Vicio y subcultura Obsesionados con Gal Gadot

Hay que rendirse a la evidencia, Gal Gadot, veterana del ejército israelí y protagonista de una peli lúbrica, absurda y feminista a partes iguales, es desde ya la chica del verano, la heredera de mujeres de otro mundo que nos obsesionaron tanto en su día como Margot Robbie.

Wonder Woman
Javier Blánquez | 19/06/2017 - 9:30

Seguramente ya lo hemos dicho en otra ocasión, pero no está de más insistir en la idea, porque nos parece muy importante: lo mejor de ‘Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia’ (2016), película de superhéroes bastante basurera del universo de DC, eran las apariciones de Gal Gadot.

De hecho, si no fuera por ella, ya nos habríamos olvidado de todo, habríamos arrojado la cinta de Zack Snyder por el desagüe del recuerdo, para acto seguido tirar de la cadena. Para ponernos en situación, digamos que aquella película era un mash-up entre Batman (Ben Affleck) y Superman (Henry Cavill) especialmente diseñado para morderle un cacho de taquilla al universo Marvel, pero sin los ingredientes de humor, espectáculo a lo burro y carisma que tiene la Casa de las Ideas.

DC siempre ha hecho películas de superhéroes más sombrías, con una intención de parecer ‘adultas’, y precisamente por eso la han estado cagando bastante en todo este tiempo, porque luego parecen telefilmes, o van cargadas de un halo tan presuntuoso que siempre se tiene la sensación de que han forzado demasiado la máquina. Por lo general, nos las solemos ahorrar: es como tener reserva para cenar en Horcher y que luego te sirvan platos de Streetxo. Para perder el tiempo con basurilla, antes preferimos un menú McDonald’s.

 

Lo que salvaba la función

Ahora bien: en tres escenas clave de la película aparece Gal Gadot, y cada vez que su figura felina culebreaba por la pantalla, y cada vez que su mirada aguda perforaba el fotograma, por no hablar de cada vez que su sonrisa pícara se arqueaba con ese punto de estar sabiendo muchas cosas importantes, teníamos la sensación de que la película remontaba el vuelo.

Wonder Woman

 

Sobre todo al final, cuando su personaje, Diana Prince –una especie de espía escultural con la mano bien entrenada para robar secretos y poner tórrido al personal–, se manifestaba como Super Woman, amazona heroica que ayuda al murciélago y al kryptoniano con los calzoncillos por fuera a salvar el mundo. Lo bien que le quedaban a aquella señora las botas de caña alta, la diadema y el peto de cuero.

Más tarde supimos que le quedaba todo muy bien porque Gal Gadot es una mujer trabajada en la disciplina del ejercicio, y que incluso pasó dos años en el ejército, como le corresponde a cualquier persona nacida en Israel, donde el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres, sin excepciones.

Así que el porte de guerrera no le venía de nuevo: aunque comenzara a abrirse camino en la vida con la educación física y, más tarde, pusiera en marcha los logros alcanzados en la tonificación de su cuerpo para emprender una carrera como modelo, lo que de verdad le sentaba bien a Gadot era el porte militar, la silueta de luchadora justiciera.

Manejaba bien las armas en pantalla porque en la vida real ya sabe lo que es llevar un fusil al hombro, y dispararlo con puntería; sabía luchar porque previamente ya había estado enseñando a otros reclutas cómo hacer una llave paralizadora y pegar una hostia que deje al adversario inconsciente. Para trabajar el personaje de Diana Prince / Wonder Woman le enseñaron el manejo de la espada y las artes marciales, pero acostumbrarse fue fácil: Gal Gadot lleva en su ADN el arte de la guerra, como Sun Tzu.

Wonder Woman

 

Arma letal

No es habitual ver en el escalafón más alto de Hollywood a actrices israelíes. De hecho, pocas celebridades conocemos de allí que nos hayan llamado la atención para las cuestiones que más nos interesan en ‘Primera Línea’, o sea, el estudio de las ondas gravitatorias, el derecho constitucional y el análisis de valores inmobiliarios, y aunque conocíamos a Gadot de la serie ‘Fast & Furious’ –a Gal le flipan las motos–, en realidad la única famosa israelí que hubiera tenido números para aparecer por aquí habría sido la modelo Bar Refaeli, a la que durante un tiempo se relacionó con Leonardo DiCaprio, más tarde con media plantilla del Barça en el último año de Guardiola, y que incluso guardó en su móvil una serie de fotos guarras que hace poco pasaron a manos de los hackers del ‘fappening’, en las que ella aparecía comiéndose un helado de carne viril y abriéndose un poco el ojete.

En definitiva, Bar Refaeli había dejado el pabellón canalla israelí en todo lo alto.

Gal Gadot no es de esa clase de mujeres, que sepamos. Mientras Bar guarda una cierta relación conceptual entre la fonética de su nombre y el significado que aquí le damos como espacio de recreo y desparrame, Gal siempre ha sido una mujer recta.

El ejército le aprovechó en ese sentido, se casó con un agente inmobiliario y ha tenido dos hijos con él. No está para ir armando escándalos, sino para hacer caja pacientemente y construir una fortuna que le permita llevar vida de estrella sin parecer una pedorra. Y tras el estreno hace un par de semanas de ‘Wonder Woman’ (2017), la película spin-off que nos había prometido DC desde sus escenas en ‘Batman vs. Superman’, podemos afirmar con mucho convencimiento que estamos ante la chica del verano, del mismo modo en que en 2016 lo fuera Margot Robbie.

Toda la insatisfacción que se nos quedó en la cosa aquella de Batman y Superman, deseando que le dieran más escenas a Wonder Woman y habiéndose quedado en tres, ahora se nos colma con más de dos horas de Gal Gadot en estado puro.

Gal Gadot

 

Un éxito (muy) merecido

Las últimas noticias confirman que había hambre de nuestra israelí favorita: la taquilla ha reventado, las críticas son buenas y su caché ha seguido el camino opuesto de las acciones del Banco Popular, y se ha disparado por las nubes.

Ahora bien, ¿cuál es el estatus actual de Gal Gadot? ¿Sex symbol, o icono feminista? (No son incompatibles). La película se estrenó hace tres semanas en Estados Unidos e Inglaterra, y a su alrededor se produjeron noticias llamativas, como que un cine había organizado un pase exclusivamente para mujeres –algo que nos recuerda a aquellas impresionantes corridas (en la plaza, no en el lecho) de Jesulín de Ubrique en los 90, en las que él brindaba la montera y a cambio recibía una lluvia de bragas–, lo que enfureció a un buen número de hombres que, quizá con buen juicio (ya no se puede poner la mano en el fuego por nada), consideraban que Wonder Woman tenía un público objetivo fundamentalmente masculino.

Wonder Woman

 

El caso es que había muchos más pases, y que se podía ir a otros, sería por cines, pero si algo ha destacado la crítica es la condición feminista de la película: Wonder Woman, lejos de ser un entretenimiento visual, es una mujer con arrestos y fuerza, con la personalidad rampante, que pone orden en un mundo patas arriba, y que refuerza cualidades como la autoestima, la fe en la justicia y valores femeninos en un mundo en crisis.

Todo esto nos parece fabuloso, aunque también tenemos que decir que no es incompatible reconocer la fortaleza y el carisma del personaje con un barrido óptico de arriba a abajo para disfrutar de pequeños detalles como la redondez de una rodilla o la tonificación de un bíceps.

Gal Gadot es de esa clase de mujeres que, además de percha y plantilla, lo que le permitió ser Miss Israel y competir en la gala de Miss Universo –promovida por Donald Trump, recordemos–, también conserva con ejercicio físico, buena alimentación y la lectura atenta de las obras completas de Theodor Adorno el buen estado de revista del resto de su naturaleza. Su belleza interior nos enamora (ahhhhh), pero su belleza exterior nos hipnotiza.

 

Heroína feminista, sí

La cuestión de fondo es que se está produciendo en los últimos años una revisión del significado de la sex symbol, hasta el punto de que parece que ya no haya de esas cosas: nos vienen a decir que la belleza radiante no debe ser un valor a tener en cuenta en una mujer, porque el simple hecho de admirar la armonía de la naturaleza y la proporción áurea en su máxima perfección sería como tratar a un ser humano con el mismo utilitarismo objetual con le dedicaríamos a una estatua griega de mármol –utilizamos un lenguaje deliberadamente opaco y recargado porque es lo que se lleva para hablar de estos temas–.

Wonder Woman

 

Así, la admiración hacia Rihanna no puede ser, por ejemplo, por sus pantorrillas, sino por su carácter fuerte; prevalece la moral a la denominación de origen Guijuelo. Gal Gadot no termina de ser aún un icono feminista, pero su personaje sí: Wonder Woman es la primera superheroína que lo peta, mucho más que la Viuda Negra de Scarlett.

Pero nuestra obsesión por Gal va por otro lado: nos gusta que conduzca motos de gran cilindrada, que se ponga monos de cuero apretados, que tenga esa mirada de ‘si me tocas te rompo la columna vertebral de un guantazo’, que cada vez que entre en una habitación parezca que haya entrado Salomé, reclamando cortar cabezas.

Nos gusta, en definitiva, la mujer que mete caña y que te puede soltar en cualquier momento un par de hostias. Prometemos ir a ver la película al menos cuatro veces antes de que la retiren de los cines y en cada escena gritar, como si fuéramos un forofo del fútbol, algo así como ‘¡gaaaaal’!

 

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