Vicio y subcultura Las chicas del porno son más guapas que nunca

De Naomi Woods a Ariana Marie pasando por Elena Koshka o Eva Lovia, una nueva generación de actrices cada vez más guapas ha irrumpido en el porno yanqui hasta hacer evidente que estamos viviendo la edad de oro de la belleza triple X.

Dani Daniels
Javier Blánquez | 03/08/2017 - 18:33

Quienes hemos estado viendo porno con una cierta perspectiva histórica –es decir, picoteando en los orígenes, entrando en faena a principios de los 80 durante la edad dorada de los videoclubes y amasando conocimientos durante nuestra adolescencia en los 90, un momento crucial de evolución del género en el que se pasó de las producciones con gran presupuesto al comienzo del gonzo, que hizo que todo cambiara de la noche a la mañana–, podemos dar fe de una realidad que no se suele comentar mucho, pero que es tan cierta como que Rafa Nadal se ha injertado pelo para no parecer calvo: en el porno, las mujeres son cada vez más guapas.

No únicamente guapas de cara, sino con una armonía en las proporciones y una naturalidad de su anatomía que hasta no hace mucho estaban reservadas a negocios como el del cine, la moda o la publicidad.

No queremos decir con esto que no haya habido especímenes femeninos absolutamente deslumbrantes en la historia del género X, porque, ¡pardiez!, suficiente pleitesía le rendimos en su momento a estrellas de diferentes etapas como Nikki Dial, Chasey Lain –antes de que se enganchara al crack y se convirtiera en la versión redneck de Whitney Houston– o Naomi Russell, por no hablar de dos bestias sexuales de los dosmiles, Angel Dark y Sylvia Saint, que de haber podido las hubiéramos invitado a tomar un té con magdalenas, por si acaso se enamoraban de nosotros.

Angel Dark

 

La edad de oro de la belleza triple X

Que quede claro: siempre ha habido belleza en el porno, no puede ser de otra forma porque sin belleza no hay excitación, y de eso se han preocupado sobradamente productoras como Vivid o Private, que en su momento hicieron un buen trabajo de casting para seleccionar a las chicas más juveniles que decidían ingresar en la industria, y les aconsejaban depilarse bien sin dejar matojo en los labios, maquillarse para realzar sus mejores rasgos e incluso ir al gimnasio, para endurecer el culo.

Pero de un tiempo a esta parte, la antigua proporción –pocas chicas guapas, y muchas mujeres de proporciones rotundas, con pechos enormes, y plagadas de operaciones en otras partes– se ha ido corrigiendo en beneficio de un concepto de la belleza que, más que propio de Rubens, lo sería de Botticelli.

Seguramente, esto se deba a dos factores: la primera, el boom del subgénero teen, que ha impulsado a entrar en la industria a chicas con 18 años recién cumplidos, y que lo más que traen tuneado de fuera es algún tatuaje, y también el cambio de mentalidad de las jóvenes generaciones, que ya no ven el sexo como un tabú horrible, sino como un placer desprejuiciado con el que puedes ganarte la vida.

Sasha Grey

Antes, cuando entrabas en el porno, lo hacías por una ninfomanía incurable, por necesidad de dinero urgente a cambio de soportar el estigma social de haber trabajado en este campo, o porque tenías voluntad kamikaze.

Entrar en el porno significaba que ya no podías salir, porque tus registros quedaban grabados para la sociedad. De esto hablaba hace poco Lisa Ann en el documental ‘After Porn Ends 2’, cuando decía que una vez das el paso, ya no habrá manera de borrar tu pasado.

 

Relevo generacional

Como ahora es distinto, da igual si tu pasado sigue ahí: eso da prestigio. De hecho, hay jóvenes estrellas de hoy que entran en el porno premeditadamente para que se les reconozca –es el caso ya conocido de Sasha Grey, que entró en el porno para hacerse famosoa, o el de Kendra Sunderland, que después de sacarse las tetas en una biblioteca y detectar que el morbo a su alrededor se disparaba, decidió que iba a sacar tajada–, y durante una época la mejor manera de ganar notoriedad no era presentarse a ‘Gran Hermano’, sino colgar en la red una sex-tape.

El sexo ya no se ve como algo sucio, el porno ya no se ve como un género proscrito, y como hay más demanda y más espacio, quien quiera es bienvenida a participar. Cada vez hay más chicas jóvenes que quieren probar fortuna, chicas guapísimas la mayoría. Y ya sabemos que las cámaras aman la belleza.

Hoy, los directores de cásting se deben volver locos para elegir con quién se quieren quedar para desarrollar una carrera y probar fortuna. Y como sólo pasan y se mantienen las mejores, resulta que las estrellas del porno de los últimos años son, salvo escasas excepciones, tan guapas que en vez de montarse sobre dos penes negros a la vez podrían estar presentando bragas de Victoria’s Secret en una pasarela de Milán. Pensamos en chicas como Ariana Marie, Dani Daniels o la retirada Leah Gotti, todas con sus rasgos finos, sus formas delicadas, sus cuidados cosméticos, sus proporciones en la media, sin exageraciones ni retoques quirúrgicos.

Leah Gotti

 

La vieja guardia sigue en pie

Por supuesto, sigue habiendo mujeres como las de antes –con silicona para alicatar dos cuartos de baño, o fieras sexuales que, sin estar cerca de la perfección según los parámetros de la proporción áurea, al menos son capaces de dar lecciones de sexo desenfrenado–.

También hay otro canon: el de todas las chicas con estética alternativa, con tatuajes o con la cabeza rapada, al estilo Riley Nixon. Pero por cada Riley Nixon que nos encontramos, hay al menos diez equivalentes a Riley Reid: mocitas primaverales que exudan libido y aún no se les ha ocurrido desgraciarse el cuerpo con un poco de goma, salvo en los labios. Hay una corriente en el porno de estos años que rechaza el seno artificial, y por ese resquicio se han colado las chicas guapas, menudas y con una sonrisa en la cara mientras reciben 20 centímetros de embutido por la entrada del almacén trasero.

Toda esta reflexión tenía incluso un punto de partida, que es el showcase por entregas que, desde hace un mes, está publicando la productora Tushy, y en la que Eva Lovia se está iniciando –precisamente– en los misterios del sexo anal, como a los sabios griegos se les iniciaba en el secreto de la naturaleza en el templo de Eleusis.

Eva Lovia

 

Eva Lovia es un milagro de la naturaleza: la cara pecosa, la boca húmeda, los pechos medianos y firmes, el pompis curvado, el vientre liso, las pantorrillas recias como columnas dóricas. Y la parte más íntima de su anatomía, la que se abre como una flor, emana perfume de lirios. La hemos visto progresar, desde que empezó en el porno lésbico, y cuando pasó al porno hetero, y cuando hizo su primera escena interracial, y cuando por fin entregó el ojal, y la mejor parte de su anatomía nunca ha dejado de ser la misma: la cara de querubín, en perfecta armonía con un su agraciado metro sesenta de diseño perfecto.

 

Las otras ‘Lovias’

Lo de Eva Lovia no tendría mayor importancia si fuera una anécdota. Pero no lo es: cada vez más hay productoras que cuidan sobre todo la naturalidad y la belleza virginal –X-Art, Nubiles, Elegant X, Vixen–, y para mantener una rutina de una o dos escenas por semana, es necesario tener un surtido de chicas bellas y sin estropear.

La lista de los últimos años es de las que quitan el hipo: en nuestro top particular estarían, sin duda ninguna, Adriana Chechik -es una cochina, pero es monísima-, Mia Malkova, Janice Griffith, Casey Calvert, Aria Alexander, Jillian Janson, Lana Rhoades –hasta que se operó los labios–, las leyendas lésbicas Malena Morgan y Jenna Sativa, Lily Carter y Remy LaCroix. No, no nos olvidamos de Valentina Nappi. Y últimamente están entrando más reinas en esta corte: Uma Jolie, Arya Fae, Aidra Fox. Lo diremos lisa y llanamente: esto no se puede aguantar.

Lily Carter

 

Total: que no hay manera. Antes, si buscabas pechos gigantes, había a carretadas. No se era actriz porno sin pasar por el quirófano y ponerte a colgar dos sandías que te dejaban la espalda hecha fosfatina. Antes, si buscabas actrices rumanas que practicaban la triple penetración, las encontrabas, pero tampoco es que tuvieran ofertas de Penthouse para aparecer en la portada del número de enero.

Pero ahora es una invasión: cada semana surge una actriz de una belleza sobrenatural –va, más nombres: Elena Koshka, Naomi Woods (antes de operarse los labios), Elsa Jean, Alexa Grace–, y cada día damos menos abasto a la hora de actualizar nuestros archivos. Es una plaga de la armonía, la geometría y la mezcla entre ejercicio físico y un par de horas en la esteticienne, y esto no se va a detener. De hecho, mejor que no se detenga.

Ah, por cierto, se nos olvidaba: Keisha Grey también. Keisha Grey sobre todo.

 

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