La mancha blanca Valentina Nappi es una respondona

Nappi, tal y como la ve Elisa Victoria, es la actriz porno intelectual que se impacienta con sus compañeros de rodaje porque no soporta que su talento se eche a perder. Eso sí, en cuanto se enciende la cámara, lo da todo por su público.

Valentina Nappi
Elisa Victoria | 20/02/2016 - 13:56

A Valentina hay que mostrarle un respeto especial.

Muchas veces sus compañeros de rodaje no se dan cuenta. Cuando la ven llegar pisando fuerte con toda esa carne turgente tan bien empaquetada, se hacen un lío y le preguntan una chorrada detrás de otra pensando que están caldeando el ambiente.

De donde debía esperarse pleitesía emana cierta prepotencia, cierta urgencia por manejar de alguna forma a una mujer de semejante presencia, por dominar a la fiera. Ella es italiana y expresiva y se le nota mucho el carácter. Es contestona. Nunca se calla porque sus interlocutores no suelen estar a la altura y se aburre. Mira al techo, replica, le da rabia que su propio potencial se desperdicie.

Es una gran artista harta de que le hagan la misma entrevista tonta en la que se pretende torpemente dejarla de tonta a ella, como si fuera fácil engañarla. Apenas puede aguantarse los resoplidos. Aun así, decepción tras decepción, se mete en el papel para la escena y lo da todo por su público.

Con algunos actores pasa lo contrario, que un profundo interés por la sexualidad humana les une y establecen un vínculo que perdura en el tiempo, un vínculo que no es fingido. Como colegas de laboratorio, como esa correspondencia que mantienen los grandes teóricos de cualquier materia.

La cosa es que Valentina tiene un acento irresistible, que es muy dada a cierto activismo difícil de clasificar y sobre todo que es muy guarra. Sobra decir que para mí y para mucha otra gente de buen corazón la palabra guarra entraña un cumplido, pero hay quien encuentra contrariedad en el término y le saca connotaciones perversas. Es precisamente esa confusión la que tanto irrita a nuestra chica, que es tan cochina porque ha querido, porque le atraía el tema y se le daba muy bien.

Yo no me entero de casi nada de lo que dice pero en su tierra la llaman empollona y se la ve poniendo a Kant sobre la mesa. Añadamos que me encantan sus vestidos apretados y su ropa interior, que siempre se ríe cuando junta los brazos para menear las tetas con picardía.

Algo me dice que Jesús Franco se habría vuelto loco por ella.

Puedes encontrar la versión íntegra de esta entrega de La mancha blanca, la sección de Elisa Victoria, en el número de marzo de ‘Primera Línea’, ya a la venta.

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