Vicio y subcultura Sexo extremo eres tú, Casey Calvert

¿Y me preguntas qué es sexo extremo? Sexo extremo eres tú, le cantamos a la actriz X de Baltimore Casey Calvert, una ultra del hardcore cuya carrera es casi un estudio clínico de los límites de la sexualidad humana.

Casey Calvert
27/09/2017 - 8:34

Siempre ha habido en el porno, al menos desde que el porno es gonzo, una selecta vanguardia de actrices empeñadas en conseguir el más difícil todavía en sus artes fornicatorias.

Hablamos de chicas que no conocen límites, que cuando se ponen delante de una cámara descubrimos que tienen más agujeros que un campo de golf, y que entienden su profesión como una carrera de obstáculos en pos del descubrimiento profundo –y tan profundo– de su naturaleza sexual.

A partir de ejemplos concretos sabremos con precisión a qué nos estamos refiriendo: hablamos de Veronica Avluv retirándose del porno –esperemos que se retracte a última hora, que la necesitamos– colocándose hasta tres penes dentro de un ano con la elasticidad de un chicle de fresa en su última escena para Elegant Angel.

Hablamos de Abella Danger marcándose una doble penetración asistida por el semental ruso Marcus Deupree y un fidget spinner dando vueltas a toda velocidad en su ojete. Hablamos de Adriana Chechik, que si otras son la Abeja Reina ella es la Cerda Imperial, montándose una orgía con cinco tíos y depositando en una copa enorme todo el semen y el líquido emanado de sus tempestuosos squirtings para bebérselo ipso facto como si fuera un cóctel de Boadas.

Casey Calvert

 

Porno a dos velocidades

Ante este tipo de escenas, que son al sexo lo que el Cirque du Soleil a la farándula, no queda otra que reconocer que hay dos ligas en el gonzo actual: el de las mojigatas que no pasan del anal porque sus objetivos están en sacar dinero de las suscripciones a webs privadas y otros negocios de compra-venta de bienes y servicios, y el de las verdaderas ninfómanas que primero entienden el sexo como una escalada de hostilidades y a las que, aunque les interesa el negocio –de algo tienen que comer–, su idea de hacer caja pasa antes por hacer historia.

En ese pelotón de cabeza del porno audaz, donde también incluiríamos a Holly Hendrix y a Gabriela Paltrova, hay una estrella que parece que no brille con la misma luminosidad instantánea que las demás, pero que lleva amasando una carrera constante, sólida y sin bajarse nunca del burro, y que aquí veneramos como si fuera una divinidad hindú: Casey Calvert.

 

Cortada por otro patrón

Su caso es extraño, porque es una porn star atípica.

Toda su biografía, de hecho, es una sucesión de hechos sorprendentes y desconcertantes. Ahora, por ejemplo, si viéramos a Casey Calvert en acción, nos sorprendería la facilidad con la que se ensarta dos jabalinas negras por las hendiduras más húmedas de su anatomía, pero no hay que olvidar que hasta que no cumplió los 21 años –ahora tiene 27, después de cinco años de carrera en el porno– no perdió la virginidad, según su propia confesión, además con un camionero afroamericano de casi 50 años.

Hasta que no entró en el porno, Calvert apenas se había acostado con diez hombres – “ninguno de ellos menor de 30”, explicaba en una entrevista–, y su mayor experiencia sexual hasta que no decidió retirarse el himen había sido hacer de modelo para una revista fetish. Antes de follar ortodoxamente, había incluso perdido la virginidad por detrás.

Si reducimos su biografía a la iniciación sexual, está claro que Casey Calvert no responde a ningún canon habitual. Todo lo que tenía que haber hecho en su adolescencia lo hizo tarde, al revés, y si ahora fuéramos aprendices de brujo de la psiquiatría, diríamos que le caracteriza un cuadro clínico cuanto menos sospechoso.

Casey Calvert

 

Pero luego la escuchas hablar, y analizas su trayectoria profesional, y lo que vemos es un tipo de perfil más cercano al de Sasha Grey que al de cualquier tarada que se mete en el porno para pagarse sus adicciones.

Casey Calvert no se metió a fondo en el circuito porno hasta que no completó los estudios, es bióloga como Ana García Obregón –de hecho, su apellido artístico lo toma de uno de sus profesores de zoología, el doctor Calvert, que seguramente experimentaría una erección muy animal, y muy biológica, de saber hasta qué punto su influencia a contribuido a la mejora de la especie humana–, ha estudiado cine como amateur y tiene un plan B para cuando se retire, que es dedicarse profesionalmente a la intersección entre estudio científico de la naturaleza y realización con cámara, o sea, hacer documentales.

Así que, una vez más, estamos ante una chica con estudios completados, con un perfil altamente intelectual, que entra en el porno con una mezcla de curiosidad y afán aventurero: no es difícil imaginarse a Casey Calvert haciendo un trabajo de campo sobre sí misma, un método Stanislavski coital para estudiar con detalle filias y fobias de la sexualidad humana.

 

Muy de otro mundo

Cuando comenzó en el porno, Casey Calvert se aprovechó de la que es su principal baza: una belleza natural deslumbrante y un cuerpo sin modificaciones. Nacida en la república ex soviética de Tayikistán y criada por su familia en Florida, Casey Calvert profesa la fe judía y en el aspecto puramente estético parece como si creyera en las diosas griegas, puesto que su cuerpo es como el de una estatua de mármol blanco.

Casey Calvert 6

 

Parece más alta de lo que es –mide 1.60, pero en las escenas parece como si tuviera 20 centímetros extra–, y quizá esa sensación se obtiene porque todo su perfil es como una sinusoide airosa, de unas proporciones que harían que hasta el mismísimo Pico della Mirandola se pusiera palote.

Pies con tersura de crucifijo, piernas largas, pubis angelical –como el de la novela de Manuel Puig–, siempre impoluto de vellos, y unos pechos naturales que nunca se va a operar, como asegura en su página web, lo cual es un consuelo, puesto que la gracia de los cuerpos naturales en el porno es que sean naturales siempre. Para finalizar, una melena negra que cae sobre sus hombros como un Niágara, y un lunar en la espalda, la única mancha en un mar de blanco.

Así que, con esos dones de la naturaleza, lo normal era que Casey Calvert comenzara a rodar escenas para productoras como X-Art o Nubiles, y más tarde en Elegant Angel, y llegó un momento incluso en que el ojeador más avizorado de todo el porno mundial, Greg Lansky, la captó para la serie Blacked –tiene una escena memorable con Jillian Janson, cuando Jillian Janson aún no se había convertido en el palo de una escoba–, pero no estaba en el horizonte profesional de nuestra mujer convertirse en una chica adorable en escenas cuidadosamente iluminadas que ejecutaba siempre las mismas posturas sobre unos lienzos blancos de lino.

Ella quería más, y ya en su segunda escena se atrevió con el sexo anal. Una vez completado ese objetivo en el arranque de tu carrera, ¿qué queda? Acercarte, lógicamente, al centro de la tormenta, al ojo del huracán, al remolino del maëlstrom, avanzar más allá del horizonte de sucesos en el agujero negro, y explorar lo desconocido.

 

Al otro lado del espejo

Cosas que ha hecho Casey Calvert: estrenarse en el sexo interracial a las primeras de cambio, y luego hacerlo con dos hombres zaínos y más tarde con toda una cuadrilla; debutar pronto en la doble penetración e incluso aceptar donativos a pares por el mismo lugar; ganar un premio AVN a la mejor orgía, liderando una escena donde seis actrices en celo se lo montaban con un número parejo de sementales; grabar escenas para Legal Porno en las que salía más enrojecida que un turista alemán en Mallorca, experimentar con juguetes sexuales y, en definitiva, alejarse más y más del mainstream chic, donde podría estar forrándose gracias a su belleza deslumbrante, y acercarse peligrosamente a los márgenes del porno con tendencias extremas.

Casey Calvert

 

Además, le va el sadomaso, y ha hecho escenas con cuerdas, azotes y ese rollo. No tardaremos en ver cómo alguien se le orina encima.

Todas estas líneas están escritas con una intención: reconocerle al César lo que es del César, y a Casey lo que es de Casey, que actualmente es una posición de liderazgo en el porno que, entendido como caso de interés antropológico, presenta hipérboles sobre la sexualidad humana.

No sabemos cómo será la vida privada de Casey Calvert, pues no se le conoce pareja estable ni hace públicos demasiados detalles de su día a día en Twitter, como otras gatas que no hacen más que lanzar puyas a la competencia porque les han robado el novio, pero sabemos cómo es su compromiso con su profesión: sin medias tintas, yendo hasta el meollo de cada escena, buscando apartarse de cualquier mainstream acomodado.

Mientras muchas de sus compañeras de generación buscan escenas relativamente sencillas –chico/chica, sin complicaciones– y lo más a lo que se comprometen es a ponerse unas botas de cuero o echarse aceite, Casey Calvert hace un montón de escenas con cuerdas, con masturbación usando los pies, dejándose meter el puño por el recto o lidiando ella sola contra una jauría de sementales dispuestos a ponerla de vuelta y media, y ella encantada.

Habrá otras que practiquen un porno más extremo, pero no lo hacen todos los días, como Casey Calvert, una ultra del hardcore.

 

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