Vicio y subcultura Kate del Castillo, loba suprema

La cumbre de la delincuencia pop ya no es, según Blánquez, la Pantoja, sino está señora mexicana de muy buen ver que toca todos los palos, del culebrón al trapicheo, y cultiva relaciones peligrosas con narcotraficantes.

Kate del Castillo
Javier Blánquez | 25/01/2016 - 11:20

Cuando estalló el escándalo de Kate del Castillo, que se comunicaba con el emperador de la zarpa, Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán, como si fuera Bárcenas enviando mensajes al móvil del presi, lo más angustioso del caso no fue advertir cómo una actriz puede codearse de esa manera tan salada con un narcotraficante, sino comprobar cómo está de vacío nuestro conocimiento sobre las sex symbols de telenovela.

En este mundo tan saturado y acelerado, en el que la atención te pide estar por la basura de los reality shows, las tertulias políticas, los nuevos estrenos de Tarantino, los libros que publica Jacobo Siruela, el trap, el techno, ‘La guerra de las galaxias’ y las guarrillas del business, uno no tiene tiempo para investigarlo todo y al final van quedando lagunas por ahí. La memoria se queda atascada en los tiempos de Sonia Braga -nombre apropiadísimo el de aquella estrella brasileña del culebrón- y Cristal, o sea, Jeanette Rodríguez.

Desde entonces, hay que admitirlo, el tipo de televisión que nos suele interesar -a usted también le ocurre, admítalo- es otra.

 

Palabras mayores

Luego resulta que Kate del Castillo es La Reina del Sur, la protagonista de esa serie a medias entre Antena 3 y Telemundo basada en la novela de Arturo Pérez-Reverte -viva Don Arturo, la apoteosis del escritor macho, que vota a bríos y extrae el alfanje a la más mínima brega en la posada, que jura por su honor de hidalgo que no quedará vivo un solo hideputa que no cumpla los más mínimos requisitos de inteligencia-.

Pérez-Reverte venía de publicar ‘La carta esférica’, una novela sobre tesoros, aventuras y jesuítas, muy inspirada en los tebeos de Tintín, y en 2002, cuando ya llevaba cuatro entregas de Alatriste y no le faltaba el dinero, se lanzó a escribir una historia de droga y poder, el relato de una mula de Melilla que, tras pasar unos meses a la sombra pillada in flagranti cargando con costo, se echa a la espalda el negocio del tráfico y se convierte en la reina que maneja el negocio de la coca y de todo lo que se menea. No fue su mejor novela, pero sí una de las más peliculeras, y al cabo de nueve años la transformaron en culebrón.

 

Basada en hechos reales

Lo más divertido del caso Kate del Castillo es, por tanto, cómo la vida imita al arte. Kate es, situémonos, esta señora mexicana con un aplastante cum laude en MILF, ídolo local de la televisión y el famoseo que estaba en el momento justo de hacer chup chup internacional, primero por ‘La Reina del Sur‘, donde protagoniza y manda con mano de hierro, y también por haberse nacionalizado estadounidense y, por tanto, tener plena libertad para trabajar para los grandes estudios del momento: estaba ya cerrado su papel protagonista en una serie para Netflix en la que interpretaría a la presidente de México, una especie de ‘House of Cards’ a la manera latina.

Y Kate es, también, una de las divorciadas de oro de toda la América hispana, dos veces separada -de un futbolista y de un empresario-, libre como el viento, en su más espléndida madurez y en la cúspide de su carrera. Lo que se conoce como un mirlo blanco.

Kate del Castillo

 

Entonces llegamos al episodio del Chapo Guzmán, un narco con más fugas que el Vaquilla y más dinero que Amancio Ortega, el capitoste del narcotráfico mundial, el hombre que maneja la blanca que le compras a tu camello cada finde a 60 el gramo, la que corre por tus venas -como los litros de alcohol de Ramoncín– cada vez que la aspiras por ese billete de 500 enrollado que guardas para las grandes ocasiones.

La fiscalía mexicana le tiene echada la zarpa -esta vez como sinónimo de garra, no de farlopa- porque al parecer el Chapo había utilizado una de las empresas de Kate, una destiladora y distribuidora de tequila con sede social en el estado de Delaware, para blanquear el dinero de la droga. Las sospechas son firmes y las pruebas aportadas por ahora muestran muchos visos de veracidad: parecería como si La Reina del Sur en la ficción quisiera ser también La Reina del Norte en la realidad, una experta en relaciones peligrosas que cuando no está delante de la pantalla haciendo de mala malísima, está detrás del escritorio manipulando la contabilidad y tramando planes con gente prófuga de la ley.

Kate del Castillo

 

Desde que saltó el escándalo Kate vs. El Chapo, se han sabido muchas cosas. La primera, que el Chapo sudaba testosterona cada vez que sonaba el nombre de esta rotunda hembra, que para él debe ser como en su día Mar Flores para Fernández Tapias, una sex symbol incuestionable, presa de caza mayor para el hombre potentado que no piensa detenerse hasta conseguir lo máximo, ya sea una noche de pasión o una boda.

El hombre con dinero, aunque esté perseguido por la DEA, la justicia federal mexicana, la Interpol y Mortadelo, siempre quiere hacer valer su poder y su manera más sonora de dar un puñetazo en la mesa es siempre llevándose el chirri más codiciado de su entorno. Y Kate, pues nada, se deja querer. Se dice que es una desafecta al sistema mexicano en algunos aspectos, que siente más simpatía por los marginados y los perseguidos que por los jueces. Se sospecha que le gusta más el dinero que al yerno de Aznar. Si la conexión se hace, la conexión se refuerza.

 

El día después

Ahora habrá que ver en qué queda todo. Si Kate del Castillo cae en desgracia, como Toño Sanchís, el espectáculo mediático será tremendo. Nunca más podrá volver a Marbella a ponerse hasta arriba de marisco y bronceador solar, luciendo ese cuerpo pulido con esmero en las tablas de ejercicio y las máquinas de cardio del gimnasio, y si tiene que volver a trabajar en la tele ya sería como extra de ‘Orange is the New Black’.

Luego habrá que ver si a Sean Penn le toca alguna pedrea: a través de Kate del Castillo consiguió entrevistarse con El Chapo, según él para escribir un artículo en ‘Rolling Stone’ que tendría que alertar sobre la necesidad de endurecer la guerra contra los cárteles, pero según algunos como gesto de desprecio al orden social, reforzando así su papel de Willy Toledo yanqui, el actor de izquierdas desafecto al establishment y defensor de Cuba, Chávez/Maduro y (aquí nos ponermos en el papel de tertuliano medio de ‘El Cascabel’, tipo Alfonso Rojo) la caterva de Podemos.

Kate del Castillo

 

Volviendo a Kate, señora que parecía imperial y digna y que ahora resulta que tiene más zonas oscuras que el alumbrado de Madrid, hay que reconocer que es una perfecta musa para esta sección: el vicio lo lleva de serie, se ha metido en fregados de los que cualquier estrella de su nivel huiría como si fuera un foco de infección de ébola. Parece que defrauda, que se mete, que trapichea y que utiliza armas de femme fatale para vaya usted a saber qué clase de negocios misteriosos.

Queremos saber más: posiblemente estemos ante la bitch del año. Creíamos que la cumbre de la delincuente pop, folclorizada, mediática y con temperamento era la Pantoja y ya vemos que no, que al lado de Kate del Castillo –que mueve hilos, zorrea y afana– nuestra Isabel es poca cosa, como mucho comparable a Winona Ryder hurtando unas bragas en Mango.

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2 Responses to Kate del Castillo, loba suprema

  1. Para nosotras en México Kate del Castillo es un grandiosa, la tenemos como icono. Es una madura muy linda, todas nos gustaría estar como ella.

  2. Tatu moraga dice:

    Que mexicana mas bella con 42 años,es una maravillosa mujer,es mi mexicana favorits

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