manager y sólo para hacer escenas lésbicas. En uno de sus entrañables tuits, siempre llenos de faltas de ortografía que hacen daño a la vista incluso en inglés, le decía a sus fans que no se preocuparan por ella, que estaba bien, más feliz que nunca.

¿Puede ser el porno un infierno? En algunos casos lo ha sido, y lo seguirá siendo. No es necesario recurrir a historias de adicciones y locura: nos basta con la simple insensibilidad ante el dolor de una criatura joven y frágil.

También habrá quien encuentre en el porno su medio de vida, una aspiración culminada, dinero, fama y felicidad: no todos los casos son iguales, y nos encanta que haya chicas encantadas de trabajar en esto. Pero de igual manera que se rebate la idea de que todo el porno es humillante con las experiencias de Keisha Grey, que parece que no pueda tener una vida mejor, también tenemos que tener en cuenta los casos de Lana Rhoades, Alina Li y -ya poniéndonos cañís- muchas de las chicas de Torbe para no olvidar nunca que una cosa es la que vemos en la pantalla del ordenador, y otra muy distinta lo que puede ocurrir antes y después de que éstas se enciendan.

Esta mierda existe, y no la queremos en el porno.

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12 Responses to Lana Rhoades: cuando una estrella es carnaza

  1. Ironic Mode ON dice:

    Como decía la coplilla: “Manolete, Manolete: si no sabes torear, ¿pa’qué te metes?

  2. Somos muchos los que esperamos que esta diosa vuelva al porno, su posado para Penthouse fue espectacular. Saludos y felicidades muy buen articulo.

  3. ANGEL dice:

    Felicitaciones por haber tomado la mejor decision una criatura asi de hermosa solo merece verdaderas atenciones

  4. atenea dice:

    Es una mujer preciosa que ojazos que cara, y que cuerpazo es una belleza

  5. Ikaro dice:

    Excelente!, Lana me encanta, esta nota es bastante buena, felicitaciones!

  6. JUAN EDUARDO dice:

    ES TODO UNA BELLEZA DE MUJER

  7. brin dice:

    que buena pagina en serio que les doy un diez de calificacion. exelente los felicito. brin

  8. ERNESTO dice:

    SIMPLEMENTE BELLA

  9. bacilio mosqueira salinas dice:

    las chicas estan hermosas quisiera verlas mas trasero..

  10. ALEJANDRO dice:

    TAN LINDA LE QUEDA MUY BIÈN

  11. DeAnfran dice:

    La belleza hecha mujer!

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