Historias del porno Sexo en la calle 42

La primera gran meca del porno internacional fue la calle 42 de Broadway, donde se rodaron los primeros loops, esas escenas sexuales breves sin apenas argumento que tienden un puente al cine X que se consume en la red hoy en día.

Racquel Darrian
Paco Gisbert | 04/09/2017 - 9:41

En los tiempos de la Gran Depresión, la crisis económica más grave de la historia del capitalismo internacional con permiso de la que comenzó en 2008, la calle 42 de Broadway fue una de las vías míticas del teatro musical norteamericano.

Como testimonio de esa época de esplendor, Lloyd Bacon dirigió, en 1932, una película musical que ha quedado en la memoria de todos los aficionados al género como una de las obras cumbre de un cine irrepetible, el genuino musical de Broadway.

35 años más tarde, de aquel hervidero de coristas, compositores y directores teatrales quedaba poco en la calle 42. Más bien nada. Y algunos de los lofts que poblaban la otrora mítica vía neoyorquina se reconvirtieron en improvisados platós de filmación que iban a albergar una nueva revolución. La del emergente porno que llevaría a la legalización del cine para adultos.

En los locales de la calle 42 se filmaban, en 8 milímetros, pequeños cortometrajes de poco menos de diez minutos de duración que figuran como antecedente del cine X tal y como lo conocemos actualmente.

Porno en la calle 42

 

La edad de la inocencia

En aquellos lofts trabajaba un grupo de pioneros que, sólo unos años más tarde, se erigirían en estrellas del nuevo género. Gente como John Holmes, Darby Lloyd Rains, Andrea True, Marc Stevens, Georgina Spelvin, Jason y Tina Russell, Shaun Costello o Jamie Gillis fueron las caras habituales en los loops rodados con escasez de medios y más voluntad de mostrar lo hasta entonces desconocido que de exhibir cualidades artísticas.

Ellos, procedentes de las salas de repertorio que ofrecían obras del off Broadway o reclutados por el tamaño de sus miembros; ellas, estudiantes, prostitutas ocasionales o aspirantes a actrices que buscaban llegar a final de mes. En general, los productores de aquellos loops, ligados en su gran mayoría a la mafia neoyorquina, pagaban entre 50 y 150 dólares por día de trabajo, una cantidad significativa y que permitía sobrevivir en los tiempos en los que el salario medio semanal de un estadounidense era de unos 300 dólares.

Porno en la calle 42

 

Los cortos se filmaban en 8 mm. o Super 8 y tenían una estructura que ahora nos resulta muy familiar, ya que es extraordinariamente parecida a las escenas que se realizan en la actualidad para ser difundidas en internet: una pequeña anécdota argumental que da paso a una escena sexual como centro y final de la acción.

Las cintas tenían como principal lugar de distribución las cabinas de las sex shops que comenzaron a proliferar en todo el país, donde el consumidor solo necesitaba unas monedas y un kleenex para ver en la intimidad una pequeña película. No tenían sonido y, además de ofrecerse en las cabinas, se proyectaban públicamente en las salas especializadas que poblaban los Estados Unidos, los antiguos teatros de burlesque, reconvertidos en salas de cine para adultos desde mediados de la década de los 60. La gran mayoría de esos cortos estaba dirigida por Bob Wolfe, un despreocupado personaje que era capaz de dejar la cámara funcionando mientras se rodaba una escena para atender otras tareas.

Porno en la calle 42

 

La meca del porno pionero

La calle 42 fue, en aquellos años, el epicentro del porno americano. Mucho antes de que, en San Francisco, los hermanos Mitchell imitaran el modelo de la costa este y comenzaran a rodar pornos en su local de Tennessee Street para ofrecerlo a los espectadores que acudían al O’Farrell Theatre. Mucho antes de que la industria del porno se instalara en San Fernando Valley, en la populosa Los Ángeles.

Y aquella máquina de producir filmes no solo facturaba películas mainstream, sino que también guardaba una parte de sus trabajos para los loops especializados, que ya comenzaban a tener su público entre los clientes de las sex shops y entre los aficionados al cine X. Linda Lovelace, por ejemplo, fue protagonista de uno de temática zoofílica, mientras que Jamie Gillis era uno de los actores recurrentes en aquellos que reproducían relaciones sadomasoquistas o fetichistas.

A primeros de los años 70, los productores se dieron cuenta de que el porno en corto que se hacía en la calle 42 tenía más futuro del que habían previsto y se plantearon filmar largometrajes. En 1972 se estrenó ‘Garganta profunda’, la película que acabó con aquel curioso periodo de loops en los alrededores de Broadway e inició una etapa decisiva en el cine X.

 

Porno en la calle 42

Porno en la calle 42

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