Mathilde Warnier no es de este mundo

Las mujeres de otro mundo se esconden donde menos te imaginas. En concreto, Mathilde Warnier se ha pasado todo este tiempo siendo una gloria local más allá de los Pirineos participando en películas francesas de las que apenas se exporta. De ahí que hasta hoy no la hayamos descubierto.

Mathilde Warnier
Redacción | 08/02/2016 - 17:11

Mathilde Warnier no es de este mundo. Y no lo es por varias razones, no todas ellas relacionadas con lo que resulta obvio y cae por su propio peso

Para empezar, Mathilde Warnier es de ese otro mundo que tenemos ahí afuera, tan lejos, tan cerca, y que se llama Francia. Y no la Francia de Lea Seydoux o Marion Cotillard, que esa ya forma parte de la aldea global y es patrimonio de todos, sino de esa aldea gala que rara vez trasciende más allá de Alpes, Atlántico y Pirineos, y por tanto permanece inédita para casi cualquiera que no sea francés o no visite a menudo el Hexágono.

 

Francia, sitio distinto

Para entendernos, Mathilde Warnier es a Francia lo que Úrsula Corberó a España. Una gloria local adorada por sus compatriotas pero a la que el gran mundo permanece ajeno, que aún no ha empezado a exportarse, que acaso no se exporte nunca, por mucho que su romance de ida y vuelta con el muy internacional Andrés Velencoso le haya dado a nuestra Úrsula algo de repercusión cardiovascular más allá de nuestras fronteras.

Es decir, que Mathilde, nuestra mujer de otro mundo vendría a ser como un buen vino de Burdeos que aún no ha llegado a las cartas de los mejores restaurantes neoyorquinos y, en consecuencia, tampoco nadie conoce en España.

Mathilde Warnier, para acabar de acotar las dimensiones del personaje, presume también de exnovio ilustre: Nicolas Bedos, que tal vez sea bastante menos popular allende los mares que Velencoso, pero es un humorista, dramaturgo y actor muy popular en su país de origen.

Bedos tiene una cierta reputación de Don Juan, de crápula irrecuperable, y a Mathilde se la suele tratar con un plus de cariño desde que dejó de salir con él porque los papeles le atribuyen un corazón roto. Y ya se sabe que a las despechadas jóvenes y guapas tienen casi todos los números para caerle bien al personal.

El caso es que la chica lleva también cinco años haciendo películas. Parece que no se le da mal, pero no vamos a aburrirte con una filmografía repleta de títulos que seguramente tú no has visto y nosotros tampoco. El caso es que esos papeles la consolidan como una profesional versátil, porque también es modelo (ha sido imagen de marcas tan francesas como Evian y Cacharel) y tiene una licenciatura en Comunicación Audiovisual.

De hecho, la futura licenciada se dio a conocer en 2011, al tomar la palabra de manera un tanto intempestiva durante una conferencia de Nicolas Bedos, al que acribilló a preguntas incómodas. Por entonces, no era más que una alumna de 19 años un tanto ingenua, pero bellísima y sin pelos en la lengua. Bedos se dejó seducir por tanto desparpajo post adolescente y tuvo con ella una larga relación, la que acabó convirtiendo a Mathilde en epítome de los corazones rotos y mascota mediática de sus compatriotas.

Desde hoy, también es mascota nuestra. Porque no es de este mundo.

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