Vicio y subcultura Little Caprice, el retorno de una diosa

¿Quién iba a decirnos que una de las ‘debutantes’ de la temporada en las grandes ligas del triple X iba a ser esta bellísima checa de 30 años con largo recorrido como modelo erótica?

Little Caprice
Javier Blánquez | 23/10/2018 - 12:00

La vida da muchas vueltas, y el porno, que sin duda es parte de la vida, es un buen ejemplo de cómo las cosas cambian de manera inesperada para crear narrativas épicas. Nuestra disciplina favorita no tiene nada que envidiar a otras como el cine de superhéroes, el fútbol internacional o los reality shows, donde cuando parece que la cosa va a ir por un lado, se da un acontecimiento inesperado que hace que se produzcan situaciones de alto voltaje, como por ejemplo la repesca de Antonia Dell’Atte en Masterchef Celebrity 3 –resumen: cuando parecía que la ex modelo italiana estaba expulsada, y el resto de sus compañeros respiraban aliviados por su marcha, la mosca cojonera reapareció para seguir martirizando a los fariseos y en especial a su archirrival, Carmen Lomana–, o también por ejemplo, la futura eliminación del Real Madrid en Champions a manos de la Juventus, con gol de Cristiano Ronaldo de penalti.

Estos giros son los que nos gustan, y por eso nos gusta cómo la carrera de Little Caprice ha dado un vuelco que es, a efectos pornográficos, una de las mejores historias de este 2018.

Little Caprice comenzó su carrera como modelo erótica hace diez años, cuando solo tenía 19 y acababa de cumplir la mayoría de edad. En aquella época no era ni de lejos una estrella, pero al poco tiempo su nombre nos empezó a sonar porque fue más o menos a principios de esta década cuando se empezó a poner de moda una versión sofisticada de lo que hasta entonces habíamos conocido como porno softcore: escenas eróticas donde lo más importante era el glamour y la belleza –tanto la de las chicas como la de los entornos, cuidando muy bien la fotografía en polvos playeros o en resorts de vacaciones, con piedras energéticas y esculturas de buda–, y en las que se intentaba reflejar el sexo de manera natural, sin artificios teatrales.

El softcore ha existido siempre –en los 90, por ejemplo, era habitual que de una película porno se hicieran dos versiones, una explícita y otra en la que se cortaban los encuadres de coito y los órganos sexuales, que no era tan cutre como pixelarlo, como hacen los japos–, pero aquello que hacían productoras como X-Art iba un poco más allá: era explícito, muy explícito, pero a la vez no estaba hecho de cualquier manera. Se le llamaba ‘glamcore’ porque las chicas eran las más guapas que se podían encontrar en un casting, los chicos iban limpios y depilados, las posturas eran normales y la guarrería estaba muy dosificada. Y ahí fue donde Little Caprice se convirtió en la reina del glam.

Little Caprice

 

30 sublimes años

Su nombre real es Markéta Štroblova, nació en 1988 en Brno, República Checa –esta misma semana va a cumplir los 30 años, así que felicidades por adelantado de parte de todo el equipo–, y durante sus diez años de actividad en el porno ha pasado por varias fases, cuatro tirando por lo bajo. En la primera se dedicó a ser modelo erótica, una ocupación que siempre ha sido popular e importante, y que hoy quizá han retomado las webcammers: se trata de practicar un erotismo sin mucha implicación, dejándose hacer fotos para webs de desnudos, para coleccionistas compulsivos de galerías de jpgs, que es algo que siempre nos ha parecido una actividad noble.

En la segunda, dio el salto al porno dentro de la compañía TeenHarbour, pero siempre dentro de unos cauces softcore: a pesar de que ya comenzaba a haber consumación absoluta del acto, en las escenas de Little Caprice no había nada extremo, todo era heterosexual o lésbico, nunca se abría la puerta de atrás, si había un trío estaba todo tan bien organizado como el tráfico en Tokio, y lo principal era la calidad de la fotografía, la música sentimental y el resplandor de su belleza.

Luego hubo una tercera fase de retiro a medias: Little Caprice sufrió una afección renal que le tuvo yendo y viniendo de hospitales, hasta que se recuperó en 2011. Lo dejó pero volvió al poco tiempo, cosas que pasan a esa edad. Todos estos primeros acontecimientos sucedieron muy rápido, y a partir de ese año empezó a trabajar como modelo y actriz independiente, lo que le llevó a X-Art, una productora con la que estuvo un tiempo rodando en exclusividad, hasta quedar liberada del contrato alrededor de 2016.

Y entonces es cuando Little Caprice dio su gran salto: tras un breve periodo en el que regresó al softcore, al poco tiempo decidió cambiar de aires y se pasó al hardcore. Se podría pensar que lo hizo tarde –con 28 años, en el porno, se está en esa edad en la que no queda claro si eres una veterana que aspira a MILF o una reliquia del pasado a la que jubilarán todas las teens que vienen apretando fuerte por detrás–, pero no hay que ser ingenuos: Markéta tenía algo que no tienen todas las actrices, que es un chasis comparable al de un Ferrari.

Little Caprice

 

Belleza clásica

Admirémosla bien: es una chica pequeña y proporcionada, sin operaciones, que al mirarla a la cara emite un resplandor angelical.

No era extraño que X-Art fuera su medio natural: toda la estética de aquella compañía estaba organizada alrededor de chicas como Little Caprice, tan bellas que podrían haber tenido un papel relevante en cualquier otro sector en el que el aspecto fuera un valor crucial, como los anuncios de sopas de sobres o el posado para proyectos escultóricos, pero que bien por curiosidad o porque el cuerpo le ardía como si tuviera un infierno dentro, prefirió explorar el negocio del porno.

Tenía a su favor el haber ido forjando una base de fans más o menos fiel, y también el amplio terreno de exploración que había delante suyo, pues tras casi una década en el softcore y el glamcore, en muchos aspectos Caprice estaba por estrenar. En esta maniobra profesional no hay que olvidar el papel jugado por su actual pareja, el actor y director porno Marcello Bravo, que sabía del potencial de Little Caprice, y cómo explotarlo sin perder el prestigio acumulado, pero a la vez llegando a nuevos públicos.

Como hacen muchas otras chicas que obtienen celebridad en el porno, Little Caprice empezó a montárselo por su cuenta: hace algo más de un año creó la plataforma Little Caprice Dreams, en la que rueda con Marcello y otras chicas todo tipo de escenas –desde gonzos bien cuidados a diarios de viaje por diferentes países del mundo, como también hace Elena Koshka, que se pega unas vacaciones tremendas por las islas del sudeste asiático con un maromo, y de paso rueda unas cuantas escenas desde el punto de vista del hombre para colgarlas en un servicio de suscripción–, y que volvieron a situarle bien destacada en el mapa.

Ahora bien, su alcance era exclusivamente europeo: rodaba en Budapest, Praga, Barcelona, París, pero en el mercado americano era una absoluta desconocida. Hasta que llegó El Ojo Que Todo Lo Ve y tuvo claro lo que había que hacer: pagarle un viaje a Los Ángeles y empezar a rodar allí.

Little Caprice

 

Segunda juventud erótica

El 25 de junio de este mismo año aparecía la primera escena de Little Caprice en Tushy. Era una escena con su marido, Marcello, y ella aparecía como siempre: preciosa y radiante, aunque esta vez practicando el sexo anal. No era un debut por la puerta de atrás, ya que previamente Caprice había rodado alguna escena de este tipo en su propia web y con la misma pareja, pero a ojos del porno mainstream parecía casi un debut.

Una vez más, el márketing de Aquel Que No Puede Ser Nombrado hizo el mismo efecto que cuando rescató para el porno hetero a Tori Black –y no sólo eso: tras una primera escena en Vixen con Ana Foxxx, Marcello Bravo y un actor negro con el que probablemente se iniciara en el sexo interracial, la segunda escena de Caprice en Vixen fue con Tori Black, un duelo en la cumbre entre dos de las veteranas más jocundas del porno de la última década–. Así que, en la actualidad, Little Caprice es casi una actriz más en exclusiva en el imperio de Greg Lansky.

Y lo es porque actrices como ella juegan un papel fundamental en el siguiente paso en el ambicioso plan empresarial del pornógrafo francés no sólo para convertirse en el Spielberg del triple X en el siglo XXI, sino para acaparar todo el mercado y hacer que el grueso de la industria orbite alrededor de sus ideas y sus decisiones. No es sólo la estética del glamour y el lujo en clave hardcore lo que identifica al emporio Vixen/Tushy/Blacked –es decir, una actualización del estilo de X-Art, pero más duro, como cruzado con Vivid o Private–, sino su voluntad de ser una compañía que opere simultáneamente en Europa y Estados Unidos.

Hasta ahora, en el porno o había compañías americanas, que trabajaban en California o Florida, o compañías europeas que trabajaban en Hungría, la República Checa o España. Ninguna tuvo el plan empresarial ambicioso de tener una sucursal al otro lado del Atlántico, y si alguien lo intentó, acabó fracasando. Pero Lansky ahora tiene oficinas en Barcelona, equipos de producción en Ibiza y París, y muchas escenas ya se ruedan con talento –y qué talento– local en ciudades europeas.

Little Caprice

 

El nuevo centro

Hubo un momento, en el que para tener una escena épica, había que pagar vuelos transatlánticos –Rocco Siffredi, por ejemplo, hace poco voló expresamente a Los Ángeles para rodar con Angela White la escena monumental que corona su último showcase, I am Angela–, o aprovechar que una actriz estaba de paso, exprimiendo al máximo los tres meses que se puede estar en Estados Unidos como turista hasta que vengan los de inmigración a echarte a patadas, y por eso hay escenas americanas de nuestras Alexa Tomas o Amarna Miller, que nunca se volvieron a repetir.

Pero pudiendo rodar en Europa, se puede contar también con la nueva hornada de porn stars continentales sin demasiado gasto de producción –lo que va de Misha Cross a debutantes como la ucraniana Red Fox, la nueva gran esperanza pelirroja–, y multiplicar así el volumen de lanzamientos.

Y ahí es donde Little Caprice es un valor importante para El Gran Depredador: esta semana ha salido una escena suya rodada en París, con vistas a la Torre Eiffel; esta misma semana también saldrá otra de Tori Black, que ha viajado a Europa, pero con un actor que ya sólo rueda por aquí cerca, nuestro querido Nacho Vidal. Es decir, que el puente aéreo a ambos lados del Atlántico hace ya unos meses que funciona como un tiro. Durante el verano rodarán en Ibiza, y durante el invierno en las capitales europeas. Y que la rueda siga girando.

Little CapriceAsí que habrá Little Caprice para rato, y bendito sea el señor por estos manjares que nos ofrenda, porque está la muchacha en un momento dulce, bella y primaveral, lanzada a explorar los vericuetos del hardcore, y todavía con muchas disciplinas en las que estrenarse, si algún día le apetece –el anal interracial, la DP, etcétera: ha margen–.

También es la constatación de que el porno no es sólo un territorio apto para la juventud y hostil para la veteranía, sino una tierra de oportunidades si se tienen genes, aptitudes, vocación, capacidad de trabajo y sacrificio, e inteligencia.

Este año le lloverán premios. Y, mientras tanto, su siguiente movimiento debería ser consolidar su propia productora, para la que va convocando periódicamente cástings en busca de chicas como ella que quieran seguir sus pasos. No sólo nos da alegrías, sino que prepara el relevo, cosa que Zidane no hizo. Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos.

 

 

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