Vicio y subcultura Madonna (aún) tiene un polvo

Madonna sigue siendo vanguardia, opina Javier Blánquez. No en lo musical, pero sí en su pretensión de romper tabúes sexuales muy consolidados y llevar el atractivo erótico cada vez más cerca de la barrera de los 60.

Madonna
Javier Blánquez | 10/03/2015 - 11:52

Una de las novedades que trae ‘Rebel Heart’, el nuevo disco de Madonna, no es la textura de su sonido ni la calidad de las composiciones. Digamos que esos dos aspectos, en esta ocasión, a la reina del pop le han quedado tirando a ramplones.

Tampoco es que haya vuelto en un estado de forma envidiable, como en otras ocasiones en las que, de tanta fibra como lucía tras machacarse en el gimnasio, lucía unas venas gruesas que provocaban la envidia de todo el colectivo heroinómano: ahora Madonna se va dando leches por los sitios, se tropieza con los maromos que le bailan disfrazados de sátiros, la capa de vampiro le estrangula y, por lo menos, cada vez que se cae se fractura una costilla y dos vértebras.

La novedad que decíamos es la imagen renovada de Madonna, la mujer que lleva reinventándose en lo estético, y siempre con éxito, desde 1984. Después de más de 30 años en el negocio de la música, después de haber sido madre y haber pasado la menopausia -si no, ya debe estar a punto-, lo último que le faltaba a Madonna era reivindicarse como objeto de deseo sexual a las puertas de la tercera edad.

Madonna

 

La sex symbol viejuna

Cuidado con el atrevimiento: llegadas a cierta etapa de su vida en la que la senectud se intuye en lontananza, muchas divas del showbizz y el cuore son incapaces de aceptar su declive físico -y por eso se pinchan botox, se retocan la tocha y se estiran la piel con hilillos de oro, a lo Isabel Preysler, que siempre parece salida del museo de cera-, y quieren sentirse guapas, pero algo que voluntariamente abandonan es su ambición sexual.

Las viejas vedettes, las de aquí y allá, cuando llega el momento se convierten en Marujita Díaz o Sara Montiel: señoras de faz aplanada, con kilos de potingue en cada pómulo, con bata de boatiné y peluca de rizos, con las pestañas puntiagudas y la sonrisa del Joker, como ZP. Pero en ningún momento nos quieren hacer creer que todavía son sex symbols. Hay una cierta humildad en ese sentido.

Pero llega Madonna y dice que no, que ni hablar, y nos enseña el culo y se fotografía como si fuera Marilyn Monroe, con encuadres y miradas lascivas que parecen remedos de las imágenes de hace 20 años, cuando publicó ‘Erotica’ y se puso de moda la alta tensión sexual en el pop de masas.

La Madonna de 1993, la verdad, era un cañón de señora: poco antes había publicado el libro ‘Sex’, que ahora se cotiza más caro que una lata de caviar siberiano, y en él recuperó su costumbre de juventud de fotografiarse con el arbusto al aire, un matojo negro y fresco, enredado en lujuria y flujo. No es que haya sido nunca guapa, lo que se dice guapa, pero como dirían las gentes con desparpajo, de una y otra acera, olé su coño moreno.

Madonna

 

¿Nuevo despertar sexual?

Es improbable que Madonna, en 2015, nos vuelva a enseñar su coño, y mejor que no lo haga, porque sería algo muy parecido al labio superior de Aznar.

Pero en su estrategia visual es innegable que hay un punto de partida muy claro: se siente tan joven como todas esas polluelas de veintitantos que le disputan la supremacía comercial en el pop, y si hay quien se siente sexualmente atraído por Katy Perry -muchos varones heterosexuales, según las últimas encuestas, en las que también sube mucho Albert Rivera-, Beyoncé -aquí no hace falta tirar de estadística- o Lady Gaga -es broma-, Madonna no se va a quedar atrás. Y por eso luce nalga moldeada como si fuera mármol elástico, por eso va de femme fatale en la senda de esa moda cougar que hace ya varios años que nos alegra nuestros días. La verdad: Britney Spears no está mejor. Madonna, como Saturno, devora a sus propias hijas.

Madonna

 

Hay una variante, sin embargo. ¿Es Madonna MILF o es otra cosa? ¿Dónde está la barrera de edad? Las MILFS más preeminentes del momento, al menos en España, se mueven en la horquilla de entre 40 y 50 años: ahí tenemos a campeonas del erotismo maduro como Olvido Hormigos, Cayetana Guillén Cuervo y Mariló Montero, que siguen estando que lo parten.

La cuarta en discordia, que pasa rozando el larguero, tiene los 50 recién cumplidos; hablamos, por supuesto, de la candidata de Alianza Popular a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que a su condición de MILF suma una mala leche de derechas que a muchos señores les pone bastante burros.

Pero Madonna está en 56, camino de 57, y, admitámoslo, casi todo lo que nos enseña es falso. Madonna ha pasado por el quirófano más veces que Eugenia Martínez de Irujo, y cuentan las malas lenguas que nunca enseña las manos -las esconde, o se las tapa con guantes– porque ésa es la única parte del cuerpo imposible de operar, el verdadero testimonio de la edad real de una persona.

Si Madonna no es MILF, entonces sería GILF: ‘granny I’d love to fuck’. El concepto existe y tiene rotundas representantes en el firmamento mediático, escasas porque es una especie difícil de modelar adecuadamente, pero altamente atractiva cuando todo encaja en su lugar: el ejemplo más claro sería Carmen Lomana, que en sus 50 muy entrados emana un efluvio de feromonas ante el que se han rendido innumerables caballeros que han acabado por admitir lo que asegura el conocido adagio popular: gallina vieja hace buen caldo.

Nos consta incluso que hay hombres, algunos en los 30, que sienten especial predilección por las mujeres maduras y experimentadas; hay gustos para todos y éste necesariamente tenía que estar bien representado. No nos está permitido decir su nombre, pero una conocida artista de variedades catalana acostumbra a salir con muchachos lozanos que, huelga decirlo, disfrutan de la compañía de señoras de vida interesante.

Madonna

 

A lo que nos lleva lo de Madonna es a un escenario interesante: aquel en el que se deja atrás el tabú de la edad avanzada como un momento sexualmente activo. Es ampliamente conocido que las excursiones del IMSERSO están más cerca de una orgía del Londres victoriano como las que, con gran pluma (lógicamente no va con segundas), relataban minuciosamente escritores como Frank Harris, que de la congregación de boy scouts.

Después de la jubilación se folla, y antes de ella también. Lo que ocurre es que la transmisión de la libido es entre segmentos parecidos de edad: para muchos de nuestros ancestros, es como entrar en una segunda juventud, pero para muchos de nuestros jóvenes o adultos en la primera fase, es un territorio que no se quiere explorar.

Madonna ha hecho un disco infecto como pocos, pero en cuestiones de valores sigue estando en vanguardia: ahora lo que nos quiere decir es que ser sexy no es una cosa de adolescentes como Ariana Grande, sino que pasados los 50 se puede estar todavía en disposición de elevar la hombría de un amplio segmento de población masculina.

Habrá quien niegue la mayor -tampoco va con segundas, joder-, pero ahora es cuando Madonna va a permitir que mucha gente gane confianza y diga aquella frase supuestamente inapropiada: “pues yo me la follaba”. Muchos ya lo dicen en Twitter, gracias al dulce momento de la antes mencionada Cifuentes, pero ha llegado el momento de decirlo a cara descubierta, sin tapujos. Ya sabemos que sentirse atraído por Lisa Ann, Veronica Avluv, Terelu Campos o Mary Ann Hobbs es aceptable. Veamos ahora quién es capaz de ir más allá.

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