Vicio y subcultura Strap-on, la segunda iniciación anal

De igual modo que hay vida más allá del sexo anal en el porno, hay sexo anal en el que no hacen falta penes. Nos lo argumenta Blánquez en lo que denomina “la segunda iniciación anal” de las chicas triple X.

Strap-on
JAVIER BLÁNQUEZ | 11/12/2017 - 12:21

En el porno de los últimos años, una de las estrategias de márketing de más éxito, y la que sin duda ha conseguido fidelizar más al público y mantenerlo en constante atención, ha sido darle entidad propia a la categoría del sexo anal y, de paso, presentar como un si fuera un gran acontecimiento histórico cada vez que una actriz de moda, o con trayectoria larga pero incompleta, daba el paso y se atrevía con su primera vez ante la cámara levantando la verja de su puerta trasera.

Como decían los clásicos, y a nosotros nos viene muy bien por el doble significado semántico de la expresión, era algo digno de figurar en los anales: en la actualidad, la mayoría de carreras en el porno se miden y se justifican en función de lo que se ha hecho, cómo se ha hecho y con qué frecuencia, y de la misma manera en que chicas con larga trayectoria jamás han practicado el sexo anal en público –Dani Daniels, por ejemplo–, otras han tardado años en dar el paso –Nicole Aniston no se estrenó hasta hace pocas semanas–, y las hay que se han retirado, o han fallecido prematuramente sin dar a sus seguidores ese gusto –el último caso, el de la malograda August Ames–, hay otras que han dado un enorme paso en su carrera simplemente eligiendo el momento oportuno para aventurarse en terrenos desconocidos.

Jenna Sativa

 

Hay primeros anales legendarios, o primeros anales mediáticos, como todos los que está cosechando la productora Tushy, y que antes, normalmente, conseguían marcas como HardX o Elegant Angel. Por ejemplo, hubo una época en la que Manuel Ferrara era el actor preferido por las productoras para llevar a sus actrices por el camino correcto, o sea, el camino recto –él fue quien dio la alternativa a estrellas de primer rango como Asa Akira o Tori Black–, y justo después quien más obtenía la responsabilidad y el privilegio de desflorar por la retaguardia a diferentes chicas importantes fue James Deen, el desvirgador de Lexi Belle.

En la actualidad, son Mick Blue y Jean Val Jean los beneficiados de esta rueda incansable, y ya sea por sus manos o por la de otros compañeros de profesión, poco a poco han ido abriéndose camino por el placer griego figuras importantes del porno de hoy como Riley Reid, Eva Lovia o Lana Rhoades, a la espera de que las que faltan por hacerlo den el paso, seguramente en 2018: Kendra Sunderland, Kenna James, etcétera.

 

El anal 2.0

Ahora bien: hay una segunda iniciación anal que se está poniendo de moda en estos últimos meses, que está generando una producción importante, y que hay que situarla en un contexto muy diferente al del anal con carne en barra, que es el anal con cuero o plástico mediante el uso de ese artefacto tan utilizado entre lesbianas y parejas fluidas que es el strap-on.

El strap-on, ya se sabe, es una especie de arnés o cinturón que tiene ubicado en su extremo un pene sintético en estado de erección y siempre con una medida estándar –más cerca del que usted gasta que el que tiene Mandingo, para entendernos–, perfectamente adaptable a cualquier tipo de orificio presto a abrirse para la ocasión

El strap-on tiene, lógicamente, dos usos principales: en parejas de mujeres, permite una penetración vaginal sin que haya un hombre de por medio –y las entendemos; los hombres son un agobio, y a veces ni quieren follar y, cuando quieren, se corren pronto y te dejan a medias, y eso no puede ser–, y en parejas mixtas permite que el hombre pueda ser perforado analmente por su pareja, que aunque no lo parezca hay muchos gays que se casan con lesbianas y necesitan amor igualmente.

Keisha Grey

 

Pero volvamos al caso de las parejas de lesbianas.

El strap-on sirve para meterlo por la gruta húmeda y rosada, pero también por la que hay un poco más arriba, y esta es la sutil variante que desde hace un tiempo utilizan productoras especializadas en porno lésbico como Girls Way, We Live Together o LesbianX, que es la del primer anal de una actriz que en el porno convencional ya ha sido penetrada por un hombre, pero que nunca lo ha sido por una mujer utilizando el strap-on.

Ejemplos: no hace muchas semanas, nuestra siempre estimada Keisha Grey –que desde que tiene Twitter se ha transformado en una entrañable locaza del coño–, que ya venía practicado el anal con generosidad desde hace al menos dos años, decidió dejarse penetrar también por una mujer, y lo hizo en compañía de su buena amiga Abella Danger.

De acuerdo, no es lo mismo, pero es un giro de guion que está haciendo que ver porno lésbico vuelva a ser sorprendente, porque lo normal es que haya un duelo de lengüetazos, un poco de maniobra digital y con suerte una tijera, y luego el director dice ‘corten’ y se van a la ducha.

Con el strap-on hay una acción más interesante, y se pueden crear más papeles como el de la mujer-hombre dominante y la mujer sumisa que quiere recibir plástico en barra. A veces el sexo no deja de sorprendernos: cuando creías que se había inventado todo, aparecen cosas nuevas que llegan al mainstream y encima mueven dinero.

Abella Danger

La reina del pene artificial

Una de las mayores especialistas en desvirgar analmente a sus compañeras de profesión está siendo en estas últimas semanas la actriz 100% lésbica más célebre de estos años, la gran heredera de Malena Morgan, y la única dominadora del circuito desde que Eva Lovia decidió dar el paso y dejar de encamarse solo con chicas, y hacerlo también con varones. Jenna Sativa, a quien aquí calificamos como la reina del cunnilingus, también se están convirtiendo en la reina del pene artificial, la impulsora de la subescena lésbica de las ‘chicks with dicks’ –pero que no tiene nada que ver con la participación de transexuales, esa sería otra variante aún más retorcida que, por el momento, ni nos planteamos desglosar aquí–, y cada vez que tiene la oportunidad desflora a una compañera y la deja pidiendo más.

Jenna Sativa utiliza dos técnicas: primero, el dildo manual –si te meten un trozo de silicona utilizando la saliva y la mano cuenta como anal, de igual manera que valen los goles de rebote y en propia puerta–, y luego el strap-on, que es una solución más dinámica, más sudorosa y mucho más efectiva si tenemos en cuenta que esto es un espectáculo, visualmente opulento, y que hay que hacerlo ante la cámara. No es lo mismo un poco de atletismo que un poco de fontanería: mejor lo primero.

Jenna Sativa

Jenna Sativa se encargó no hace mucho de la iniciación anal en un contexto lésbico de Ariana Marie, y ya son muchas las que hacen cola esperando el momento.

¿Qué tiene de especial? Nada, en realidad; algunas ya tienen el esfínter entrenado en estas lides, y les puede pasar como algunas chicas pequeñitas, que cuando tienen que rodar con monstruos marinos como Dredd o Mandingo no tienen problemas en introducirse esas morcillas de Burgos por un sitio tan pequeño.

Pero tiene de especial la variante divertida, la novedad, lo diferente, y sobre todo tiene un ángulo que el márketing ha sabido explotar para vendernos como algo importante y un gran paso en la carrera de una actriz el hecho de que lo importante no sea su primera vez por detrás, sino su segunda vez pero, en vez de con un hombre, con una chica con un cinturón y un cacho de silicona ahí colgando. Y ahora, una pregunta estúpida: ¿por qué los strap-on los venden sin testículos?

Porque puestos a inventar prácticas sexuales raras, habrá a quien le guste chupar también dos bolsas que cuelgan. Imaginen que además vienen con sabores, y que tienen gusto de fresa, de té macha o cilantro. Que la gente es muy rara y le gustan cosas que ni imaginamos.

Ariana Marie

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