Vicio y subcultura Skin Diamond más allá del porno

Skin Diamond ha dejado el porno para transformarse en Raylin Joy, aspirante a estrella del R&B. Javier Blánquez, que toca casi todos los palos, pero empezando por la música y el porno, no podía dejar de interesarse por semejante fenómeno.

Skin nueva
Javier Blánquez | 11/08/2016 - 9:35

No hace ni dos años, Skin Diamond era una actriz cómodamente afianzada entre el selecto grupo de chicas que dominaba la industria del porno americano.

Por ejemplo, había firmado un contracto con Mark Spiegler, el agente que gestiona las carreras de las estrellas X con más caché y recorrido, y esa vinculación era la que le había permitido alcanzar metas interesantes como –valga por caso– ser chica ‘Penthouse’, aparecer en una de las portadas de una revista erótica tan prestigiosa como esta, y compaginar el porno delante de la cámara (de vídeo) con un tipo de porno mucho más cuidado, glamuroso, como modelo erótica, delante de la cámara de fotos.

Cuando Skin Diamond consiguió todo esto, y aquí viene lo llamativo, tampoco hacía tanto que había irrumpido en el mercado. Tuvo un ascenso fulgurante dentro de la escala noble del porno: en 2012 ya estaba en plena efervescencia, su nombre aparecía en todas partes y ya en 2014 parecía haber conquistado los cielos.

Sus primeras escenas las grabó en 2009, entró y desarrolló su carrera en paralelo al de otras chicas de su quinta como Riley Reid o Allie Haze, y en seis años, al final, ha acumulado alrededor de 300 escenas en las que llamaba la atención siempre por lo mismo: por su síntesis gloriosa entre delicadeza física y voracidad sexual. Sin duda Skin Diamond era una chica que sabía follar con estilo. Se había convertido en la actriz X favorita de mucha gente. Y además, en un icono emergente del porno con coartada feminista.

 

Cómo ser distinta

Los motivos de su triunfo son variados, algunos muy obvios y otros especialmente insólitos en este mundillo X. Los obvios saltan a la vista: en el porno americano hay un déficit de actrices de raza negra, y aunque en el batido genético de Skin Diamond hay sangre yugoslava, danesa y escocesa, está claro que el tono de su piel no es exactamente ese blanco lechoso que caracteriza a Stoya. Podría decirse incluso que Skin era la porn star idónea para la era Obama.

Y luego está su aspecto rebelde, que le acercaba más a la estética de una ‘suicide girl’ que a la de la típica choni de Florida que se pasa al porno para saciar sus instintos sexuales aún no satisfechos. Skin Diamond aparecía con cortes de pelo audaces (y algunos cortes en la piel que daban a entender que había sido una chica ‘emo’), con secciones de su cabeza rapadas al cero al estilo Skrillex, mostrando numerosos y complejos tatuajes, con el cuerpo muy perforado: cuando se hablaba mucho de porno alternativo –en el que la estética de los cuerpos y de la imagen quería contravenir la norma, y además se quería proyectar una cierta idea de intelectualidad en la representación del sexo–, Skin Diamond siempre estaba ahí.

Trabajó con las principales productoras de su momento, se convirtió en una estrella con seguimiento tanto en el mainstream –o sea, ese público que consume gonzo y no se complica la vida, y que a los diez minutos ya se está limpiando con la cortina– como entre el underground, y sobre todo encontró mercado entre el segmento lésbico y el público más esteta al que le interesa un sexo inteligente, refinado, impredecible.

 

Al infinito y más allá

Lo tenía todo, pero resulta que no era suficiente, y a principios de este año Skin Diamond (ahora es cuando llega la sorpresa) ha dejado el porno.

Se acabaron las portadas de ‘Penthouse’, ya no se pondrá más a las órdenes de Jules Jordan para grabar un trío o una orgía con sementales zaínos, porque aunque no se arrepiente de nada y todas estas experiencias serán siempre una parte de su vida, resulta que Skin Diamond ha querido transformarse en otra persona, la persona real que se llama Raylin Joy.

Raylin Joy

 

Ahora, Raylin Joy quiere triunfar como cantante y compositora. El porno fue una plataforma para darse a conocer, para crecer, para trabajar en los primeros años, pero como ha venido contando desde hace un mes en diversas entrevistas, lo que le pide el cuerpo no es tanto una gruesa tranca venosa como cantar con sentimiento. Es más, ahora mismo sólo concibe esa vía, la de la música, para su crecimiento personal.

¿Les suena esta historia? En el porno reciente va ocurriendo cada vez con más frecuencia que las chicas utilicen la fama que les proporciona la industria para construirse una base de fans poderosa en las redes sociales y, llegado el momento, compaginar una doble carrera –escenas X por un lado, música o cine o moda o lo que sea por otro lado–, y dejar el porno en un momento estratégico.

 

Desnudar el alma

Es lo que hizo Sasha Grey, lo que más tarde ha intentado hacer también Carter Cruise –que aspira a ser DJ, y no a estar sudando entre sábanas blancas–, y es también el caso de Raylin, para quien quedaron atrás los shows eróticos y el mostrarse desnuda. Ahora son otro tipo de shows –está empezando a dar conciertos, en los que hace versiones de Amy Winehouse–, y otro tipo de desnudez. “La desnudez del alma”, dice ella.

¿Triunfará? Parece difícil, porque el mercado al que se dirige Raylin Joy, que es el del R&B, es un terreno complicado y en el que se necesitan muchos padrinos. Rihanna no ha llegado a donde está sólo porque parezca la Reina de Saba, sino porque detrás de un disco suyo se mueven equipos mastodónticos de ejecutivos, publicistas, productores y expertos en márketing que llevan años trabajando en la fabricación de una estrella de dimensiones cósmicas.

El salto de Skin Diamond del porno al soul contemporáneo, al R&B y al hip hop es prácticamente indie: ha grabado por ahora una canción, ‘Fire’, se rodea de un productor amigo suyo, y tiene que trabajar duro para crecer, ahora mismo no es nadie y al lado de Tinashe parece una hormiga escalando el monte Everest.

Pero al menos ha empezado a escalar, y hasta donde llegue. Ha empezado a dar entrevistas, a promocionar su nueva vida y su nueva visión artística, pero tiene lo más difícil por delante: convencer al mundo de que no es una actriz porno que se arrepiente de haber follado tanto, sino un espíritu creativo que se expresa por diferentes vías, ya sea el sexo o la música.

La transición del porno a la vida civil nunca es fácil. Lo más fácil dentro de la dificultad es retirarse del porno y llevar una vida anónima, si se tienen los ahorros o un negocio convencional que dé para vivir (diríamos también que un buen braguetazo ayuda, pero no queremos despertar las iras de la izquierda feminista, así que nos abstendremos de enunciar esa posibilidad), pero el caso es cuesta mucho abrirse camino en el terreno del espectáculo.

Sasha Grey, que fue la pionera de todo esto, tampoco es que esté triunfando. Para ilustrar este desfase entre un mundo y el otro, podríamos comparar el seguimiento que tienen Skin Diamon y Raylin Joy en redes sociales: 164.000 seguidores en Twitter frente a 1.500; casi 300.000 fans en Instagram para Skin, y apenas 5.000 para Raylin. Son la misma persona, pero para su público objetivo no lo es; está claro que, por ahora, la gente prefiere su dimensión erótica y le suda bastante su música, que prefieren a una actriz porno con lecturas en feminismo, filosofía e historia del arte, antes que a otra aspirante a estrella del R&B con vídeos vagamente sexys.

Por supuesto, a Raylin Joy le deseamos lo mejor, y queremos que le vaya bien en la vida, que triunfe y que saque discos. Pero por otro lado echaremos de menos a Skin Diamond, una actriz diferente, audaz, que abrió posibilidades para la implantación popular de un porno de estética alternativa, y que se fue cuando más se la necesitaba. He aquí otro caso de lo difícil que es la transición entre la vida cómoda del porno –aunque socialmente censurada– y la difícil vida normal.

 

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