Vicio y subcultura ¿Por qué se retiran las actrices del porno?

La pesadilla cotidiana de todo (buen) aficionado al cine X es que se retire de manera prematura alguna de sus actrices preferidas. Leah Gotti ha sido de las últimas en renunciar a los orgasmos filmados antes de tiempo. Y Javier Blánquez nos explica por qué ocurren estas cosas.

Leah Gotti
Javier Blánquez | 04/04/2017 - 10:52

No se habla de otra cosa en los foros y cenáculos de pajilleros desde hace meses: ¿dónde se ha metido Leah Gotti? Y nos consta que han subido alarmantemente los índices de depresión masculina desde que muchos fans de la rutilante estrella del porno conocen la verdadera respuesta: Leah se ha retirado, lo que significa que nunca más –ya que su decisión es irreversible, al parecer– podremos admirar su belleza helénica en pleno ejercicio de sus funciones, nunca más se asomarán las rosadas grutas de su anatomía a la pantalla del nuestro iPad.

La suya fue una irrupción fulgurante, empezó a moverse hábilmente en los catálogos de productoras como X-Art, New Sensations, EroticaX, y finalmente acabó siendo la niña de los ojos de Greg Lansky, que tenía para ella grandes planes como figura principal de las escenas de Vixen y Tushy. Hay una escena monumental, ‘Best Friends Share Everything’, en la que compartía piscina y cama con Keisha Grey y Jean Val Jean. Posiblemente, sea el trío más explosivo de la cosecha de 2016.

Leah Gotti era una diosa griega, posiblemente la mujer más guapa aterrizada en el porno en los últimos tiempos –en dura pugna con Lana Rhoades–, estaba llamada a marcar una época y, de repente, ¡puf!, se fue. ¿Hundido, no?

Leah Gotti

 

¿Por qué se van?

Así que es pertinente la pregunta: ¿por qué se retira una estrella del porno tan pronto? En realidad, salvo que seas Nina Hartley, las actrices se apartan del negocio a una edad razonable, después de unos cinco o seis años a pleno rendimiento. No hay un patrón común para todas ellas –hay chicas que apenas están un año, otras se retiran alrededor de los 30 y reaparecen como MILFS, hay otras que entran en el negocio a edades respetables, algunas se reciclan como directoras, o montan su propia productora–, pero si algo es cierto es que, muchas veces, el fan del género tiende a llevarse alguna que otra decepción.

Por ejemplo, que tu actriz favorita se opere los morros y se le quede la cara medio deformada (gracias por todo, Naomi Woods). O que se ponga unas tetas de goma no del todo bien rematadas. O que se llene el cuerpo de tatuajes más feos que el Ecce Homo de Borja. Pero no hay nada más frustrante que ver cómo una mujer de bandera decide hacer las maletas y decirle ‘chaíto’ a la industria del folgar remunerado.

Ahora bien, lo que tenemos que comprender es que estas decisiones no son caprichosas, que detrás de cada retirada hay una justificación. Estas son las más comunes.

 

  1. La actriz se queda embarazada

Mark Spiegler, el famoso agente de actrices, explicaba hace unos meses a ‘Vice’ que el embarazo es algo parecido a la kriptonita en el negocio del porno: si una chica va a tener un bebé, rápidamente se retira y es muy raro que acabe volviendo.

Decimos “raro” porque se han dado casos de regresos más o menos triunfales –el de Holly Michaels, por ejemplo, aunque es cierto que su esplendor y su capacidad de entrega ha ido disminuyendo poco a poco–, pero lo normal es que ocurra como en el caso de Bonnie Rotten, una actriz que estaba en la cumbre, llamada a ser la nueva Belladonna, decidió cortar por lo sano en aras de la maternidad.

Bonnie Rotten nunca ha vuelto. No se la espera ya. Y esto es lo que ha pasado con Leah Gotti: también lo dejó porque estaba embarazada, y no tiene planes de regresar. Si a alguien le molesta esta decisión, la respuesta está clara: haberla preñado tú. Si no eres el padre, te callas.

Bonnie-Rotten

 

  1. La actriz descubre el amor, o a Dios

Esta sería una variante del punto 1: la maternidad es un momento decisivo, porque no sólo afecta a tu vida hasta el fin de tus días, sino que también modifica el cuerpo, y esto en el porno es un peaje que no todo el mundo está dispuesto a pagar, pero hay otras maneras de dejarlo para concentrar la energía emocional en algo superior al trabajo.

Cambiar de vida por completo es algo que se da muy a menudo: normalmente, si la actriz ha conocido a un hombre que le proponga un plan de vida alternativo –montar un negocio juntos, proponerle un braguetazo y que no tenga que trabajar nunca más, a lo Anna Nicole Smith, etcétera–, el porno apenas ofrece alternativas mejores.

Luego están las que lo dejan porque la pareja es celosa, mandona y tiránica, y aquí entrarían factores que bordearían el maltrato. Normalmente, este tipo de situaciones no se comentan: la mayoría de las retiradas –que se producen de manera silenciosa, sin anuncio oficial; nos enteramos porque la chica en cuestión deja de rodar escenas y no actualiza sus cuentas de Twitter o Instagram– tienen que ver porque el cambio de vida es drástico. Puede ser un matrimonio, un cambio de orientación laboral, hartazgo, haber encontrado a Dios. Directamente, el porno ya no es un lugar en el que quieran estar.

 

  1. Usan el porno como trampolín para forjar otras carreras

Este tipo de retiradas sí que suelen publicitarse, y en ellas la actriz asume que entró en el porno no únicamente para “explorar su sexualidad al límite”, bonito eufemismo para no querer decir “voy más salida que el pico de la mesa y me tiraría todo lo que se mueve”, o para ganar dinero rápido en un momento de necesidad o por simple afán de lucro, sino para ganar celebridad y utilizar la fama rápida que le aportaban las escenas para preparar el camino hacia otras actividades.

Es el caso de Sasha Grey, que abandonó el porno cuando era la número 1 mundial y estaba llamada a ser una leyenda de proporciones olímpicas, pero que tenía muy bien calculado que a partir de los 25 quería dedicarse al cine convencional, la televisión, la literatura, la música, el activismo o ser modelo para marcas.

Con su halo intelectualizado, Sasha Grey se forjó una imagen de mujer superior para la que el porno era un camino de perfección, no una meta en la vida, y cuando ya lo vio claro se lanzó a la piscina de Hollywood y a escribir novelas. No ha tenido la repercusión que esperaba –‘The Juliette Society’ era un bodrio, su película con Vigalondo un poco cutre, y ahora parece fuera del juego–, pero sigue ganándose bien la vida vendiendo su merchandising.

Es la misma estrategia que han seguido, con éxito dispar, chicas como Skin Diamond –que ahora aspira a ser cantante R&B–, Jessie Andrews, que ahora es DJ y modelo hipster, o Carter Cruise, que aunque no está retirada del todo elige muy selectivamente cuatro o cinco escenas al año, mientras intenta abrirse camino en el terreno de la música electrónica.

Lexi Belle

  1. Usan el porno para seguir en el porno

Alexis Texas sigue en la cumbre, pero su plan es follar delante de la cámara solo por un tiempo más y luego pasarse a las bambalinas de la industria. Ahora dirige escenas para Elegant Angel / Evil Angel, y cuando pasen unos años se dedicará exclusivamente a dirigir, a producir, a representar al joven talento que viene pisando fuerte.

El caso de Alexis Texas es el mismo que de Belladonna hace unos años: aprender todos los resortes del oficio y, una vez se vea claro que baja la repercusión o el caché como actriz, ponerse detrás de la cámara y prolongar así unos años más su carrera. Además, todo el mundo sabe que el dinero de verdad se maneja vendiendo escenas y artefactos, no rodando polvetes: si una vez has hecho toda la caja posible con tus atributos naturales –“ay salero salero, con el coño se gana dinero”, como decía aquella coplilla que rescató Camilo José Cela para el comienzo de su libro ‘Izas, rabizas y colipoterras’–, la manera natural de prolongar la situación es no saliendo de la industria, sino contribuyendo a renovarla.

 

  1. Tienen malas experiencias y se van echando pestes

Hace poco nos dieron un susto espantoso: Lana Rhoades anunció que dejaba el porno porque había sufrido una serie de experiencias humillantes y no quería saber nada más. En un comunicado en sus redes sociales, Lana se quejaba de que le habían obligado a rodar estando enferma, agotada, que se sintió humillada por su manager, el todopoderoso Mark Spiegler, y que como consecuencia de aquello, decidía dejarlo.

Ya buscaría maneras alternativas de ganar dinero: muchas estrellas del porno completan sus ingresos bailando en clubes de strip-tease –de hecho, estas giras como estrellas invitadas en fiestas les ocupan varios meses al año, es sobre todo como hacen pasta figuras como Asa Akira o Keisha Grey–, y otras, aunque esto es más difícil de demostrar, se dedican a la prostitución de lujo.

El caso es que las malas experiencias han empujado a muchas chicas fuera del negocio. Por ejemplo, la aspirante a gran estrella asiática que iba a tomarle el relevo a Akira, Alina Li, lo dejó después de participar en una escena para una productora extrema –tipo Legal Porno, donde te hacen una doble penetración anal sin que te des cuenta– y sentirse como una mierda. Sin contar con que, por necesidades económicas, tuvo que rodar incluso con Max Hardcore, especialista en humillar sin contemplaciones a las pobres chicas que aceptan su sucio dinero.

Alina Li intentó volver, pero ya no fue lo mismo: estaba destrozada psicológicamente, ya no había alegría en su mirada. Una experiencia desastrosa arruina carreras.

Alina Li

  1. Directamente, descubren que el porno no es para ellas

Esto es lo más común. Entras en el porno con 18 años, por curiosidad. Han seguido a sus estrellas favoritas en las redes sociales, con las que se hacían un dedo en la habitación abuhardillada de su adolescencia, en un pueblucho de Kansas, y ven que continuamente cuelgan fotos de vacaciones en Miami, de fajos de billetes, de pollas enormes.

El porno parece tentador: sexo estimulante, dinero rápido y abundante, tren de vida. Si encima tienes un punto vicioso, es una salida interesante para cualquier salida. Pero una vez dentro de la industria, no todo es lo que parece: los rodajes son un asco, hay mucha mugre, estás rodeado de tipos sucios que reclaman su derecho de pernada (sin cobrar), no salen tantas escenas como esperabas, y las que salen son en productoras de tercera, no todas las chicas consiguen llegar a Vixen, o a Elegant Angel, o a HardX. La mayoría tienen que pasar por la piedra de Legal Porno, o con suerte quedarse en MOFOs.

De repente, el glamour deja de brillar. Todo es sórdido, feo y una dice basta. Hasta nunca. 70 escenas en dos años, un legado exiguo, y a seguir con la vida.

 

  1. El tiempo pasa y no perdona

Y si no te retiras voluntariamente, el paso del tiempo lo hará por ti. Hace poco anunciaba su retirada la estrella francesa Nikita Bellucci, que aunque tuvo un momento de esplendor en Estados Unidos hace unos años, se había concentrado sobre todo en Europa.

Nikita lo tenía todo: facciones rotundas, buen cuerpo, ganas de explorar los límites, pero en los últimos años no abundaba el trabajo como antes. Hay que tener en cuenta que el porno es como la espiritualidad oriental: un flujo constante de destrucción y renovación, entran nuevas chicas y tienen que salir algunas de las que ya están, porque todas no caben.

El público, además, se cansa: quiere novedad todos los días. Si no estás en la edad de convertirte en MILF –y aspirar a conquistar otra parcela del negocio–, lo normal es que te pase como a Bellucci: habrá menos oferta entre los 27 y los 32 años, tendrás que rebajarte el caché, hacer escenas de menos categoría, y en definitiva subsistir de mala manera.

La opción digna es la retirada: muchas querrían seguir, pero el tiempo es implacable. Se fue Lexi Belle por esta razón. Se acabará yendo Jada Stevens. Incluso esta fue la razón por la que se fue Lisa Ann, cuando todavía era la Rocío Jurado del porno, o sea, la más grande. Ya no salía a cuenta.

Y mientras tanto, las añoramos, como el Real Madrid a Juanito: viejas glorias que lo fueron todo, pero que ya no volverán.

 

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