Vicio y subcultura Las chicas del porno fuman marihuana

Será que el sexo apetece más tras una buena dosis de jamaicana o que son las fumetas de instituto las que se acaban convirtiendo en actrices porno, pero lo cierto es que existe una conexión indiscutible entre cine X y marihuana. Blánquez indaga en tan extraño y sugerente fenómeno.

Sexo stoner
Javier Blánquez | 17/07/2017 - 12:01

Keisha Grey tiene tres tatuajes en los dedos de una de sus manos: una clave de fa, porque resulta que sabe solfeo y toca muy bien el violonchelo, el logo del grupo rap Wu-Tang Clan, porque le encanta el hip hop, y también una hoja de marihuana.

Cuando en tu vida decides que te vas a tatuar el símbolo universal de la grifa está claro que tienes una obsesión muy fuerte con fumar canutos, y Keisha Grey nunca se ha escondido: en su cuenta de Twitter, y en sus imágenes de Instagram, que es ahí donde las estrellas del porno nos enseñan lo poco que les interesa de su vida privada –su interior anatómico nos lo enseñan cada semana, sobre todo si les toca rodar una escena anal y el prolapso se pasa de frenada–, ella ha aparecido más de una vez fumando, soltando espesas nubes de humo, diciéndonos muy claramente que, si por ella fuera, se pasaría el día entero en pelotas, fumando hierba y follando con su novio moreno.

Su caso no es el único: a lo largo de los últimos años, y a medida que las chicas que hacen fortuna en el porno han decidido mostrarnos algunas intimidades de su vida privada, una de las constantes que se repetían en los estados de las redes sociales era que estaban fumando hierba, con comentarios del tipo “after sex weed”, o sin venir a cuento, simplemente convirtiéndose en chimeneas pixeladas. Con lo cual, nosotros, que somos muy científicos, hemos extrapolado los datos para sacar una conclusión irrebatible: la marihuana triunfa en el porno.

Keisha Grey

 

La secta del porro

Podríamos buscar más ejemplos contundentes. Uno sería el de Jada Stevens, una actriz que a sus 29 años ya es toda una veterana –pronto tendrá que tomar la decisión de retirarse o empezar a explorar el mercado MILF–, y que es quien ha promovido el uso recreativo de la marihuana con más ahínco en el porno.

No sólo era que se fotografiara fumando al estilo de las estrellas del rap –con unos petardos gordísimos envueltos en papel marrón, como si fueran cigarros puros de Cuba, y no canutos cutres con papel de liar más fino que la piel de un tuitero–, sino que a veces se le había visto llevando ropa, como calcetines o bikinis, con la imagen de la hoja de maría, que por si fuera poco lleva tatuada en uno de sus tobillos.

Cuando no están delante de las cámaras, las estrellas del porno suelen dejar pasar las horas mientras toman bocanadas de aire amorradas a una pipa, o tiradas en el sofá con un cigarro de la risa en la mano. Es algo común, tan extendido que resulta extraño reparar que no sea un tema estudiado a fondo por los académicos del gremio.

Si extendiéramos la lista, podríamos llenar todo el espacio que nos queda por delante hasta el final de la lista. Remy LaCroix, cuando era una actriz en activo, también fumaba. Madison Ivy es posiblemente la gran fumeta de toda esta historia: cuando estaba bien parecía una cocina de carbón, chorreaba más humo por la boca que flujo por el tesoro, y cuando obtuvo el permiso para comprar marihuana con usos medicinales, tras sufrir un accidente de coche y por prescripción médica, ya nadie la pudo parar.

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De hecho, al menos en California, donde se votó para que la marihuana estuviera regulada por ley, ya nadie va a poder dejar a un lado el hábito, y va a oler a monte desde San Diego a Sacramento. Más ejemplos de ayer y de hoy: Belladonna fumaba, Scarlet Flame también, London Keyes y Jayden James fuman más hierba que comen ensalada de lechuga, Malena Morgan y Jenna Haze también estuvieron ahí. Nadie se ha escondido. Aparentemente, es cool publicar una imagen en Instagram, donde hay una abundante comunidad grifota, en la que se te vea haciendo anillos de humo, como cuando Gandalf conversa con Frodo durante su última noche en la Comarca, antes de partir a Mordor.

 

Un vicio con fundamento

Hay dos razones principales que explican la popularidad de la marihuana en el porno mundial –no lo podemos reducir al americano, porque es algo extendido, tan extendido como la propia marihuana–, y una sería una cuestión de vicio, y la otra una cuestión de subcultura.

El vicio no merece mayor explicación: las chicas fuman por la misma razón por la que follan o ven series en Netflix, porque les da placer, les abstrae y les libera de la onerosa carga de la realidad, que es un coñazo, con su pago de impuestos, sus llamadas al fontanero para que te arregle una fuga de agua, o los viajes semanales al supermercado a comprar agua, fruta y whisky.

Las drogas recreativas, sean legales, semilegales o más duras que la cara de algunos diputados, siempre estarán ahí. Seguramente la cocaína sea también muy popular en el porno –no tenemos datos estadísticos, ni fotos en Instagram de leyendas del sexo metiéndose un par de lonchas con sombra–, pero no es algo que se pueda decir a las claras sin miedo a represalias o reacciones negativas. Pero si afirmas que fumas porros, no sólo no habrá ningún problema, sino que la gente te dará likes, corazoncitos y te dejará comentarios de solidaridad en plan “yo también fumo, jo tía, cómo molas”. Es un vicio “inherente”, como decía el título de la novela de Thomas Pynchon.

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El tema subcultural tiene más que ver con los efectos reales de la marihuana. Y es que funciona muy bien antes del sexo por diferentes motivos. La primera es que te desinhibe. Al fumar marihuana, todo se vuelve más abstracto, la realidad a tu alrededor se estructura de una manera menos caótica, no todo parece tan complicado como a simple vista, y si una chica ha tenido algún tipo de reticencia, o algún miedo a ponerse delante de la cámara para follar –y este es un problema que no sólo podría afectar a las novatas, pues a veces una actriz veterana tiene que enfrentarse a retos como su primera doble penetración, o una polla del tamaño de un obelisco, o participar en una orgía–, la marihuana hacer ver que todo es mucho más fácil y te libera de los grilletes de la mala conciencia.

La segunda razón es que la marihuana aumenta la libido, y eso hace que el encuentro sexual sea más fogoso, y por tanto se gane en realismo. No debemos olvidar que el porno no es sexo real, sino una actuación, una obra de teatro. Eso no significa que no pueda haber química y lo que en principio iba a ser un polvo ritual se convierta en un polvazo en el que ella se corre tres veces y él se entrega como si fuera a preñarle de mellizos, pero lo normal es que el porno sea un trabajo, y no siempre tienes ganas de trabajar.

La marihuana hace que todo sea más real, más natural, sin tantos miedos. Para los actores, además, tiene un efecto positivo: como te adormece un poco el cuerpo, tardas más en tener la eyaculación que, en caso de ser prematura, arruinaría la escena y, de paso, tu carrera.

 

Cuestión de imagen

Durante años, la imagen de la femme fatale estaba muy relacionada con la mujer fuerte que se cascaba unos puros enormes, al estilo Sara Montiel, o que le echaba el humo en la cara al varón coñazo.

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Fumar, antes de que Zapatero nos prohibiera hacerlo en los bares, era una manera de expresar el lado salvaje, la rebeldía, la insatisfacción con el sistema. Los porros, por tanto, eran una manera sencilla de ir aún más lejos. Cuando queremos redoblar el placer, o el aislamiento mientras hacemos otras cosas que nos activan la serotonina y nos vinculan a los movimientos de izquierdas –jugar a videojuegos, ver ‘Juego de Tronos’, echar un casquete, ver partidos del Atlético de Madrid–, normalmente acompañamos la experiencia con la cachimba, o nos montamos unos porros con forma de ele que no caben en la boca.

Los rituales del hip hop han sido muy influyentes, y las chicas jóvenes del porno han crecido con todos esos referentes: el rap y el dolce far niente, con un factor añadido; si has decidido que para ganar la vida te vas a meter penes a pares, y de todos los colores, para que te vean millones de extraños, ¿de qué manera podría intimidarte que te vieran en una cuenta de Instagram fumando hierba?

La marihuana ha llegado al porno para quedarse, y en el futuro no estaremos escribiendo artículos sobre la relación entre unas caladas de monte y el sexo ante extraños, sino sobre aquella estrella porno del futuro que –oh, ¿cómo puede ser?– no ha fumado en su vida y practica una especie de sexo homeopático. Porque ese día llegará, y esa chica será una oveja negra en un mundo de fumetas en serie.

 

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