Mad Men Lab: 12 meses, 12 tangas

Otro misterio pascual de la masculinidad ha llamado la atención de la siempre inquieta Silvia Cruz: ¿a qué se debe la popularidad de los castizos y vetustos calendarios eróticos?

Paz Vega posa para el calendario Lambert
Silvia Cruz | 02/01/2013 - 10:43

Qué misterio el del calendario picantón/erótico/guarro. Empieza el año y ya me imagino a los usuarios de los almanaques cachondos despidiéndose de las bellezas que les acompañaron durante el frío de marzo y el calor de agosto. Me cuesta imaginar qué deben pensar mientras desenganchan las tetas de 2012 y cuelgan los nuevos y turgentes culos que les darán calor en 2013. ¿Qué debe pasar por las cabezas de camioneros, marineros, adolescentes y demás hombres que cuelgan a macizas desconocidas en sus cabinas, camarotes, leoneras y demás recintos masculinos?

Me intriga la cuestión y por eso he preguntado a unos cuantos hombres, que para mi sorpresa, han acabado pronunciado la misma palabra en todos los casos: homosexualidad. Uno de esos hombres entre los 30 y los 40, de profesión liberal y con una inteligencia considerable, me espetó: “Eso es para hombres que pasan mucho tiempos solos o mucho tiempo sin ver una mujer. Para no volverse maricas”. Confieso que no me merece mucho respeto esa opinión porque pienso que si unas fotos de mujeres imponentes y con poca ropa tuviera ese poder, muchas iglesias habrían echado mano de ellos para ahuyentar al demonio de la mariconez.

¿Ideas peregrinas?

Intentar entenderlo se me complica porque veo que las señoras también están a tope con eso de colgar buenorros de las paredes. Mi madre, sin ir más lejos, tiene al cuerpo de bomberos de Santa Coloma de Gramanet justo al lado de los fogones de su cocina. Si le pregunto, se muere de risa, aunque no sabe darme una explicación. Bueno sí, pero me vale tanto como la de mi colega. “Es que les ayudamos, recaudan dinero para no sé qué”. Dí que sí, mami: Al que quiere saber, mentiras pa’ él.

No digo que no sea una buena forma de apoyar buenas causas: hay señoras de pueblos pequeños que se despelotan para poder pagar el autobús escolar que el ayuntamiento les ha recortado; otras que lo hacen para luchar contra el cáncer y hombres que se ponen casi en bolas para tener una mejores instalaciones deportivas en su barrio. Y me parece que les va de maravilla: tiran del morbo que dan los vecinos y conocidos. A tus vecinos te los cruzas, los saludas, ves su ropa interior en el tenderete, sabes que está casado o soltero pero no como le quedan unos gayumbos tipo tanga.

Casticismo y tópicos

Lo de tirar siempre del bombero es lo que no entiendo, como no entiendo que la chica estándar del calendario siempre sea una superrubia o supermorena muy jamona y cubierta de brillante aceite. ¿Por qué no vemos a un grupo de químicos en un laboratorio en pelota viva, manejando probetas? ¿Y qué tal a un grupo de ministras con el culo al aire emulando las poses de los modelos de un anuncio de Dolce&Gabanna? Ay, qué previsible es todo, que poco gusto por el defecto.

Pero claro, si lo que quisieran es realidad, mejor quedare en casa o darse una vuelta por el barrio. Ya empiezo a entender lo del calendario: gente casi irreal, que nos haga soñar con un mundo básico de curvas perfectas, sin hipotecas, donde solo hay sexo y ni siquiera hay que hablar, mucho menos discutir. Lo entiendo sí. Sobre todo con el año que hemos dejado atrás. Feliz 2013.

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