Vicio y subcultura Por qué nos gusta tanto el porno con aceite

En nuestro rincón canalla, arrancamos el año con una oda a los cuerpos untados de aceite en el cine X. Una exaltación de nuestros instintos más pringosos y resbaladizos que esperamos que vuelva a ponerse de moda.

Porno aceitoso
Javier Blánquez | 02/01/2018 - 13:22

Si el porno es un arte, y para nosotros sin duda lo es –mucho más importante que la escultura, y sólo por debajo de los modernos videojuegos–, entonces tendríamos que convenir en que existen diferentes técnicas para llevarlo a la realidad e inundar a los espectadores con belleza, armonía y perspectiva, y en ese aspecto tenemos claro que hay una manera de conducirse que distingue al porno del resto de las artes y que lo equipara a la pintura, que es el porno al óleo.

Hace tiempo que, en nuestras incursiones en la pornosfera, hemos dejado de ver con tanta frecuencia como antes ese tipo de escenas sexuales abundantemente oleaginosas, en las que el coito se produce entre chorros de aceite y con los cuerpos brillantes como si hubieran terminado de correr dos maratones seguidas, de modo que sobre la piel se les hubiera depositado una generosa capa de sudor perlado, pero de vez en cuando ocurre que una productora decide sacar todo el pringue del armario y se marca una de esas escenas en las que en el título aparece la palabra ‘oil’. Y resulta que tal técnica tiene una demanda asombrosa.

 

Un experimento

Hemos hecho una prueba que no tiene ninguna validez científica, pero que nos sirve para sostener esta tesis: si entramos en portales como PornHub o Xvideos y tecleamos la palabra ‘oil’, la cantidad de vídeos que nos salen es cuantiosa y nos llevaría varias vidas –y buena parte de la salud– verlos todos.

Porno aceitoso

 

Por ejemplo, en Xvideos, de un total de siete millones y medio de peliculillas que ahí allí almacenadas, del subgénero aceitoso hay más de 41.000, algunas protagonizadas por estrellas de ayer y hoy como Abella Anderson, Capri Cabani, Gianna Michaels o Holly Hendrix, que no son poca cosa. En PornHub la cantidad es sustancialmente menor, solo de unos seis mil vídeos, pero la calidad parece mucho mayor: en la primera página aparecen figuras preeminentes como August Ames (RIP), Asa Akira o Kagney Linn Karter, todas embadurnadas con esa película brillante que le da a sus respectivas pieles la textura de un baño de oro.

¿Por qué mola el aceite? Nos atreveremos con un par de tesis.

La primera es que el aceite hace que la piel sea más resbaladiza, y por tanto el contacto entre los cuerpos mucho más intenso, y además tiene propiedades relajantes pues tonifica mejor los músculos. Si nos fijamos bien, la mayoría de vídeos porno con aceite, salvo que sean totalmente patilleros –algo que, tampoco lo vamos a ocultar, en el porno sucede a menudo–, se producen en el contexto de un masaje.

Hay productoras que tienen series especializadas, como Dirty Masseur o Nuru Massage, en las que la actriz aparece siempre tumbada en una camilla, con una toalla cubriéndole el culo, y entonces aparece un tipo, o incluso otra chica, y le empieza a restregar aceite por el cuerpo y hacerle frotamientos musculares, y entonces, en vez de relajarse y dormirse, como haría cualquier persona en esa situación, lo que hace es estimularse hasta el punto de que, en vez de pedir la cuenta, lo que pide es un final feliz. El resumen es: el aceite relaja, excita y predispone a follar.

 

Presencia ausente

Lo que nos lleva a otra tesis: el aceite es, en el sexo y en el porno, el sustitutivo de otros fluidos que no pueden aparecer con frecuencia por razones morales o por razones exclusivamente físicas. Por ejemplo, no suele aparecer el aceite en orgías, porque ahí habrá semen abundante, ni tampoco en películas en las que la actriz tiene facilidad para el squirting –sería demasiado líquido esturreado por los suelos, con grave riesgo de que alguien se haga un esguince–, pero cuando echamos mucho aceite sobre el cuerpo estamos simulando mucho squirt, mucho semen, incluso mucho escupitajo y mucha orina sin que parezca una guarrería delictiva.

Porno aceitoso

 

Una de las situaciones que se dan en un coito aceitoso, y esto sucede mucho en las producciones de Elegant Angel (Oil Explosion, Oil and Ass y esas series), es que el actor suele coger un bote de aceite, que tiene el tamaño de un bote de soja grande, y de igual manera que le echamos soja al sushi o a las empanadillas, le echa un chorro abundante a la actriz sobre el potorro o la espalda, lo que tiene el efecto, también, de simular o sustituir la lubricación. O sea, el porno aceitoso funciona porque es un sustitutivo de la secreción de fluidos: aquello que el cuerpo no puede producir, que lo produzcan los olivos de Andalucía y, si la escena es anal, ja ja, que los produzca Grecia.

Puede parecer que en los últimos tiempos el sexo resbaladizo no esté tan de moda como algunos años atrás. Esto quizá se deba a que las modas principales en el género han ido cambiando –en ese sentido, no nos cansaremos de repetirlo, la influencia que ha tenido Greg Lansky en el porno moderno es incalculable, y pasarán años hasta que podamos calibrar al completo su incidencia en el negocio–, y donde antes gustaba más el aceite ahora hay otras corrientes dominantes, como las escenas nocturnas con luz artificial –esto lo dejamos para otro día–, los cuerpos naturales, el interracial, etcétera.

Pero eso no significa que el porno oleaginoso no sea fuerte todavía: hace poco nació una nueva productora dedicada exclusivamente al porno virgen (bueno, virgen no) de oliva, como Lubed, que ha ido ofreciendo jugosas escenas, nunca mejor dicho, a starlettes de moda de los últimos meses como Lena Paul, Lana Rhoades, Keisha Grey, Layla London o Sofi Ryan.

En Lubed sólo hay una premisa: el sexo es duro y además corre el aceite más que el alcohol en una fiesta universitaria. Luego hay variaciones de ubicación –en la cocina, en la piscina, sitios que den juego–, pero hay tanta abundancia de chorros que la mayoría de las escenas se ruedan en una especie de piscina de plástico, más que nada para no poner todo el suelo perdido.

Porno aceitoso

 

Un clásico contemporáneo

Aunque, sin duda, la productora que más ha apostado por el sexo de piel brillante ha sido Elegant Angel, que desde hace años mantiene una producción constante y que incluso ha abierto dos divisiones o dos líneas de acción más o menos estables: una es la de fichar actrices negras, que poco a poco van obteniendo un nicho de mercado, para hacer escenas aceitosas, sobre todo porque el brillo es más intenso sobre una piel oscura –y eso ha convertido a Amber Fox en una especie de reina aceitosa tallada en ébano–, y la otra tendencia es una subdivisión dentro de la compañía llamada Lube My Tits, cuyo nombre lo dice todo: actrices con tetas grandes y operadas a las que les tiran chorrazos de óleo porque otra de las características del aceite, en tanto que sustancia viscosa, es que se desliza por las superficies, y verlo caer desde lo alto de dos senos escarpados, como si fuera una catarata para freír patatas, es una delicia para el ojo.

Porno aceitoso

 

Seguramente no estemos en el mejor momento para el porno aceitoso, porque el negocio demanda últimamente cosas nuevas: si haces porno lésbico, hay iniciaciones anales con strap-on; si haces porno interracial, seguramente te toque una bestia parda como Jason Luv y lo hagáis en una habitación de hotel a oscuras; si haces porno extremo, el aceite no tiene nada que hacer ante la última postura que hemos detectado, que es la doble penetración en posición del cowboy, con los dos penes entrando de canto.

Cuando parecía que todo el repertorio estaba agotado, han ido surgiendo modas que se han fortalecido en los últimos tiempos y ha pasado a un segundo plano el sexo oleaginoso, que durante unos años estuvo fuerte; era cuando nos emocionábamos con la nueva escena de Karlee y Keisha Grey con un semental y un bote de fritanga, porque además el aceite tiene otra cualidad, y es que hace que brillen más y mejor los pelos negros de la cabellera y los del pubis, y es que no tiene mucho sentido utilizarlo cuando la actriz va depilada como una brasileña.

Y una cosa tenemos por cierta: tal como el porno con aceite no parece estar de moda hoy como lo estaba hace tres años, sabemos que tarde o temprano volverá por sus fueros. Make aceite great again!

 

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