Vicio y subcultura Porno: el despertar de la rubia

La rubia, la de aspecto nórdico y con un punto entre angelical y distante, la de toda la vida, vuelve a estar de moda en la escena porno internacional. Blánquez nos informa de tan sugerente y extraordinario fenómeno.

Harley Jade
JavierBlánquez | 27/11/2017 - 13:29

A lo largo de las décadas, el porno ha sido una infalible cantera de rubias capaces de provocarte un infarto con sólo un pestañeo. Podemos tirar de memoria, y decir nombres al azar –los primeros que se me ocurren: Sylvia Saint, Jenna Jameson, Savannah, por ejemplo–, y no tenemos más que rendirnos a la evidencia de que el star system del ñogo ñogo, en todas las épocas, está dominado en gran medida por las bellezas rubias, por las melenas doradas de tal perfección que únicamente aceptarían, para ser descritas, dos endecasílabos de Góngora: “mientras por competir con tu cabello / oro bruñido al sol relumbra en vano”.

Hay que decir que el mito de la rubia, o sea, el de la mujer nórdica a semejanza de la diosa Freia, descendientes de la semilla de Thor y otras perfecciones vikingas, está tan implantado en nuestra sociedad que es inevitable que el erotismo se nutra de los cabellos radiantes y soleados, de esos contrastes letales entre piel clara –blanca como el lirio– y resplandor de luz, y a poder ser con un poco de pecas y contrastes de color de la raíz a las puntas, que es donde se percibe el rubio auténtico y se distingue del color platino, que suele ser de bote.

Hay que decir que de bote también nos gusta la rubia, porque no se le mira la dentadura al caballo y, si tiene el tono correcto, aunque el color de la ceja demuestre que hay trampa, cualquier dorado nos sirve. Ahora bien, la rubia nórdica, mitológica, la sueca de siempre, es un arquetipo incomparable.

Mia Malkova

 

Sobre gustos…

Seguramente, usted estará leyendo esto y dirá que prefiere a las pelirrojas (y estaríamos de acuerdo), o que donde se ponga una morenaza que se quite todo lo demás (nada que objetar), o que incluso le gustan con la cabeza rapada –una moda que empieza a ser fuerte en el porno de hoy y que algún día repasaremos, si al jefe le parece bien–, o con el insulso cabello castaño, que es el más común en todas partes.

Para gustos, como dicen en los foros de makineros, los colores, pero hoy estamos hablando del color amarillo, ese amarillo oro que es mucho más noble que el amarillo color pluma de canario, y todo este preámbulo sirve para ir al grano y decir lo que más nos importa ahora mismo, y es que de un tiempo a esta parte el porno se ha vuelto a llenar de rubias. Nunca se fueron, pero es que en la temporada 2016-2017 han desembarcado en masa.

La profusión de melenas rubias la hemos detectado por contraste. Si nos fijamos en algunas de las estrellas que han dominado el porno en los últimos años, detectaremos que la mayoría son morenas (brunettes, como dicen los gringos), que alguna casualmente es castaña –como la siempre sonriente Riley Reid, o nuestra siempre locaza Keisha Grey–, y que además hubo no hace mucho una moda de la mujer latina, y latinas rubias, salvo alguna excepción muy puntual –Carmen Caliente, por ejemplo–, no suele haber muchas.

Para fijarnos en la abundancia del pelo negro ni siquiera tenemos que contabilizar cabelleras, sino fijarnos discretamente en los pubis –que, como ya no se rasuran, dan interesantes pistas sobre la genética de sus propietarias–, y durante un tiempo veíamos más negro que blanco. Pero ahora, de repente, vemos más rubio que zaíno.

 

Tendencias ¿imparables?

Por lo tanto, y de manera acientífica, pero con el corazón (o el miembro) en la mano, vamos a sostener la tesis de que la rubia ha vuelto.

Una rubia escandinava, o una rubia Barbie, que vienen a ser lo mismo; mujeres estilizadas y con una cascada dorada cayendo por sus hombros, y que además son jovencísimas.

Una de las primeras rubias que empezó a invertir la tendencia entre esta nueva generación –la que empieza en sus años teen, que luego tiene algún que otro ramalazo hípster, y que suene estar entre el porno duro y el formato chic, o sea, que no objetan hacer anal, pero piden una buena iluminación y sábanas blancas– sería Carter Cruise. Carter no era de las que se teñían: su rubiez era genuina, su pelo podría estar ahora mismo depositado en la caja fuerte del Fort Knox, o cotizando en el mercado de valores, porque es oro genuino.

Carter Cruise

 

Es una pena que Cruise esté medio retirada –a diferencia de Tom, que sigue estando en todo lo alto–, pero ella tiene sus motivos: se gana bien la vida como dj y paseándose desnuda por garitos, y seguramente haciendo de escort con una buena tarifa, así que ha aprovechado su paso por el porno para construirse una clientela y ejercer discretamente, pero nosotros nos quedamos con su influencia. Tras ella, la primera división vuelve a estar llena de rubias.

 

Otras rubias, otros ámbitos

Hagamos repaso. Una de las que más nos impactó hace unos años fue Jillian Janson: más parecía residir en el Monte Olimpo, entre las diosas griegas, que entre los mortales, y su rubiez era de esas que se percibían genuinas e irresistibles.

Últimamente, la carrera de Jillian ha perdido un poco de pegada, pero de vez en cuando se marca una escena para los anales (no va con segundas), aunque le recomendaríamos comer un poco más y ganar un punto de curvatura, que se está quedando tan delgada que, como diría Chiquito, se pone de canto y parece que se ha ido.

Hace poco, también nos gustó Alex Grey, una de las chicas que se puso el apellido Grey en homenaje a Sasha –como Keisha, como Karlee, etcétera– y que ha tenido un recorrido notable en el gonzo chic, y que últimamente parece querer entrar en el terreno ‘alt’ después de haberse empezado a poner tatuajes. Rubia de verdad, mujer de bandera, le deseamos lo mejor en la vida.

Alex Grey

 

Hay una serie de actrices rubias que han tenido una carrera, por así decir, irregular: ocasionalmente tienen escenas en las productoras más importantes, suelen estar en los bookings de batalla, pero no han conseguido saltar a la cima, a la elite del porno: son chicas que las ves frecuentemente y que te ofrecen garantías, pero que no tienen nada especial. Por ejemplo: Cadence Lux, Summer Day, Giselle Palmer, Arya Fae, Harley Jade, Lyra Law, Samantha Rone

Incluso habría que incluir a Karla Kush, una señora imponente que hace poco se medio retiró después de quedarse embarazada, pero que aún sacó tiempo para rodar algunas escenas con bombo, que es algo que tiene mercado. En general, estas actrices son un competente fondo de catálogo para aficionados tan prendados por la melena rubia que les sirve cualquier cosa, y que necesita un suministro constante de rubias. Son necesarias y nos han dado muchos minutos de felicidad. Un aplauso para ellas.

 

Élite rubia

Pero las rubias del porno que más nos interesan ahora son las que tienen una carrera consolidada y van camino de la leyenda –y ahí tenemos a Mia Malkova, que se ha quedado sin competencia después de que Anikka Albrite dejara de verse tanto por los platós–, o las estrellas en ascenso.

Hay una serie de chicas rubias que han demostrado lo que hay que tener para estar en la primera división durante un par de años y que, a menos que las cosas se les tuerzan, van a seguir ahí durante un tiempo más.

Chloe Scott

 

La gran revelación de 2017 es Chloe Scott, una rubia cañón que ya frecuenta mucho las producciones de Greg Lansky, y por supuesto está Kendra Sunderland, que más que en la liga de las rubias está fuera de categoría. Si descartamos a tres rubias platino pero de bote como Naomi Woods (muy apagada últimamente), Kylie Page (que mantiene el tirón) y Elsa Jean (que está muy on fire), las grandes sensaciones de los últimos meses demuestran que la hornada ha sido buena.

Está Kenna James, que poco a poco va culminando su paso al porno hetero –acaba de publicar este sábado una escena para Vixen– y que seguramente entregue la puerta trasera para Tushy en 2018, como acaba de hacerlo hace nada Nicole Aniston. También está Kagney Linn Karter, que ha vuelto a lo grande. Suben con fuerza Haley Reed, y mantienen una regularidad envidiable dos debilidades nuestras como Anya Olsen –que tiene los ojos más azules que se recuerdan desde los del poema de Bécquer– y Natalia Starr, una mujer de una esbeltez admirable, proporcionada y con una gradación de color en su rubiez que nos hace pensar que quizá no sea la mejor actriz porno, pero tiene el mejor cabello del gremio.

Decía una de nuestras rubias preferidas, Cristina Cifuentes, que ella se hacía la ídem en las reuniones para conseguir cosas. Y esta generación brillante del porno americano no hace más que confirmar que, con una melena rubia bien puesta y buenas aptitudes para todo lo demás, primero viene el trabajo, luego el respeto, y finalmente una entrada en la morada de las diosas, junto a Galadriel, Taylor Swift, Fricka y Claudia Schiffer.

O sea, cosas. ¿Rubias? Toma, claro.

 

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