Miley se hace un dedo en Vancouver

¿Otra vez Miley Cyrus? Pues sí. En Vancouver. Ante decenas de miles de espectadores. Fingiendo que se masturba. Con descaro. Con tronío. Con un par. Como si no hubiera un mañana. Otro peldaño más en el descenso a los infiernos de la lascivia para la que ya se ha convertido en uno de los grandes iconos del desparrame y la libertad de costumbres en lo que llevamos de milenio.

redacción | 18/02/2014 - 19:24

La revista ‘Time’ estuvo apunto de elegirla personaje más influyente del año 2013, pero a última hora se cruzó en su camino un señor argentino de 77 años, soltero y sin compromiso, al que acababan de elegir obispo de Roma.

Da igual, en el universo paralelo en el que habitamos los redactores de ‘Primera Línea’, Miley es el personaje del año, del lustro y puede que de lo que llevamos de milenio. Su deriva canalla, la demencial cruzada en que se ha embarcado para escandalizar a la América profunda y las hordas de bien pensantes que la detestan, por vulgar, procaz y rijosa, han acabado despertando nuestras simpatías.

Quién iba a decirnos que la hija de Billy Ray, la princesa Disney, la chica que a los 17 años aún aspiraba a llegar virgen al matrimonio, acabaría resultando tan entretenida. Sus últimos 12 meses han sido un jolgorio permanente: le ofrecieron un millón de dólares por rodar una escena con la actriz porno Jessie Andrews y contestó que mil gracia, pero que aún no se siente preparada. Arrimó el culo a la sardina de Robin Thicke, patentando de paso el twerking, el baile más lascivamente mendrugo de la época. Lució escotazos. Hizo apología de las drogas, de la promiscuidad y del más gusto. Nos taladró los tímpanos con un disco espantoso que por suerte viene acompañado de vídeos estupendos.

Y, por fin, en solo una semana (esta última), posa para Mario Testino en las páginas de la edición alemana de ‘Vogue’, mostrando un pezón (el izquierdo, para más señas), y arranca por todo lo alto su gira Bangerz en el Rogers Arena de Vancouver con estilismos imposibles, coreografías que son puro sexo y, en un fin de fiesta apoteósico, fingiendo que se masturba (mano a la entrepierna casi descubierta, jadeos entrecortados) sobre el escenario. Miley es amor. Y lo suyo empieza a no ser de este mundo.

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