Vicio y subcultura Obsesionados con Ana de Armas

Para Blánquez, tres de los peores errores que ha cometido España a lo largo de su historia son la expulsión de los judíos, el gol de Cardeñosa y no haberle sacado partido al talento de la cubana Ana de Armas.

Ana de Armas
Javier Blánquez | 11/10/2017 - 12:40

Parece que fue ayer cuando una adolescente cubana con los ojos más grandes que el diámetro de Saturno aterrizó en España queriendo ser actriz y empezó a hacerse con suculentos papeles para televisión en los que hacía de jovencita inocente y asustadiza.

Parece que fue ayer, pero en realidad fue hace diez años, cuando todos la conocimos –en su último suspiro teen, con 19 años– en aquella serie de Antena 3 titulada ‘El internado’. De repente, recordarán los más veteranos del crapulismo y la mirada opulenta, nos obsesionamos colectivamente con aquella beldad sosegada, con aquellos mofletes de rotundas protuberancias cárnicas, con esos iris más dilatados que los de un felino a la luz del sol. ¡A las armas, ciudadanos!, que dirían los franceses. Aquella era una mujer por la que podríamos haber iniciado una revolución o algo.

Admitámoslo: la fascinación por Ana de Armas llegó a tal punto que hasta había quien hacía turismo español, con viajes suficientes como para hacer reventar la tarjeta de puntos de Iberia, para cortejar la sombra de nuestra musa caribeña, y así fue como nos enteramos de que, alrededor del año 2008, Benicio del Toro se había llevado el gato al agua.

Ana de Armas

 

Los años del toro

El viejo Benicio, con sus párpados inflamados, su peinado cubista y su aroma a hombre de otro tiempo tenía en esa época un carisma incontenible. Era cuando Steven Soderbergh lo había fichado para su biopic sobre el Che Guevara en dos partes: presentó la película en Madrid, Benicio andaba por aquí y estaba en la cúspide de su fama, y una noche, tomando martinis en una fiesta en una terraza, coincidió con Ana de Armas, que andaba por ahí, le invitó a una copas, se lanzaron miradas, y el resto ya forma parte de la imaginación de cada uno: él le deslizaría la segunda llave de su cubículo de hotel, encargó champán al servicio de habitaciones, pasaron la noche juntos, y de repente Benicio, que no venía nunca, venía siempre, y no precisamente para visitar el Museo del Prado.

El affaire duró unos meses largos, hasta que finalmente Ana de Armas decidió decantarse por el también actor Marc Clotet, con el que estuvo casada dos años.

En España hemos cometido muchos errores, pero uno de los más graves de nuestra historia colectiva –más aún que el de expulsar a los judíos o el gol a puerta vacía que falló Cardeñosa en el mundial de Argentina– ha sido el de olvidarnos de que Ana de Armas era un bien nacional, parte del patrimonio cultural de la televisión y el cine que merecía ser nacionalizada y protegida por ley.

Ana de Armas

 

Por tanto, hacerla languidecer en lo profesional, con esas bendiciones que la naturaleza le había otorgado, relegándola a series de mierda y películas malas, como si ella no valiera la pena, fue un fallo táctico garrafal. Hasta el punto de que poco a poco se fue quedando sin reconocimiento, sin trabajo y sin aprecio en el mundillo, y después de cerrar en falso su matrimonio y ver que aquí estaba todo perdido, decidió irse a Hollywood a ver si ahí salía algo.

 

Al otro lado del charco

Hoy, a sus 29 años, Ana de Armas ha reflotado y está en el momento más espectacular de su carrera.

Su travesía por el desierto fue relativamente corta, a los pocos meses de llegar a Los Ángeles ya tenía ofertas para trabajar en películas interesantes –ahí son más listos y saben que nunca hay que despreciar a ninguna candidata a ser la nueva latina de moda, que Salma Hayek no va a durar toda la vida–, y nadie en su sano juicio podría discutir que su incorporación al reparto de ‘Blade Runner 2049’ es uno de esos giros del destino que le sitúan a una en el centro de la historia y de la mitología del cine.

Lo suyo es como cuando el Numancia llegó a cuartos de final de la Copa del Rey de 1996 eliminando a varios equipos de primera división: de protagonista de ‘Mentiras y gordas’ –un engendro para adolescentes drogadictos con guion de Ángeles González Sinde–, Ana de Armas ha pasado a codearse con Ryan Gosling bajo las órdenes de Denis Villeneuve. Todo lo que venga a partir de aquí debería ser como entrar en el palacio del cielo.

Ana de Armas

 

Sabemos, además, que está dispuesta a hacer lo que sea para asegurar su parcela en el star system. Este año la veremos en la gala de los Oscar, comenzarán las campañas de publicidad a cambio de cuantiosos ingresos, y llegarán más papeles en los que obtendrá cuotas en franquicias de éxito y personajes en títulos de acción: no somos videntes, pero así es como imaginamos el futuro, es lo que nos dice la bola de cristal.

Cualquier otro desenlace a su historia que no sea una estatua de mármol sería un ultraje. Ana de Armas responde al perfil de la mujer pequeña pero matona –si comparamos sus 1.68 metros con señoras espigadas como Cate Blanchet, evidentemente, es un tapón, pero nos la podemos imaginar en la categoría de pequeña pero matona, repartiendo movimientos letales de artes marciales como Scarlett–, aunque lo que nos gusta de ella no es su proporción, sino la fuerza de su rostro.

Ana no necesita un fotógrafo, sino un reconocimiento topográfico: los pómulos, los labios, la frente, todo en ella es una curvatura más elegante que la del espacio-tiempo de Einstein, y al fondo lucen dos soles a punto de convertirse en supernovas. Cuando aparece en ‘Blade Runner 2049’, la pantalla se llena de calor y luz. Esas son las armas de Armas.

Ana de Armas

 

En realidad, Ana de Armas no tiene un papel “físico” en la película. No diremos mucho para no reventar la trama, pero su personaje es algo así como el último grito en juguetes sexuales y consuelos para solteros en la Tierra del futuro.

 

Un espectáculo de muchos quilates

Hay dos momentos especialmente importantes en su historia: cuando aparece por primera vez, interactuando con Ryan Gosling, y lo que podríamos identificar con la “escena de amor” de la película, en la que también participa Mackenzie Davis –a quien conocerán por el episodio ‘San Junipero’ de ‘Black Mirror’ y por la serie ‘Halt and Catch Fire’–, y que sería el hallazgo visual más impactante de toda la película.

Porque ‘Blade Runner 2049’ es, ante todo, un triunfo retinal, y parte de ese triunfo viene dado por el calor que transmite De Armas en sus minutos a pleno rendimiento. No sabemos si su impacto será tan mítico como el de Sean Young en la primera parte de 1982, pero sí sabemos que no debería despeñarse por la pendiente –nota: a Sean Young participar en ‘Blade Runner’ le supuso el fin de su carrera ascendente: ya tenía fama de borde, de incontrolable, se le fue la cabeza meses después de la película y fue encadenando papeles cada vez menos relevantes hasta casi desaparecer prácticamente, con ingreso en rehabilitación por abusos con el alcohol de por medio–, pero en cualquier caso Ana de Armas ya está orbitando alrededor de las grandes ligas de Hollywood. Tiene una oportunidad para dar el gran salto; se la ve lista, atenta, consciente de su momento, con ganas de desquitarse.

Ahora hagamos autocrítica. ¿Quién fue el inútil que no supo encauzar bien su carrera en España? Teníamos un diamante en bruto y lo despreciamos como si fuera una cáscara de almendra. No puedes tener a Ana de Armas pidiendo trabajo y dándole un papel en una basura tan colosal como ‘Por un puñado de besos’.

Ana de Armas

 

¿A quién se le ocurre? ¿A quién hay que exigir responsabilidades, e incluso años de cárcel?

Así que, nada más acceder a la periferia de Hollywood, Ana encontró trabajo en películas protagonizadas por el Keanu Reeves decadente anterior a reflotar con ‘John Wick’ –ya ha quedado dicho que después de ‘John Wick’ Keanu vuelve a ser dios–, y en una de ellas incluso jugó su carta Vélez particular, que fue mostrar sus encantos desnuda, una cosa que ya no ocurre en el cine como antes, ni siquiera por exigencias del guion, y por tanto se lo agradecemos. En esos tres años cerró el círculo, así que ya podemos decir oficialmente que Ana de Armas ha vuelto, que no piensa irse, y que estos ojos lo agradecerán.

El que no ha vuelto es Benicio, que hace tiempo que dejó de venir con regularidad a España para pasar revista.

Actualmente, Ana de Armas lleva con cierta discreción su nuevo romance, que comenzó a principios de este año con el actor venezolano Édgar Ramírez, con el que ya se deja ver en público y comparte momentos íntimos en Instagram.

Desde aquí, queremos felicitar a Ramírez por la conquista y dejarle claro que nunca le perdonaremos el habernos robado la ilusión de fantasear con una Ana de Armas libre y dispuesta a conquistar la cima de Hollywood al precio que sea. Le pediríamos que depusiera las armas y pidiera perdón, pero ya es tarde: ha ganado.

Mientras tanto, seguiremos obsesionados con esos ojos verdes, verdes como la albahaca, verdes como el trigo verde y el verde, verde limón, ojos verdes con brillo de faca que se han clavaíto en nuestro corazón.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Simona: La Gran Hermana rebelde y swinger posa desnuda con su novio.
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados