La mancha blanca Más Bonnie Rotten de la que puedes digerir

Dedicamos a Bonnie Rotten nuestra portada de marzo de 2015, hace ahora exactamente un año. Muy poco después, Elisa Victoria dedicó a la actriz de Ohio estas sentidas líneas en su sección, La mancha blanca.

Bonnie Rotten
Elisa Victoria / Fotos: Xavi Smoke | 10/03/2016 - 9:10

Coincidiendo con la pletórica portada que lució esta revista recientemente y con un derroche histórico de wifi que me pude permitir, hace poco me pillé un empacho de Bonnie Rotten.

No, es mentira, de Bonnie no te puedes empachar, siempre quieres más. Estuve hasta las cinco de la mañana mirándola, qué empacho ni qué niño muerto. Me supo a gloria. Lo que pasó fue que me picaban los ojos y que me tenía que levantar temprano. Temprano es a las diez.

He soñado con ella muchas veces desde entonces. Con cómo le quedaba el verde fosforito y con las cosas que decía, lo de que a veces le apetece más un abrazo que una polla. Son muchas pollas ya, es normal. Lo relacioné con una entrevista que había leído en otro sitio en la que después de rodar un montón de squirtings ella corría toda pringada a abrazar al periodista pero a él le daba asco.

Me he dado cuenta de que el asco es un terreno donde ha aprendido a criar fuertes raíces, un terreno potente donde pocos se atreven a sembrar porque luego la cosecha sabe un poco amarga. Bonnie se mea a chorros encima de todo, regando a la humanidad con furor y convicción. También con un poco de pena. La misma pena extraña que embarga a Belladonna y que la empuja a entregarse de tal forma al público.

 

Moriría por nosotros

Pese a que Bonnie pertenece a ese elenco kamikaze, su raza es ligeramente novedosa. Está buena en un sentido clásico, turgente, infalible. La carne dura y morena como un balón bien forrado en contraposición a la textura obscena de sus cavidades. Esos agujeros blandos y dúctiles. El culo rosa siempre asomando a saludar descaradamente. Las escenas llenas de cortes para que ella pueda ir bebiendo agua y no morir por nosotros. Se moriría de verdad si no se parase a beber de vez en cuando.

Los estilistas se inventan cosas pero ninguno puede con su pelo. El rizo de amazona indomable siempre regresa. Da igual cuánto aprietes la plancha, cuántos productos apliques. En cuanto empieza a sudar, vuelve a ensortijarse. El maquillaje se derrite. Cualquier ridículo artificio se desprende dejando paso a su bestial hermosura. Es un animal.

Nadie peina y pinta a un caballo antes de aparearse. El caballo ya es hermoso de sobra.

 

 

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