La mancha blanca Sasha Grey en un mar de sexo

Sasha Grey en La mancha blanca. Con este texto dedicada a una de sus primeras musas tóxicas, Elisa Victoria vuelve a los orígenes, a los primeros estímulos que la llevaron a escribir de porno con humor, violencia y arrebato.

Sasha Grey
Elisa Victoria | 20/08/2018 - 11:24

Sasha siempre supo cuáles eran sus límites y capacidades, desde el mismo día en que cumplió dieciocho años y se ofreció al mundo de porno para nuestra buena fortuna, desde aquella tarde en que le dijo al novio que se la metiera por el culo, por primera vez en la vida, sin dilatar y sin lubricante.

Es alta, fuerte, atlética, listilla y altiva sobre ese cuello tan largo. Había que verme hace una década pestañeándole a la pantalla leyendo sus declaraciones sobre existencialismo y todo el asunto intelectual, que me faltaban las palomitas. Y no le daba miedo nada, nunca.

Lo que más me asombró de ella no fue la valentía física, que también, sino sobre todo la mental, la seguridad que gastaba, apenas una adolescente, en todos sus movimientos y decisiones. Rodeada de pollas, atragantándose, adentrándose en cierto sufrimiento, jugueteando con nociones de masoquismo.

Capaz de reír siempre la última, de vacilarle a todos esos chulitos dominantes, a los sumisos, a Belladonna y mí, tres años mayor que ella, viéndola en pijama en el sur de este país, podrida de preguntas sobre Sartre que Sasha parecía capaz de contestar mucho mejor que yo.

Sasha Grey

 

De aquellos polvos, esos lodos

Pero cómo puede haber pasado ya tanto tiempo.

Hace ya siete que se salió del negocio, que está echando humo su archivo y a ella dándole totalmente igual, a otras cosas, de viaje, haciéndose fotos, con chaquetas y pantalones. Su imagen, capturada para lo que dure la humanidad sin que caduque esta tecnología, permanecerá caminando despacio en tacones desde el fondo de la habitación con esos andares de fantasma inquietante que viene a por ti, botando, cubierta en fluidos, sumergida en pollas, tantas pollas que podrían formar una piscina de pollas

Hace tiempo que está retirada, que la vemos con el pelo corto, presentando libros, pinchando discos buenos, diseñando las camisetas y las toallas más frescas del verano.

Como siempre, de lo que ella le ofrece a su público lo quiero todo. Los sudores, los berridos, el culo pálido y brillante, el látex de colores, el pelo largo, liso y ondulado, el corto lleno de volumen. Del surtido de ahora, las dos cosas las quiero. La camiseta y la toalla.

Todos los meses, Elisa Victoria publica en ‘Primera Línea’ su sección de perfiles de aceites X, titulada La mancha blanca. Este texto dedicado a Sasha Grey forma parte de la sección del número de septiembre, ya a la venta.

 

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