Vicio y subcultura Scarlett Johansson es un tanque acorazado

La llevamos viendo en pantalla desde hace más de 13 años e igual nos hemos acostumbrado a ella, pero Blánquez repara en que Scarlett, aparte de ser cada vez mejor actriz, se está poniendo muy cachas.

Scarlett
JAVIER BLÁNQUEZ | 15/11/2016 - 10:18

Parece que fue ayer cuando el culo de Scarlett Johansson se nos apareció nada más comenzar ‘Lost in Translation‘, en un primer plano jugoso y contundente, y para muchos fue como haber avistado vida extraterrestre o a la virgen en Lourdes: una visión de las que te cambian la vida. Fue en 2003 y justo en ese momento había nacido una sex symbol de trascendencia mítica, de alcance generacional.

Cierto es que Scarlett había tenido algunos papeles juveniles, en los que todavía se le manifestaba el acné como una trasparencia de la epidermis, y que entre esas películas de formación destaca especialmente ‘Ghost World‘, la adaptación que hizo Terry Zwigoff del cómic de Daniel Clowes.

Pero fue al ponerse a las órdenes de Sofia Coppola, ya adulta, ya perfecta en todos sus aspectos exteriores e interiores, cuando supimos que Scarlett era la mujer del siglo XXI, el punto de referencia con el que –tomando la expresión de Arquímedes– iba a moverse todo el mundo del cine, el entretenimiento y el alboroto hormonal.

Actress Scarlett Johansson at the 2016 Variety Power of Women luncheon on Friday, Oct. 14, 2016 in Beverly Hills.

Desde entonces, Scarlett nos ha dado papeles que nos ha alegrado la vista y nos ha tensado la mandíbula de manera inmediata. Algunas películas son terribles, o directamente infumables –si no fuera porque sale ella, nadie en su sano juicio perdería dos horas de su vida en ‘La isla‘ o ‘La joven de la perla‘–, pero hay otras que, a la par que buenas, o disfrutables sin más, nos exhiben a una Scarlett en la plenitud de su lozanía.

Desde sus participaciones en películas de Woody Allen –’Scoop‘, ‘Match Point‘ y ‘Vicky Cristina Barcelona‘– a su fugaz aparición con Justin Timberlake en el vídeo de ‘What goes around … Comes around‘, en plan femme fatale a punto de estallar de mal rollo, sin olvidar su papel breve, pero sustancioso, en ‘El prestigio‘ de Christopher Nolan, Scarlett siempre ha llenado la pantalla con ese anticipo de curvas rotundas, tobillos bien apuntalados y rubiez risueña. Se llegó a decir, hace unos años, que el ser de hueso grande la condenaba en el futuro a una segunda madurez de carnes generosas, como si fuera una antigua actriz italiana de los años 60, pero llegados a sus 32 años ninguno de esos augurios de una Scarlett rolliza, matrona en Hollywood, se terminado de cumplir. Ella sigue como el primer día.

 

Entre armario y boa

Este fin de semana hemos visto nuevas imágenes de Scarlett, tanto en el tráiler de anticipo de la versión en imagen “real” –lo de real debe ser a falta de una palabra mejor, es todo puro efecto computerizado– del clásico de la animación japonesa ‘Ghost in the shell‘, como en la presentación a los medios de comunicación de todo el mundo de la película, que ya está en la fase final de posproducción y se estrenará en marzo de 2017, y de esas imágenes podemos extraer varias conclusiones.

La primera, que da la impresión de que Scarlett, que suma un nuevo papel de acción a su repertorio –después de ‘Lucy‘ y sus intervenciones como la Viuda Negra en la franquicia de ‘Los Vengadores‘–, ha desarrollado músculo y se ha convertido en una especie de tanqueta de músculo elástico, tiene unos hombros que dan la medida de un armario empotrado y una rotundidad de físico con el poder de presión de una boa constrictor. O sea, que no sólo no se ha ido engordando, sino que ha ido fibrándose, ganando carnes prietas para mantenerse como una estatua griega de mármol.

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La segunda conclusión es que la película promete: aunque hay CGI por todas partes, de modo que cada plano parezca casi calcado de la generosidad futurista de la película original de Mamoru Oshii, ese abuso de la tecnología digital parece haber alcanzado un punto de refinamiento, de detalle y de buen gusto que a cualquier fan del anime le resultará completamente lógico y satisfactorio.

Muchos de los planos que se muestran en el tráiler son calcados de los de la película de animación: el nacimiento de la Mayor Kusanagi como ciborg que surge del tanque líquido, como una Venus de Botticelli en un futuro incierto, más su descenso en vuelo libre desde la cúspide del rascacielos para irrumpir en pleno tiroteo allí donde unos capitostes del hampa están discutiendo sobre negocios, la persecución del Marionetista, el plano de la Mayor en su apartamento oscuro con la cortina levemente corrida al amanecer y una vista monumental de la ciudad al fondo, etcétera. No es prudente juzgar una película por su tráiler, porque más de una vez los tráileres nos la han metido doblada, pero con esta está claro que picaremos y que el primer día de estreno estaremos en el cine, con nuestra entrada y algo más en ristre.

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La tercera impresión es que Scarlett Johansson ha llegado a ese punto de su desarrollo personal, y de solidificación de su carrera, en el que todos los papeles buenos van inevitablemente para ella. Si quiere usted una actriz solvente, de físico perfecto y que encima le reviente la taquilla –a la vez que te revienta la tráquea con una llave de judo–, contrate usted con Scarlett y, a golpe de talonario, contrátela para petarlo: no se arrepentirá.

Todo esto viene de la feliz iluminación que tuvo Jon Favreau cuando decidió embutirla en el cuero negro y prieto de Natasha Romanov (aka La Viuda Negra) en ‘Iron Man 2‘ y darle continuidad como personaje en las siguientes películas de Capitán América y Los Vengadores. Se llegó a hablar de escribir una película sólo para La Viuda Negra, pero de momento no entra en los planes de Marvel: seguramente habría sido como una versión más estilizada, y sin tanto delirio new age, de ‘Lucy‘, aquel artefacto de Luc Besson para mayor gloria de Scarlett en la cúspide de su perfección física, de la que ya habíamos tenido anticipos de gloria en ‘Under the skin‘, película indie de ciencia-ficción cubista como un cuadro de Klimt en la que se la veía completamente desnuda, y ‘Don Jon‘, el debut de Joseph Gordon-Levitt como director, en la que salía haciendo de choni, con toda la ropa apretadísima, mascando chicle. Esa Scarlett molaba.

 

Sexy y diosa

Ahora llega ‘Ghost in the Shell‘, y aunque hace de ser humano modificado artificialmente hasta conseguir un desarrollo de sus cualidades físicas propias de una bestia de tiro –salta, corre, se lanza al vacío y golpea como una mula–, el contexto es ideal para encontrar el justo equilibrio entre la Scarlett sexy y la Scarlett con rostro hierático que mira a la humanidad con tono displicente, sabedora de su condición de diosa.

Por lo que hemos podido ver en el tráiler, a Scarlett se lo vamos a imaginar todo –en el anime, Kusanagi aparece alguna vez desnuda, pero es un desnudo robótico, de ciborg plástico, aunque eso no haya evitado que tuviera su punto de excitación erótica–, y además hay un momento bollo (que no Boyero) con Juliette Binoche. Para comprobar si va a mayores y hay cosas como tijeras o puños, tendremos que esperar.

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Por supuesto, nada más salir el tráiler, un coro de voces agoreras se ha ido sumando a las que hace unos meses, justo cuando se conoció el casting y se vieron las primeras imágenes fijas, empezaron a criticar la película por ser un ejemplo de “whitewashing”, que en lenguaje perroflautés –tomando el término del tertuliano liberal Fernando Díaz Villanueva, que posee el copyright– consiste en una forma de neocolonialismo cultural en el que papeles reservados para minorías étnicas acaban en manos de actores o actrices de raza blanca, en un gesto de robo de identidades por la poco escrupulosa maquinaria de Hollywood, que es racista, sexista, xenófoba, homófoba y todos los males que se quieran.

Sinceramente, quienes opinen que es injusto que Scarlett Johansson tenga el papel de la Mayor Kusanagi porque “deberían habérselo dado a una actriz asiática” no tienen ninguna idea de lo que es el anime y el manga japonés, géneros en los que, al menos hasta el año 2000 –’Ghost in the shell‘, la primera película, es de 1995; el manga es muy anterior– los personajes suelen representarse con rasgos occidentales o neutros, unas veces por vergüenza del pueblo japonés de su propia apariencia –hay un sentimiento de culpa post-Segunda Guerra Mundial que no se ha aplacado del todo, y que se manifestó groseramente en el cómic–, y en este caso porque Kusanagi es un ciborg fuertemente alterado, modificado e incluso neutralizado en sus rasgos.

O sea, que no es una mujer asiática, sino una máquina, y las máquinas no tienen raza, y como Scarlett es algo así como una tanqueta, un bulldozer de tendones y bíceps y fémures y omoplatos, es por eso por lo que a) celebramos que el papel sea suyo y b) celebramos aún más que se haya convertido en esa fibrosa masa de músculo contundente que refuerza su doble condición de sex symbol delicado por fuera, pero con el tren inferior de una gimnasta olímpica. Se va a hacer eterna la espera hasta el 31 de marzo.

Actress Scarlet Johansen on the set film "Rock That Body"

 

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