Vicio y subcultura ¿Pezones en Instagram?

Esta vez, el rincón del vicio y la depravación subcultural que lidera Blánquez se hace eco de un clamor popular: que los pezones dejen de ser perseguidos con saña inquisitorial en las redes sociales.

Pezones en Instagram
Javier Blánquez | 15/12/2015 - 12:49

Lo de las redes sociales y la exhibición pública del cuerpo desnudo es, como se diría comúnmente, un puto sindiós.

De las tres que dominan el cotarro –Facebook, Twitter e Instagram-, hay dos que tienen el alma puritana y lo más que dejan enseñar son unos pies descalzos, y hay otra en la que ancha es Castilla y a poco que nos sumerjamos en sus entresijos empezaremos a ver de todo, desde coños abiertos a penes en ristre, fotogramas de las últimas novedades de las productoras porno a amateurs -de ambos sexos- que nos enseñan los encantos de su abdomen, la retaguardia o un pezoncillo furtivo.

En Twitter hay gifs animados de orgías con negros, Vines con todo tipo de prácticas orales, primeros planos de penetraciones y hasta memes de Mariano Rajoy. Joder, Twitter es un paraíso para los buscadores de porno fugaz, un lugar de libertad y desparpajo que tanto sirve para enterarte de las últimas noticias del fútbol, saber cuándo la gente está haciendo de cuerpo, comentar los programas de la tele o leer artículos en ‘El País’ o ‘La Razón’, y por supuesto con una pizquita de picante. Que una tetilla no hace daño a nadie, oiga.

 

Las redes remilgadas

Pero luego tenemos Facebook e Instagram, plataformas mucho más visuales, en las que está permitido -por ejemplo, en el caso de la primera- colgar el vídeo de una paliza, o una foto de un animal muerto y desangrado, o un accidente de autopista, o enlaces a artículos de Federico Jiménez Losantos, y ahí no pasa absolutamente nada. El tráfico lo permite absolutamente todo, y los enlaces, los vídeos y las fotos circulan con tanta libertad como un guiri despelotado por plena Barceloneta en agosto.

Pero que no se te ocurra colgar una teta -es decir, una foto de una teta, aunque también puede ser una foto colgante, las bien llamadas ‘tetas calcetín’-, porque entonces viene el tío Zuckerberg con la censura y, como un jardinero podaría las ramitas de un arbusto -un arbusto vegetal, no el arbusto capilar del monte de Venus-, te borrará la foto sin que haya opción a protesta, te bloqueará la cuenta unas cuantas horas y te amenazará con la expulsión por infringir las normas del portal.

En Instagram pasa lo mismo, y ahí es cuando las actrices porno que se publicitan, y las aficionadas a mostrar carne que buscan followers, lo tienen verdaderamente crudo para exhibirse. Cosas que no acepta la red social de las fotos con filtro: rajas del culo, potorros y, por supuesto, pezones.

 

Pezones en las redes

Los potorros ya se entiende que son un tema delicado. Las fotos por detrás, al estilo de aquel robado de Scarlett Johannsson en el baño, pues vale. Pero los pezones siempre están ahí, a punto de salir, disparados como una flecha en pleno combate entre romanos y partos, y es normal que a las instagramers exhibicionistas se les escape la puntita, la sombra marronácea, el dardito de leche.

Es tan fácil que se deslice la tira del bikini, o tan fácil quitárselo todo, y además tan discriminador: lo hace Cristiano Ronaldo, que también tiene su parte femenina, como todo hombre sensible, y le dejan, pero lo hace Miley Cyrus, que los tiene como una cabritilla lechal, y entonces no. Es una vara de medir injusta, un sesgo injustificable, que hace que Instagram sea mucho más aburrido y, de paso, un campo de batalla para los nuevos movimientos feministas que exigen que la mujer tenga derecho pleno a su cuerpo, tanto para disfrutar de él como para mostrarlo.

 

Lo dicho, un clamor

De ahí la campaña #freethenipple. No es una campaña nueva, pero en los últimos meses se ha recrudecido porque no hay manera de que las normas de uso de Facebook e Instagram -que pertenecen al mismo dueño- se dobleguen a las peticiones de una alta porción de usuarias que quieren mostrarnos su pezones en paz.

La principal impulsora de la campaña es Lina Esco, una activista joven -sólo tiene 30 años- pero con una larga carrera de protestas al más alto nivel, que se ha preocupado tanto por la caza ilegal de los delfines como por la igualdad de facto entre los sexos en el aspecto social de internet, y que ha empezado a moverse en serio en los últimos años. De hecho, para promover su causa, Esco ha realizado incluso una película sobre #freethenipple, en 2013, uno de los primeros gestos firmes por parte de esta plataforma feminista para conseguir que no haya discriminación en internet por causas de género y exhibición inofensiva del propio cuerpo.

freethenipple

 

Según sus promotoras, #freethenipple no persigue únicamente dejar que se muestren los pezones. Para hacer eso ya hay otros sitios. Más bien, se intenta exponer que hay lugares en la red en los que se discrimina y se aplican dobles raseros por el hecho de ser mujer. En Instagram o en Facebook se puede mostrar el cuerpo desnudo, pero hay que ocultar el pubis o el tetamen para que no haya censura ni cancelación de la cuenta. Es cierto que no está permitido tampoco enseñar pollas -da igual si enhiestas, como Andrés, o colgantes, como los jardines de Babilonia-, pero la tetilla masculina se acepta mientras que la femenina se persigue como si fuera el Dioni tras hacerse con el control del furgón. Es más: todavía está mal visto que las madres den de mamar a sus bebés en público, como si el hecho de alimentar al cachorro según el ancestral método mamífero fuera un motivo de vergüenza. Invertebrados tendrían que ser algunos.

#freethenipple está en auge porque la campaña ha tenido respuesta de parte de mujeres muy poderosas que han apoyado el hashtag con hechos: Miley Cyrus, a la que le gusta más desvestirse que a Pablo Iglesias las canciones de Sabina, ha sido tenaz en su cruzada contra Instagram y cada vez que ha podido ha mostrado el pezón y se ha jugado la cuenta -perdiendo muchas followers por el camino- para reclamar libertad para exhibir el cuerpo sin censura. Lo han hecho también Rihanna y Willow Smith, la hija de Will Smith: en todos los casos, el resultado ha sido siempre el mismo: amonestación de Instagram (o Facebook), respuesta generalizada por parte de un montón de usuarias anónimas que empezaron a colgar sus fotos en topless con el hashtag #freethenipple, hasta que Instagram decidió que hasta aquí había llegado la broma y no sólo borró las fotos, sino que se cargó el hashtag para que las usuarias no pudieran comunicarse ni encontrarse entre sí. Y de vuelta a las tiras negras, o las crucecitas para tapar pezones. Es que no nos dejan colgar los pechos de Olvido Hormigos ni a nosotros, que vivimos de esto, oigan.

Será una lucha ardua, tenaz y sangrienta (de menstruo, pero sangrienta), pero al final el pezón ganará. Llegará un día en el que el horizonte de libertades se ampliará y nuestros abuelos, que lucharon contra los nazis y contra los empresarios rapaces, se sentirán orgullosos de nuestra lucha por la igualdad de los sexos en la red, y entonces no tendremos que acudir únicamente a Twitter para ver cosas sexuales, sino que lo haremos también en Facebook e Instagram sin miedo a que nos cierren la cuenta. Lo que antes fueron el ‘Lib’ y el ‘Clima’, ahora lo será un feed en la home.

Si la alianza rebelde pudo con el Imperio, un ejército de mujeres con el pecho al viento podrán con Mark Zuckerberg y su política de terror puritana. Notará cómo un día dos pezones puntiagudos se clavarán en sus ojos y harán que el ciego por fin vea. A tope con todo.

 

Rihanna

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Nerea Garmendia: "Me encanta que me sorprendan en el sexo y en la vida"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados