Vicio y subcultura Carter Cruise y el porno ‘swagger’

Carter Cruise ha subido de estatus. Acaba de convertirse en una de las contadas actrices de la industria con contrato exclusiva para películas ‘con argumento’, edita mixtapes y alterna con la élite de la música electrónica. Blánquez celebra el gran salto adelante de la actriz porno con más recorrido desde Jessie Andrews y Sasha Grey.

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Javier Blánquez | 10/12/2015 - 11:17

En su autobiografía ‘Insatiable. Porn: A Love Story’ (2014), Asa Akira explicaba que para una actriz porno el momento de la consolidación definitiva llega cuando dejas de hacer escenas gonzo a granel, aunque fuera para productoras con amplia difusión en el mundillo del folleteo, y pasabas a participar casi exclusivamente en ‘feature films’, que es lo que siempre hemos conocido como ‘porno con argumento’.

Se supone que en estas películas con una cierta base de guión -paupérrima casi siempre, pero algo hay- las cosas se hacen con más gusto y estilo, que no se trata únicamente de empezar a sobarse a saco y luego pasar a mayores, hasta que el hombre echa todo el grumo y se funde a negro, y por tanto es como subir un escalafón en el estatus.

Quizá es la expresión de un complejo de inferioridad, pero hay demasiados billetes en juego como para quitarle la razón.

 

Actrices con argumento

En realidad, chicas en el porno que alcanzan ese nivel hay muy pocas, y aunque haya muchos aficionados a bajarse escenas, aliviarse con la mano que toque según se sea zurdo o diestro, y luego pasar el trapo por la pantalla del ordenador, esa podría ser una buena medida para calcular quién está en la cima del negocio y quién no.

Hay otro baremo mucho más equitativo, que es el de los premios AVN que cada mes de enero se conceden en Las Vegas, pero éstos son un buen referente para saber cuándo una carrera explota y crece, no para arrojar certezas sobre evoluciones consolidadas y longevas. Porque la vida útil de una actriz porno suele ser más breve que la de un concursante de ‘Gran Hermano’. Asa Akira, por ejemplo, ya no se lleva premios a carretadas, pero tiene un contrato astronómico que le permite vivir como la Reina de Saba. Así pues, el éxito en el porno se puede medir así: cobrar mucho por trabajar poco, y a poder ser de manera exclusiva. Y cuanto más tiempo mejor (ya se sabe que siempre te puedes volver MILF).

 

Parodias en exclusiva

Carter Cruise, rubia de ojos claros y sangre india al cincuenta por ciento, quizá sea la estrella con un ascenso más fulgurante de los últimos años, ya que se inició en la industria en agosto de 2013, con 20 años -de esto hace dos años apenas-, y poco antes de esta última noche de Halloween hacía público que firmaba un contrato de un año con Axel Braun para rodar únicamente en las producciones del magnate italiano, famoso por sus incansables -y un poco cutres, pero ahí está la gracia- parodias de grandes fenómenos de la televisión y el cine siempre con la coletilla XXX.

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El boom de Carter Cruise, en realidad, hacía tiempo que se veía venir, y no únicamente porque su irrupción en el porno fuera aire fresco -en un mundillo con tanta rubia de bote siempre llama la atención una rubia natural tirando a cobrizo con mirada limpia, sonrisa sincera, piercings, tatuajes y un cierto desprecio por el gimnasio y la comida sana, confiándole a la juventud, y no al cuidado meticuloso de las dietas, todas las cualidades de su belleza-, sino porque a la hora de ejercer rápidamente se atrevió con todo.

La industria del porno está un poco huérfana de chicas aguerridas, atrevidas y sobradas de carisma desde que lo dejó Sasha Grey, sin duda la porn star más influyente del siglo XXI -sólo hay que ver cómo muchas de las jóvenes generaciones, de Keisha a Karlee, deciden utilizar el apellido artístico Grey para triunfar en el gremio-, y sobre todo capaces de ofrecer un discurso intelectual que vaya más allá de los lugares comunes.

Tampoco es que Sasha Grey fuera en realidad una aspirante a entrar en la Real Academia de la Historia, pero tenía esos referentes darkies bastante bien seleccionados, y cuando salía del porno supo colocarse adecuadamente en películas y discográficas guays que le otorgaron un aura cultureta que siempre viene bien para trascender los grosero y afianzarse en lo hipster. En realidad, la porn star que ha roto moldes en los últimos años es Stoya, pero Sasha siempre tuvo algo más, de marketing y de cerderío. Quizá fueran los enemas de leche, lo rápidamente que relajaba el esfínter o el comérselas a pares: la combinación de cerebro (algo) y guarreridas españolas (muchas) funciona de perlas.

Carter Cruise sigue el mismo camino, y ahí la tenemos, escalando las cumbres del éxito después de dos temporadas en el negocio, un doble galardón en los últimos AVN que sólo había conseguido antes Jenna Jameson -actriz del año y debutante del año; lo que se dice llegar y besar el santo-, y además la reputación de no estar renovando únicamente a Sasha Grey, sino también a la otra actriz referente en lo que podríamos llamar el ‘porno hipster’, Jessie Andrews.

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Porque, al igual que Andrews, Carter Cruise lleva unos meses abriéndose camino en el circuito de la música electrónica en Estados Unidos. Es la típica chica que después de pegar un polvazo con James Deen, se seca los dos litros de lefa de la espalda, pilla el coche y se baja a pasar una velada de indie y subidones en el festival de Coachella, y que por consiguiente se relaciona con productores de EDM chusca y tiene el portátil equipado con Traktor para marcarse sesiones de DJ allí donde le pidan -y cobrándolas a precio de jabugo-.

 

Grande en las redes

No hace mucho, un fan le interpeló en Twitter -Carter Cruise es una adicta a esta red social, no se calla nunca y suele responder, sobre todo si le faltas el respeto- y le recriminó que se retirara de la industria para intentar ‘hacerse un Jessie Andrews’. La (medio) salida de Jessie Andrews del mundillo del porno fue un poco triste, porque dejó huérfanos a muchos de sus fans -un público mayormente irónico, cultivado, capaz de disculparle sus torpezas con el sexo porque de vez en cuando colgaba en internet una mixtape de house-, y sería muy duro que Carter Cruise también lo dejara justo cuando está en la flor de la edad y habiendo demostrado que para follar sirve mucho. Ella se lo plantea como un trampolín para alcanzar otras metas en el futuro -puro patrón Sasha Grey-, como por ejemplo publicar libros, grabar discos y quizá convertirse en icono feminista, y ya ha dicho que no se retira: que sólo va a forrarse con su contrato exclusivo mientras le queda tiempo libre para desarrollar su imagen de marca.

Esta imagen de marca pasa, sobre todo, por los cuatro volúmenes que tiene publicados de ‘Cruise Control’, una serie de mixtapes -se pueden bajar de su página de Soundcloud– en las que nuestra protagonista le da con cierta mano hábil a los controles de la mezcladora (digital), tocando el ratón del Mac como si fuera el botón del clítoris, y esturreando toda la mezcla con fogonazos trap, explosiones de micro-líneas de bajo en cada drop, y tendiendo puentes entre el hip hop taleguero y el house bombástico. De hecho, calificarla de hipster sería incorrecto -a pesar de que amenaza con publicar sus textos en un futuro no lejano-: ella es una perfecta swagger.

También lo es en sus escenas: hay pocas actrices que tengan esa seguridad a la hora de afrontar cualquier reto sexual, y quizá ese carisma -sumado a una belleza juvenil, sin retoques, magnética gracias a la profundidad marina de su pupila- fue el que rápidamente la llevó a la exclusiva corte de Mark Spiegler, el agente más poderoso del porno en Estados Unidos, representante de las actrices más en forma del momento, de Anikka Albrite -otra actriz que, además de tetas y culo, tiene estudios; en su caso es bióloga, como Ana Obregón– a Riley Reid, la pionera en volver a poner de moda el matojo, tras muchos años de imperio de la depilación brasileña.

 

Otro peldaño hacia la cima

Ahora, Carter da el siguiente paso, que es afianzar una exclusividad temporal con Axel Braun -un movimiento que en los últimos meses sólo ha igualado Eva Lovia, que del porno lésbico ha pasado a ser actriz hetero en las producciones de Digital Playground-, y que en su caso está perfectamente calculado. Se despide del gonzo con la última escena que ha empezado a circular por ahí, un lésbico tirando a extremo con la última bomba latina, Abella Danger -que le mete un dildo por la retaguardia, se hacen fisting mutuamente y no paran de escupirse durante cuarenta minutos altamente cochinaceos-, y a partir de ahora se recluirá en un porno paródico, medio soft y muy lucrativo para tirar adelante su carrera en el techno y escribir sus memorias.

Se lo puede permitir porque en un abrir y cerrar de ojos ha tocado la cima, y parece que sabe perfectamente cómo mantenerse. En vez del nombre Carter Cruise -que nos recuerda tanto a una polilla de metro cincuenta que recaba fondos para la cienciología-, nuestra mujer debería llamarse como aquella banda indie de los 90, Carter USM (the unstoppable sex machine). O sea, que la amamos, y la llevamos por igual en el iPhone -chunda, chunda- y en nuestro corazones -fap, fap-.

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