Historias del porno Prácticas sexuales olvidadas

Prácticas sexuales como el bondage, la autofelación o la bisexualidad masculina, hoy condenadas a los sótanos del porno minoritario y fetichista, fueron muy comunes en el mucho más diverso y desprejuiciado cine X de los 70 y 80.

Sexo en desuso
Paco Gisbert | 02/01/2018 - 16:09

El gran reto del porno contemporáneo es encontrar actividades sexuales que sigan atrapando a un espectador que cada vez reclama más novedades en las prácticas eróticas. Ver, por ejemplo, el showcase de Adriana Chechik, ese magnífico muestrario de sexo que realizó Toni Ribas con la actriz más importante del porno americano, da idea de cuáles son los caminos del triple X actual: doble penetración anal, baños de squirt para todos los participantes y un “más difícil todavía” que convierte a las estrellas actuales de la industria de entretenimiento para adultos en equilibristas sexuales, en figuras de un circo que desafía las leyes de la física.

En esa búsqueda de nuevos objetivos, nadie se ha detenido a mirar hacia atrás y echar un vistazo a lo que hacían quienes participaron en el porno de los 70 y los 80, prácticas que, en muchos de los casos, han quedado en desuso por el paso del tiempo.

 

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La más peculiar de todas es la autofelación, especialidad sexual que consiste en que un hombre se chupa la polla a sí mismo. El mítico Ron Jeremy fue el primero que la puso en práctica delante de las cámaras, a finales de los años 70, cuando el tío Ron pesaba 40 kilos menos de los que luce ahora y su flexibilidad estaba más cerca de la de Nadia Comaneci que la de Diego Maradona.

Sexo en desuso

 

Para Jeremy, un hombre sin ningún tipo de prejuicios a la hora de practicar el sexo, la autofelación era un preliminar más en el sexo y dicha práctica puede verse en películas como ‘Tigresses’, de Peter Verlon, o ‘Lips’, de John Vatelli. El ejemplo de Jeremy fue seguido por algunos actores de su tiempo, caso de Ken Turner, el extraño protagonista de ‘Femmes de Sade’ que, en su única película realmente brillante en el cine X, también aprovecha para autosatisfacerse en una de las escenas del filme.

También en los años de gloria del cine X norteamericano, las escenas de bondage estaba integradas alegremente en las películas mainstream, de una forma muy diferente a como ocurre ahora, en que han quedado relegadas a un subgénero marginal en el porno. Constance Money, una actriz que participó solo en siete películas X en su carrera, es la protagonista de una de las más famosas escenas de bondage de toda la historia del porno USA, en la que, atada de pies y manos y con las piernas abiertas, se somete a los designios del perverso Jamie Gillis en ‘Barbara Broadcast’ en la escena final del filme.

Sexo en desuso

La secuencia, descartada por Radley Metzger del montaje final de ‘The Opening of Misty Beethoven’, fue rescatada por el realizador neoyorquino para este filme en vista de la fuerza y sensualidad que transmiten las imágenes.

Pero hay mucho más. El porno clásico no se sometía a las absurdas reglas que rigen el mainstream moderno, en el que los hombres no pueden poner en práctica ninguna actividad sexual que incite al espectador a pensar que podrían ser homosexuales. Jamie Gillis, en ‘Historia de Joana’, le practica una felación a Zebedy Colt y nadie pensó que el perverso extaxista de Brooklyn era gay.

En las orgías de ‘Sensations’, la libertina cinta de Lasse Braun, los actores son sodomizados, al igual que las actrices, y nadie duda de su hombría. Pero el porno moderno es otra cosa y aquellas prácticas en las que el hombre no funciona como macho alfa no son admitidas dentro de lo que el espectador espera. Una pena para la diversidad sexual de un tipo de cine que, por mucho que busque prácticas cada vez más extremas, ha olvidado que el sexo es cosa de dos. Como mínimo.

 

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