Vicio y subcultura Obsesionados con Keisha Grey

Lo de Keisha Grey, opina Javie Blánquez, es como lo del Atlético de Madrid del Cholo Simeone: reparte juego, construye belleza,pero si hay que echarse atrás y tirar de instinto cavernícola, tampoco hay problema.

Keisha Grey
Javier Blánquez | 23/03/2016 - 11:35

Keisha Grey podría ser la porn star favorita de todo el mundo, como en otros tiempos lo fueron Belladonna, Sasha Grey -el apellido artístico lo toma de ella, que conste; señal inequívoca del impacto que ha tenido la hipster de hielo y porcelana en la industria X- o Lisa Ann, pero todavía no lo es.

Para sostener esta idea, aportemos encuestas y galardones de máximo prestigio, recientemente publicadas. La primera: aunque Keisha estaba nominada en la categoría de ‘performer of the year’ en los últimos premios AVN, al final quien se llevó el premio fue Riley Reid, una chica menuda, de senos mínimos y potorro selvático, viciosa como pocas y paradigma del look aniñado, de eterna adolescente, que parece dominar ahora las preferencias del público, sin contar todo el fenómeno MILF, que a eso hay que darle de comer aparte.

 

Póquer de nuevas reinas

Los méritos de Riley en 2015 no habían sido pocos, y también hay que reconocerle el avance en su carrera: había debutado en escenas anales después de varios años calentando al personal con la posibilidad de estrenarse por la retaguardia, y lo hizo con una película completa, muy a lo bestia, con rabos negros y todo. No hay que negarle justicia al premio, pero también hay que hacer notar que nuestra Keisha también eligió 2015 para abrir nuevas vías de avance y exploración, nunca mejor dicho, en su meteórica carrera ante las cámaras. Pero esto como la suerte, que decía el viejo Di Stéfano, que va por barrios.

La segunda encuesta: la del portal Orgasmátrix, que cada año le pregunta a su extensa comunidad de onanistas transatlánticos cuál ha sido su estrella porno preferida del año, y en la que acabó imponiéndose Jillian Janson por pocos votos de diferencia sobre la segunda, Aidra Fox.

Tampoco vamos aquí a cuestionar la justicia de esta votación: Jillian Janson es una hembra escultural, una rubia imponente de mármol de Carrara que ofrece mucho más que un rostro bonito; responde a un patrón estético -el del pivón con tendencia a la ninfomanía muy seria– que también caracteriza a la citada Aidra Fox, y también a la tercera en la encuesta, Eva Lovia. Keisha Grey quedó la quinta, superada esta vez también por Riley Reid.

Es decir, Keisha siempre anda por ahí, compitiendo por los puestos de cabeza, pero no concentra una unanimidad en la opinión, todavía tiene que conquistar terreno y fascinar a un segmento importante de público adicto a mirar peliculillas para conseguir hacer historia en el género.

 

Sus argumentos

Pero si atendemos a su meteórica ascensión –lleva en el porno desde 2013, cuando cumplió los 18; ahora tiene 21-, y a esa dualidad que en las escuelas de negocios siempre se enseña que es la principal manera de alcanzar el éxito, que es la producción en masa y/o distinguirse de la competencia, está claro que Keisha ha abierto una brecha importante y que poco a poco va haciendo suyo el espacio del porno más guarro.

Lo de la producción en masa es evidente: el número de escenas que protagoniza al mes es constante, a sus fans nunca les deja secos -en realidad sí, pero en el otro sentido de la palabra- de nueva mercancía, y además, como si fuera un buen supermercado Lidl del sexo, siempre va diversificando el producto: comenzó con escenas chico-chica normalitas, poco a poco fue ampliando a los tríos, al interracial, y se consagró cuando por fin filmó su primera escena anal, que ahora ya son también anales en trío, con actores negros, y si sigue a este paso va a empezar a hacerle sombra a la más cochina de todas las nuevas starlettes aparecidas en el negocio en los últimos tres años, Adriana Chechik, que ya está en ese punto en el que se las introduce de tres en tres y de diferentes colores.

Aún así, el tema Keisha Grey es más una cuestión de fe que de product placement: no habiendo alcanzado aún la cumbre, para quienes la seguimos la experiencia sería muy parecida a la de apoyar al Atlético de Madrid en Champions. Es decir: se tiene fe ciega en Keisha, no nos dejamos deslumbrar por el poderío de marketing de otras chicas más asentadas, y sobre todo nos gusta su juego peleón, su folleteo recio, incluso su costumbre de rozar los límites del reglamento con habilidad.

Luego te frustra que no llegue más arriba, que no conquiste los trofeos, pero como en los poemas de Cavafis, lo importante es el camino, el viaje, y no el destino de llegada. Ser de Keisha significa pertenecer a un club fiel, extenso, pero todavía no mainstream.

Y ahí es donde encontramos su segunda virtud, la de la diferenciación. Porque hay varios tipos de estrellas porno que lo petan -la madurita con carrocería ajada pero todavía peleona, capaz de recorrerte varios kilómetros con garantías; la jovencita aniñada, de proporciones mínimas, sin pechuga ni muslo; la bestia tatuada que escupe flujo a chorros, y por supuesto la mujer de senos grandes, la matrona rubensiana, la actriz porno inspirada en la Venus de Willendorf-. Pero nos falta el equilibrio intermedio entre todo eso: o sea, la jovencita rolliza y choni, una teen recientemente licenciada que ofrezca algo muy importante para un consumidor de porno muy específico: ese al que le gusta que “haiga” donde agarrarse.

 

Elogio de la curva

Lo que más gusta de Keisha Grey es el flan de sus pantorrillas y los pliegues de su abdomen, que han ido yendo a más en el último par de años, a medida que ha empezado a alimentarse de chuletón y helado, y no de ensalada cuatro estaciones y gazpacho de la huerta de Bertín. Estaba muy desatendida la mujer curvy en el porno mainstream, siempre en beneficio de la sílfide majestuosa, y cuando hemos tenido algún amago, siempre ha sido tímido: por ejemplo, Valentina Nappi, que es una italiana tremenda, aspirante a ser la Monica Bellucci de la cosa X, evita cultivar la lorza, la amaga lo justo, como si le diera reparo ganar unas onzas de tocino y dejar que se muevan como si fueran un oleaje carnal, que es algo que a muchos señores les pone recios y en alerta. Keisha Grey, por tanto, se ha ocupado en conquistar ese territorio y, desde ahí, ir extendiendo sus dominios ganándole tierra al mar, como Holanda.

Tiene otros encantos, por supuesto: el diastema entre sus dos palas frontales, que hay a quien le produce un rechazo atroz, pero que tiene fans militantes que reclaman como condiquio sine qua non la leve separación de los dientes para incentivar el morbo, y también habría que mencionar los tatuajes.

Son tremendamente talegueros los adornos cutáneos de Keisha, tiene una flor tatuada en el costado opuesto al de la herida de Cristo y una frase en el antebrazo, que igual es de Hermann Hesse y todo, y luego tiene una hoja de marihuana en una falange y una clave de fa en la otra, para indicarle al mundo que dos de sus principales aficiones son los porros y el violonchelo, el ponerse ciega y la música clásica. Educada pero básica, sensible pero ruda, la poesía de Keisha es como la del centro del campo del Cholo: reparte juego, construye belleza, pero cuando hay que echarse atrás y ponerse cavernícola no hay problema. En el porno de Keisha, hay tanto lirismo como vicio.

 

Back to basics

En los últimos meses, ha experimentado un acelerón en la diversificación de su repertorio -la doble penetración ya ha llegado, el gang bang también, el anal ya es una costumbre- y hasta tiene su propio feature film en el que ejerce de estrella indiscutible, ‘Tit Woman’, para Elegant Angel, en el que potencia una de sus virtudes corporales: la mama, la ubre, que parecía estar en retirada de popularidad desde que los productores se obsesionan con los colores de piel, los squirtings y los culos grandes. Con Keisha ha vuelto un básico: la teta grande, la teta natural, que es como si en el fútbol nos hubiéramos olvidado de que hay que marcar gol.

En definitiva, Keisha cubre un hueco importante de mercado y sus ultras saben a quien hay que consagrar sus ofrendas y poluciones. Su perfil, está claro, va a más. Conocemos a gente que se mantiene fiel a ella, que no admiten ninguna otra actriz en sus rituales de alivio del espíritu a menos que sea haciendo tríos, donde normalmente se cuela su compañera de piso, Karlee Grey, otra moza rolliza dirigida al mismo target.

Nos consta que Keisha se ha convertido en un sustitutivo eficaz para épocas de sequía matrimonial, para izadas de bandera inmediatas, para cubrir con garantías todas las necesidades del hombre moderno y ocupado. Ofrece siempre garantías -como el producto en masa de Mercadona-, pero también ofrece un diseño perfecto y máxima calidad -como Apple-. Así que si nos preguntan por qué estamos obsesionados con Keisha Grey, la respuesta, mire usted, es más que evidente.

 

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