Vicio y subcultura Tenemos que hablar de Legal Porno

Placer culpable de varias hornadas de pornófilos, esta productora de Europa del Este y especializada en gonzo extremo está entrando en su edad de su oro con fichajes tan espectaculares como Adriana Chechik.

Adriana Chechik
Javier Blánquez | 19/03/2018 - 10:13

En ‘Primera Línea’ somos muchas cosas: algunos somos padres de unas hijas preciosas –a un servidor le llega la segunda en octubre; felicítenme–, y también gente humilde y trabajadora; otros somos deportistas de alto nivel e incluso hay casos de compañeros que han militado en partidos políticos que ustedes ni se imaginan.

O sea, que por un lado somos personas normales, y por otro nos va el rollo duro, estamos enganchados a las emociones fuertes. Y, cómo no, nos gusta el porno, porque si no estaríamos escribiendo en la revista ‘Woman’, y no aquí.

Pero a la hora de destilar uno el gusto por el porno, hay diferentes límites que hay quien prefiere no cruzar, a veces porque la ley o las condiciones de uso de las plataformas que manejamos no nos lo permiten –por ejemplo, ya nos gustaría mostrar desnudos integrales y coitos en Facebook o Instagram, pero nos cerrarían la cuenta–, y en ocasiones porque en el porno el gusto se desarrolla y evoluciona a medida que uno se sumerge en ese infinito mar de humedades, lefa y otros fluidos del cuerpo.

En el caso de ‘Primera Línea’, nuestro equipo es heterodoxo: una facción, digamos que la más conservadora, se queda con el rollo glam de chicas guapas y un pelín guarrillas, y hay quien ya está de vuelta de todo y le gustan cosas como el sexo con amateurs, chicas en silla de ruedas y otras corrientes extremas. Y luego estamos los que nos situamos en un término medio, y lo que nos gusta es el estilo de escenas del estudio checo Legal Porno.

Legal Porno

 

Algo salvaje

Tenemos que hablar de Legal Porno.

En serio, es importante. No es una de las productoras más populares (o publicitadas) del mundo, no es tan conocida como Brazzers, Digital Playground, Elegant Angel o el cuarteto de plataformas con las que ha construido su imperio el envidiable Greg Lansky, pero en cuanto a porno duro, sin cortar, buscando los extremos más peliagudos y además haciéndolo con constancia y manteniendo una línea de calidad indiscutible, podría decirse que ha sido el sello underground por excelencia de los últimos cinco años.

Legal Porno no es mainstream, pero se ha propagado su calidad entre los pornófagos más exigentes gracias al boca-oreja, y tenemos que admitir que aquí hemos llegado a llenar discos duros hasta arriba, terabytes y terabytes de cerderío supremo, con el catálogo de esta casa que nos ha dado visiones tan perturbadoras como prolapsos anales pustulosos tras una triple penetración a cargo de sementales negros, litros de orina depositados en la boca de una actriz como si fuera uno de los pantanos inaugurados por Franco (Paco, no James) y escenas de gang bang en las que una eslava rubia y delicada era empalada por no menos de siete discípulos de Rocco Siffredi entrenados en la exigente escuela del porno de Europa del Este.

Y siempre sin que las chicas pierdan las sonrisa ni la concentración, que serán aventureras, pero también profesionales. Si hablamos de hardcore extremo, la mejor mierda hay que buscarla aquí, no le quepa duda a nadie.

 

Una productora muy singular

Los orígenes de Legal Porno son difusos, pero rastreables. A principios de siglo, una productora checa llamada Sineplex empezó a rodar escenas gonzo sin descanso, y llegó a acumular un archivo de más de mil ejercicios de porno típico de aquella época, aquel en el que se abusaba de manera proporcionada con chicas guapas, del tipo eslavo o italiano, y que recibían con fruición una media de tres penes por ejercicio físico.

Legal Porno

 

Belladonna, por ejemplo, hizo varios trabajos para ellos. Si tenemos que ponernos generalistas, hay que reconocer que el porno americano es más conservador en los guiones, aunque tiene a los mejores especímenes femeninos, pero si lo que buscamos es guarradas sin cortapisas, entonces la mejor mierda se ha estado haciendo en Europa, de la mano de Pierre Woodman, Rocco y, muy al principio de todo, productoras como Private.

Sineplex era una versión aún más a destajo y extrema, hasta que en 2012 se alió con otro estudio pujante llamado Gonzo, y que no hay que explicar qué hacían, que queda bien claro. Justos desarrollaron una plataforma conjunta llamada Legal Porno a la que pronto se han ido sumando nuevas productoras que, aunque tienen un enfoque más específico o especializado (anal, interracial, lucimiento de una actriz en concreto, etcétera), se distinguen por buscar los límites del porno heterosexual.

Hoy, Legal Porno acoge marcas como Giorgio Grandi, American Anal, Tarra White, No Rest for the Ass, First Gape o Assablanca. Por ejemplo, Assablanca y American Anal son la puerta de entrada a medida de varias estrellas populares del triple X yanqui para hacer escenas más duras de las que normalmente les piden en California y FloridaVeronica Avluv ha rodado ahí algún gang bang, hay una DP de Kelsi Monroe que jamás se atrevería a hacer Greg Lansky, y almacenan parte del material más duro de Aidra Fox, Aaliyah Hadid o Jillian Janson, que justo ahora acaba de debutar–. Pero donde está la verdadera chicha es en Gonzo.

Gonzo es un estudio independiente, y Sineplex ya no forma parte de Legal Porno, pero la fama que han adquirido las escenas de Gonzo es tanta que se suele identificar su material con el de un supuesto estudio radical llamado Legal Porno con un catálogo infinito y diferentes subsellos donde a veces se pasan tres o cuatro pueblos más.

En cualquier caso, nos entendemos: en sus más de 1300 escenas publicadas hasta la fecha –sale una media de una escena al día, o sea, un maná para los aficionados al porno durísimo–, Gonzo / Legal Porno le ha sacado los colores a cualquier otro estudio que se las quiera dar de duro y lo más que se haya adentrado en los vericuetos espinosos del hardcore haya sido contratar una escena interracial.

May Thai

 

Verlo para creerlo

En el material de Gonzo hemos visto cosas que, como diría el replicante de ‘Blade Runner’, vosotros humanos nunca creeríais. Hay prácticas, técnicas y variantes que, aunque no son exclusivas de los estudios de Legal Porno, son aquí donde mejor se practican.

Por ejemplo, las escenas con dos o más actrices en las que no hay nunca penetración vaginal –todo es anal, y casi siempre por partida doble; además, hay hasta alguna que otra DP lateral, con la actriz montando dos barras de carne al estilo cowgirl, lo que implica ensanchar los labios en horizontal y no en vertical, lo que nos parece una animalada–.

Por ejemplo también: la exhibición en primer plano ante la cámara del destrozo provocado por los martillos pilones en el ano, que luce enrojecido y saledizo (lo que en argot se llama ‘gape’, o sea, el prolapso de siempre). Y aún más: momentos culminantes en los que los actores, antes de derramar la semilla, escancian también la vejiga mientras ellas se corren con chorros fuertes, y alguna que otra incursión en terrenos como el fisting hasta el codo, la triple penetración y cualquier otra cosa que te deje los intestinos como si fueran picadillo.

Esta es una razón por la que las actrices de Legal Porno duran tan poco en el negocio: rodar diez escenas para ellas es como haber trabajado 20 años en una mina de Asturias, y de ahí que algunas leyendas jóvenes de la casa ya estén desaparecidas, como Monika Wilde, y otras como Charlotte Sartre o la tremenda belleza rusa Kira Thorn, una de las rubias del momento que más nos recuerdan a la añorada Lexi Belle, parece que ya estén en su tramo final en la profesión, o buscando otros territorios en los que proseguir su carrera sin poner en peligro sus vísceras.

Holly Hendrix

 

A pesar de todo, la supuesta dureza de Legal Porno está muy bien planificada, y siempre con consentimiento, por supuesto: de hecho, cada escena parece estar lejos de la improvisación caótica de una orgía a cholón, sino que a veces da la impresión de ser un ballet anal, el equivalente porno a una escena de tiroteo en una película de John Woo. Una razón más que fideliza al público y le anima a seguir consumiendo hardcore extremo.

 

Últimos fichajes

Una de las últimas novedades de Legal Porno es que, lejos de conformarse con reinar en Europa, ha parecido querer invertir la tendencia en el porno mundial, según la cual las actrices europeas tienen que irse a trabajar a Estados Unidos para alcanzar reputación y fama en su gremio, y cada vez más están atrayendo a algunas de las estrellas yanquis más predispuestas a la cosa dura para que hagan viajes a Praga y se marquen un par de escenas con un contenido y un voltaje que raramente les dejarían hacer en Brazzers.

Antes hemos apuntado los nombres de Veronica Avluv y Jillian Janson, actrices muy cotizadas en sus respectivas categorías –una como MILF, que anunció que se retiraba, pero ha vuelto, y ahora está haciendo hasta bukkakes para la productora de Torbe; la otra como rubia bella y esquelética con tendencia a lo guarrindongo–, pero son más las que podríamos sumar a la lista.

Legal Porno

 

No hace mucho, Valentina Nappi firmaba un trío con los dos sementales más cotizados del momento, Markus Dupree y Mick Blue, y en el foro de la página web de Legal Porno se anunciaba hace unos días a bombo y platillo que Adriana Chechik ya está contratada para rodar una escena en abril, y que sospechamos que va a ser más explosiva que una carga de dos toneladas de trilita. Casey Calvert ha pasado por ahí, también Holly Hendrix, Henessy y nuestra Nekane. Incluso Abella Danger con Janice Griffith. Legal Porno es el refugio de las más valientes.

¿En qué momento de una vida pornófila se llega a estos extremos?

Seguramente no tenga tanto que ver con el gusto por lo más hardcore, sino también por la calidad de la producción de Legal Porno, que aunque lo ruedan casi todo siempre en el mismo sofá blanco más sucio de leche que el suelo de Pascual, cuidan bien los movimientos de cámara, el sonido, los ángulos de encuadre, la iluminación y, por supuesto, el ganado, tanto en sementales como en hembras.

Así que, antes de que nos lo vuelvan a preguntar, lo admitiremos y lo haríamos también ante un juez: Legal Porno es un placer culpable.

 

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