Vicio y subcultura Lana Rhoades, eres un monstruo

Blánquez se atreve con una tesis polémica: el uso y abuso de la cirugía ha acabado por arruinar definitivamente el encanto de la que fue una de nuestras grandes musas tóxicas, Lana Rhoades.

Lana Rhoades
Javier Blánquez | 26/03/2018 - 13:01

Si usted es fan del dúo cómico Martes y Trece no hará falta que le expliquemos quién es Paca Carmona.

Si usted, en cambio, nunca ha oído hablar de Paca Carmona, aquí van las explicaciones oportunas, en modo telegráfico: había un gag de Josema y Millán (Martes y Trece) en el que Josema, caracterizado como el crítico y divulgador del folclore español Lauren Postigo, entrevistaba a Millán, que iba travestido de una vieja tonadillera, al estilo Concha Piquer o Estrellita Castro, que se llamaba Paca Carmona.

En un momento de la conversación, Lauren le dice a Paca: “Porque Paca, tú… ¡tú eres un monstruo!”. Paca se lo toma como un elogio, pone ojitos, agudiza el gesto de la boca, pero le cambia el rostro cuando Lauren remata con una coletilla que ha pasado a los anales [decimos anales porque aquí nos dejan] del humor español: “¡Un monstruo de fea, so cabrona!”. Y muchas risas de la gente. Hasta aquí el contexto, todo para justificar un titular.

Lana Rhoades es un monstruo del porno. Recordamos como si fuera ayer cuando empezó: era como la mismísima llegada de la primavera, un milagro de la naturaleza que competía en belleza y armonía con la mismísima Afrodita, diosa griega del amor.

Lana Rhoades

 

La irrupción de Lana Rhoades en el porno fue un acontecimiento sobrenatural: en plena edad dorada del porno gonzo duro con chicas extraordinariamente guapas, Lana no era solo bella y proporcionada, sino que su perfección era una representación humana de las descripciones más exaltadas que, de las mujeres más arrebatadoras de la ficción, habíamos leído en las novelas y la poesía.

A su lado, Helena de Troya era un orco y Beatriz, la enamorada de Dante, una adolescente normal, Con una cabellera negra electrizante, un rostro con la agudeza necesaria para enamorar y cautivar, con un rojo natural de labios, unos pechos perfectos y las redondeces más exactas que jamás haya dado la geometría euclidiana, su cuerpo era de tal exactitud en su respuesta a la regla de oro (la proporción áurea) que la primera vez que la vimos pensamos que era una simulación por ordenador.

Hizo unas cuantas escenas, además follaba como si Venus hubiera descendido a la Tierra para volver locos a los hombres -o como si fuéramos Tannhäuser, atraídos a la guarida de la diosa-, y cuando hizo el amago de retirarse -al parecer, decepcionada con algunos tratos vejatorios y el exceso de trabajo al que le obligaba el porno moderno- aquí la lloramos como Boabdil cuando perdió Granada, o como Cristiano Ronaldo cuando no ganó el Balón de Oro.

 

Algo que celebrar

Más tarde, cuando Lana Rhoades regresó al porno como agente libre y convencida por el único productor con panoja suficiente como para resucitar a los muertos y conseguir lo imposible -para que sea definitivamente dios, Greg Lansky solo debe conseguir que regrese Leah Gotti y que Dani Daniels se atreva por fin con el sexo anal-, aquí montamos una fiesta de esas que solo se ven en las películas de Kubrick, una orgía de serpentinas, confeti y música a todo volumen.

Había vuelto la diosa griega, el cuerpo más exacto jamás diseñado para el placer, y además volvía con todo: dispuesta a abrir su puerta trasera a sementales como Markus Dupree, que exploró aquellas cavidades con la misma intención artística con la que Werner Herzog hace películas sobre espeleología, y a profundizar en su ambición de ser la reina del hardcore.

Lana Rhoades

El último año de Lana Rhoades en el porno ha sido sublime, y sólo le ha faltado un poco de atrevimiento extra para competir con garantías por ser la female performer of the year en los premios AVN. Ha hecho dobles penetraciones, gang bangs, se ha juntado con más negros que Jay-Z en su oficina de Roc-a-Fella, y se ha confirmado como la gran promesa exclusiva que un buen día apareció en el mundillo y que puso a todas sus rivales celosas.

 

¿La decadencia?

Pero empezamos a tener problemas con Lana. Lana era, por decirlo suavemente y sin ánimo de ofender, una pedazo de loca del coño que tenía ataques de celos, arañaba a sus compañeras si no ganaba premios o no obtenía el contrato deseado, y de ser amiga íntima de Keisha Grey, Kendra Sunderland, Adriana Chechik y otras starlettes jamonas de nuestro tiempo a las que les gustaba muchísimo saborear la textura a fresa de su pubis, pasó a ser una especie de estrella conflictiva a la que poco a poco se le acababan los apoyos dentro de la industria, y que si seguía trabajando a destajo era, sobre todo, porque aunque su cutis parecía un poco más descuidado -hay quien sospecha que sus jueguecitos con las drogas no han sido casuales-, seguía teniendo esa planta de diosa babilonia de la fecundidad, con unas caderas y un tren inferior de escándalo.

Pero sospechábamos que algo no iba bien con Lana. Lana no sólo parecía estar a veces bajo los efectos de los ansiolíticos y multiplicaba sus ataques de cuernos, sino que empezó a sentirse insegura con su imagen y lo primero que hizo fue operarse los labios. Aquello lo pudimos perdonar porque el destrozo no se notaba demasiado y no era la única: en el último año hemos visto tantos labios operados en el porno que incluso las viejas fotos de Esther Cañadas nos parecen normales. Pero luego desapareció durante unas semanas y nos dio la noticia vía Instagram: se había operado los pechos.

Seamos justos: los pechos de Lana Rhoades eran perfectos, así que cualquier modificación en tan turgente parte, irremediablemente, haría que fueran a peor. Y, efectivamente, de aquella curvatura armoniosa de antes, ni grandes ni pequeños, en la proporción justa, ella pasó a tener dos melones hinchados que se nota a la legua que son más falsos que un duro de madera.

Por supuesto, no rebotaban igual, y además no encajaban armónicamente con el resto de su cuerpo serrano, que tenía un arqueamiento importante, pero perfectamente compensado. Con esos melones de silicona, Lana ya no era una mujer proporcionada, así que tuvo que hacer algo más, y se puso culo.

 

La consumación del desastre

En la nueva escena suya que acabamos de ver, una nueva aportación a la serie Blacked de Greg Lansky, hemos podido ver a la nueva Lana Rhoades, y el destrozo es importante.

Porque si antes los labios se notaban pero no mucho, ahora resaltan más porque las tetas son como dos balones FIFA para el mundial de Rusia y además se ha ampliado el perímetro del trasero, hay quien dice que poniéndose implantes y hay quien asegura que sólo se ha hecho una transferencia de grasa al glúteo, en plan Kim Kardashian.

Nos da igual qué se haya hecho exactamente: lo importante es que Lana Rhoades, la mujer afrodisíaca de hace dos años, ahora parece que haya salido del fondo del Lago Ness y es una cosa esférica, hinchada, una especie de muñeca chochona con los pómulos prominentes, el trasero que parece el maletero de un Volkswagen Escarabajo, las tetas como sandías y todo el cuerpo voluminoso. Además, se ha puesto un tatuaje en la pantorrilla, unas frases en árabe. Tatuarse la pantorrilla, como ya le hemos visto a Uma Jolie y otras actrices porno actuales, está de moda, y queda fatal.

Qué quieren que les diga: esto no es normal.

 

Toxicidad extrema

Podríamos desarrollar una tesis compleja sobre cómo los altibajos emocionales de ciertas personas, que se activan de manera peligrosa si además se producen en un entorno tan intoxicado como el del porno contemporáneo, se traducen en un odio o inseguridad hacia el propio cuerpo, y cómo muchas actrices, incapaces de comprender cómo de valiosa es su belleza natural, deciden atentar contra la naturaleza y contra sí mismas destrozando lo que antes era inmejorable.

Lana Rhoades

 

Podemos decir lo mismo de las nuevas tetas de Eva Lovia -no están mal, pero las de antes eran estupendas, no necesitaban ningún apaño o parche- y de tantas otras a lo largo de las décadas. También puede ser que Lana Rhoades haya comprendido lo que quiere su público -que posiblemente sea, mayoritariamente, de fans de los cuerpos tuneados– y haya hecho un sacrificio personal en nombre del arte.

Pero recordemos una cosa: la actriz más buscada y popular del momento, Riley Reid, no tiene ni un gramo de cirugía o botox en su cuerpo, y ella ha asegurado que antes se retirará del porno si tiene que pasar por el quirófano. En su cuenta de Twitter, otra de las estrellas 100% naturales del momento, Natalia Starr, le preguntó a sus fans si creían que debía operarse: la gran mayoría dijo que no.

Lana Rhoades ya no es la que era. Ahora es una mujer plastificada y esférica que no se parece prácticamente en nada a la belleza que fue. Ha sido una de las siete maravillas del porno reciente, un auténtico monstruo por el escándalo de sus formas y las buenas prestaciones de su sexo. Pero ahora, como Paca Carmona, también es un monstruo de fea. Lo sentimos, Lana, pero lo nuestro se acabó. Next.

Eso sí, nos resistíamos a olvidarnos de ella sin dedicar un último homenaje, en forma de galería, a la belleza que fue y hoy se ha perdido. Aquí lo tienes.

 

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