Vicio y subcultura Las memorias de Lisa Ann cortan el rollo

Blánquez se ha dado un chapuzón en las procelosas páginas de la biografía de la gran reina MILF contemporánea y ha vuelto con un veredicto implacable: sobran mojigatería y falsos pudores y falta morbo.

Lisa-Ann-lo-cuenta-(casi)-todo
Javier Blánquez | 19/01/2016 - 18:59

Los libros de memorias de las estrellas del porno son siempre una jugada a cara o cruz, un riesgo muy grande que, si se tiene suerte, puede acabar transformándose en la mayor sensación morbosa que uno se puede echar a la cara -o sea, a los ojos-.

Lógicamente, cuando alguien que ha trabajado en la industria del porno se decide a explicar su vida por escrito, lo que nos interesa no son las relaciones tumultuosas con sus padres, o la primera vez que tuvo un trabajo cortando entradas en la taquilla de un cine, ni mucho menos si le gustan las películas infantiles de Disney, sino todo lujo de detalles en cuestiones tan peregrinas como el volumen de su actividad sexual lejos de las cámaras, si ha pillado alguna vez la sífilis o la clamidia, a qué colegas de profesión considera la peor gentuza del negocio y todo tipo de entresijos guarros que surgen en las bambalinas de los rodajes.

Queremos saber si las actrices se corren en el plató y cómo preparan sus enemas antes de una escena anal; queremos saber si los actores consumen viagra y si es cierto el mito de que beber mucho zumo de tomate aumenta la producción de semen. Queremos saber si se drogan y, sobre todo, qué famosos han pasado por su cama. Queremos carnaza, joder.

Lisa Ann

 

Curiosidad morbosa

Entre los volúmenes autobiográficos de gente del porno, destacan dos: las memorias de Nacho Vidal que escribió David Barba, una joya inapelable repleta de todo lo que nos interesa sobre este particular –detalles escabrosos, palabras malsonantes, eyaculaciones todo el rato y orgías a cada página-, y aquel ‘Insatiable’ de Asa Akira que apareció en inglés hace dos años, que se tradujo al español sin pena ni gloria -con un título infecto, una portada cutre y cero promoción-, un libro en el que la estrella de origen japonés ya nos avisaba de que nos daría todo lo que queríamos saber.

Consciente de que el público pide morbo, ella decidió explicarlo TODO. Cómo son los rodajes por dentro, cómo es hacer un blow bang con cinco negros que tienen el rabo como la vara de un picador (y encima teniendo un novio celoso rabiando porque va una de esas bestias de ébano y la empala por detrás), las veces que le ha puesto los cuernos a sus parejas, lo mucho que disfruta siendo una mujer promiscua, liberada y consciente de las necesidades de su cuerpo. En definitiva, el libro de Asa hay que leerlo (con la mano izquierda, a poder ser).

Dentro de la escasa bibliografía X podríamos recomendar un par de títulos más -las memorias de Jenna Jameson con Neil Strauss no estaban mal, y la primera novela de Ramiro Lapiedra es una puñetera obra maestra-, pero nos vamos a centrar en el último que ha llegado a las mesas de novedades. En Estados Unidos, lógicamente, porque aquí hay más escasez que en el manantial del que se recoge el agua embotellada Bezoya -algo que, perdón por el inciso que no viene a cuento, nos jode muchísimo; somos legión los que preferimos beber Bezoya antes que cualquier otra agua-.

 

Los últimos de Filipinas

A finales de diciembre se publicó ‘The Life’, la autobiografía de Lisa Ann, y rápidamente nos dirigimos hacia ella esperando que fuera una catarata de revelaciones.

El problema es que ahora que ha salido del porno, después de cerca de dos décadas de carrera (intermitentes), Lisa Ann quiere hacerlo de manera digna, sin entrar en demasiados detalles. Hay un pudor velado en estas páginas repletas de hashtags: le interesa más promocionarse como empresaria de éxito que como mito pasado, y aunque recorre profusamente todas las etapas de su vida personal y profesional, al libro le falta chicha y le sobra relleno.

Lisa Ann

 

Nos explicamos. Lisa Ann es posiblemente el último gran mito del porno ‘antiguo’. Empezó en la industria antes de que llegara internet, cuando aún se alquilaban las películas en VHS en los videoclubs, incluso recuerda que su primera escena chico-chica fue con T.T. Boy, aquel tipo rubio con flequillo que aparecía en todas las producciones de Vivid, que era algo así como una versión aniñada de Manuel Ferrara.

Después de dejarlo en un par de ocasiones -se puso a regentar un spa en Los Ángeles, y lo compaginó con la vuelta a los clubes de striptease, donde había empezado a ganar su primer dinero todavía adolescente-, Lisa Ann reapareció como agente libre y disfrutó de una segunda vida profesional plena y exitosa gracias al boom de las escenas MILF, que permitió que muchas chicas de más de 30 años -”hoy por teen, mañana por milf”: hay tanta juventud en este corral que a los cinco años de estar en el negocio del porno ya pareces vieja- pudieran tener segundas oportunidades gracias a la demanda de un público que antes se suponía que existía, pero que no estaba plenamente articulado.

En su parodia porno de Sarah Palin y, sobre todo, exprimiendo sus últimos años en escenas gonzo frenéticas, guarrísimas y sin cerrar ni uno solo de sus agujeros, Lisa Ann se terminó por consolidar como un mito del porno moderno: durante varios años fue la actriz más buscada en internet, aquella con la que un alto porcentaje de varones de todo el planeta decidían pasar unos minutos de ocio.

 

El por qué de un adiós

En el libro, Lisa Ann comienza explicando las razones de su decisión más dura, la de abandonar el porno para siempre, justo cuando estaba disfrutando del mayor pico de popularidad de su carrera.

Lo hizo porque ya lo había dado todo y necesitaba afrontar partiendo de cero una nueva etapa en su carrera, más orientada al management de talento, ya lejos de las cámaras, conservando el sexo para sí como un tesoro privado. Y mientras tanto, nos cuenta su vida como si fuera un manual de autosuperación y enjabonamiento personal, con una prosa pobre -se nota que lo ha escrito ella misma; es la redacción de una adolescente sin especiales habilidades, un error en el que no cayeron ni Mike Tyson ni Andre Agassi, que dejaron que un profesional les escribiera sus memorias para producir, de paso, dos obras maestras de la literatura sobre el espectáculo- pero con interesantes confesiones que de tanto en tanto brillan entre la morralla.

Lo más interesante de estas memorias de Lisa Ann se encuentra, lógicamente, allí donde ella debe comerciar con su cuerpo para ganarse el pan. Los problemas con su madre, un católica italiana visceral que decidió echarle de casa a patadas porque encontró a un chico en su habitación, o su afición por los masajes la verdad es que aportan poco.

Es mucho más interesante cuando Lisa Ann cuenta cómo pasaron por su cama decenas de jugadores de la NBA, y cómo amasó una fortuna aprovechando sus virtudes y dones divinos, aunque siempre pasa de puntillas por todo; hay más recato que morbo, más descripción por encima que espeleología del guarrindongueo. Su mensaje es tan sencillo como ‘disfruto del sexo’, ‘siempre hago lo que quiero’, ‘tomé la determinación de dirigir mi vida’ y ‘quiero tenerlo todo bajo control’. Retórica con un punto de manual de autoayuda, lemas de primero de feminismo -de la época de las sufragistas; ojalá fuera una moderna feminazi, molaría más- y pocos momentos de tirar del hilo y contar algo que no se hubiera dicho en otras ocasiones.

Por ejemplo, en el libro aparece una foto de Lisa Ann con el rapero Kanye West. ¿Llegó a tener a West en su alcoba, o sólo existe ese retrato porque alguien de los dos era fetichista hasta el límite? (Nos imaginamos más a Kanye West arrimando cebolleta, lógicamente. Le va el rollo.)

Son este tipo de detalles -quién, cuándo, cómo, a qué volumen, durante cuánto tiempo, con o sin condón- los que escatima una biografía que hay que leer por morbo, que entretiene un rato, pero que nunca superará el rescate selectivo de una de sus escenas. Si queremos conocer los secretos de la vida de la actriz porno preferida por todo el mundo, sigue siendo mejor verle en acción. ‘The Life’, al fin y al cabo, es casi como una redacción escolar. ¿Qué has hecho en tus vacaciones? ¿Qué has hecho durante 20 años en la industria del porno siendo una diosa? Y va y lo cuenta mal. Pues muy mal.

Lisa Ann

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