Vicio y subcultura Por qué nos pone Olvido Hormigos

Olvido Hormigos no ha tenido otro remedio que convertirse en un personaje público, sostiene Blánquez. Y todo porque, en el fondo, a la mujer le gusta mucho el sexo. Como a todo el mundo, vamos…

Olvido Hormigos
JAVIER BLÁNQUEZ / Foto de apertura cedida por INTERVIÚ | 05/02/2015 - 17:42

Después de lo del dedo, a Olvido Hormigos no le quedó otra opción que la de perdidos al río: ya que en el pueblo las marujas cuchicheaban sobre ella en los portales, abanico en mano, tomando el fresco y poniéndola de buscona para arriba, y situada en el ojo público como la más libertina de España, con el futuro en la política bloqueado y pocas cartas de recomendación para trabajar en el sector privado, lo normal era que estirara del hilo, y si la gente le pedía sexo, ella haría de su vida sexual un serial. Y venga a hacer caja, a mucha honra.

A esta mujer rotundísima, de apostura felina, que ha elevado en los últimos años el concepto de lo MILF a las cumbres de la excelencia, hay que reconocerle un bien delineado plan estratégico para convertir su señalamiento culpable, su letra escarlata, en una valiosa letra de cambio del Banco de Santander.

Posiblemente, ella querría haber mantenido las infidelidades en un estricto terreno íntimo, sin ruido, mientras se dedicaba a sus cosas de la alcaldía por la mañana y a sus trajines de madrugada. Si pudiera volver atrás, quizá nunca hubiera permitido que circulara por internet aquel vídeo sexual suyo -el más popular de la historia del país, sólo superado por ese que ya saben-, como igual Cecilia Giménez nunca hubiera intentado restaurar el Ecce Homo de Borja.

 

El dedo de la política

El caso es que todos vimos cómo Olvido se pajeaba ante el móvil, cómo ese dedo iba de dentro a afuera por la hucha en un húmedo deslizamiento, y en este país, en el que a la que se detecta sangre nos comportamos como tiburones, eso significa que ya no hay vuelta atrás. La polémica no se podía apagar porque había flecos morales típicos de una telenovela venezolana: la señora en cuestión no sólo era del PSOE y tenía un cargo público en el ayuntamiento de Los Yébenes, Toledo (que ya saben, la mujer del César no sólo debe ser decente, sino etcétera); es que además tenía dos hijos y el vídeo en cuestión iba dirigido al querido, que no al maromo oficial, que se enteró de sus cuernos, como Felipe González de lo de Roldán, por la prensa.

Igual era predestinación, porque Los Yébenes es un bonito enclave en el que se practica mucho la caza mayor durante la temporada cinegética, abunda el venado y a la entrada del pueblo te reciben unos gigantescos cuernos de ciervo. Salió el otro día Olvido en el ‘Deluxe‘, después de que la botaran de la casa de ‘Gran Hermano VIP‘, y lo hizo no para hablar del programa, sino de la enésima vez que se la ha cazado por la noche de Madrid arrimando el chumino a cualquier macho random que se le presente en las discotecas. Vino a decir lo mismo que cuenta en la portada del ‘Lecturas‘ de esta semana: que a ella le gusta follar lo más grande y que, aunque no se considera una ninfómana porque no lo necesita cada día -importante matiz-, si un hombre le pone se lo trajina en un tórrido e inconsciente one-night stand. Que no lo concibe como un acto de amor, sino de lujuria. Es sólo sexo.

El matiz del amor importa porque Olvido, que sigue casada con el pobre de Jesús Atahonero -debe de ser duro que se te cuelgue la etiqueta del cornudo mayor de España; un abrazo, Jesús-, el amor lo guarda para su marido y para sus hijos. Que se han ido y han vuelto más de una vez ya se ha contado, porque no hay hombre que pueda soportar con entereza este historial de infidelidades -que dice Olvido que, si ya lo has hecho una vez, qué más da que sean dos, o tres, o un montón, ya que cornudo de inicio, cornudo para siempre, sin que importen las estadísticas concretas-, pero se supone que a Atahonero le ocurre como al hombre medio peninsular, que su mujer le pone. Y Hormigos, que se hace la desentendida pero que en realidad sabe qué clase de armas gasta, aprovecha el tirón de su sex appeal de cougar castellana para ir ligando, no bronce (que también, pero sólo en verano), sino fiel acero toledano de enero a diciembre.

Olvido

 

Famosa por obligación

Así que, como decíamos, a Olvido no le ha quedado otra que trabajar de famosa y vender su vida. Y quien vende su vida, también debe tener su especialidad: si eres Belén Esteban facturas gracias a tu amor a Andreíta y al desamor del torero, que no sólo es un insensible, sino que encima es casi tan hijo de puta como la Campa; si eres Rosa Benito, vendes a tu familia entera como si fuera un ‘Falcon Crest‘ a la chipionera; si eres Raquel Bollo, vendes la colección de pupas, como el Atleti pre-Simeone, que te causa un fuego mal apagado, una hostia dada con el envés de la mano abierta, o una secuela psicológica capaz de volverte turulata. En definitiva, si eres Jimmy Giménez-Arnau, sigues vendiendo aquella tarde en la que conociste a Franco y te liaste con su nieta.

Olvido lo que tiene para vender es su coño cervantino y su desvergüenza propia de una serie como ‘The good wife‘. Hay algo peligroso en Hormigos, porque en vez de esconder la cabeza debajo de la tierra, que es lo que haría cualquiera, ella se va creciendo día a día. Imaginen el panorama: en su pueblo no le quieren ni ver, tiene al marido que no gana ni para disgustos ni anti-depresivos, dos hijos menores que a saber qué les dicen en el colegio, una tercera hija recién nacida el pasado verano que complica todavía más la ecuación, y luego una muy documentada colección de incursiones en el lado salvaje -desde despelotarse en la portada de ‘Interviú‘ hasta posar a lo Demi Moore para ‘La Otra Crónica‘, con todo el bombo en su esférica lozanía- que hacen de ella, en una escala de obsesiones eróticas, la versión bruta de Mariló Montero.

Porque si Mariló es la MILF de alto estatus, inalcanzable -a pesar de que ella, por lo que se cuenta, busca con empeño un hombre que la deje seca-, Olvido es la señora de vida licenciosa que parece una presa fácil, pero que en realidad es altamente exigente. Es una mujer que folla, que lo hace cuando quiere y con quien quiere, siempre eligiendo ella, y además muy a tutiplén, en asientos traseros de coche en medio de la calle, detrás de un maletero o un contenedor de plásticos y papeles, en los váteres de la disco, donde primero le pique. No es con el primero que pase por delante, decíamos: a Olvido le gustan los señores mazados, como recién salidos de una sesión de pesas, en esa fina línea que separa al tronista de la musculoca.

 

Un gay en el cuerpo de una mujer 

En una conversación altamente instructiva, un interlocutor me comentaba que Olvido respondería a la tipología de la GMBIWB, lo que quiere decir “Gay Mainstream Boy Inside a Woman’s Body”. Expresado en palabras comprensibles: aunque no es exactamente una mariliendre -o sea, la mujer que va con maricas porque le divierten, y porque igual así, entre complicidades livianas, le tocan una teta o le morrean, o pilla a un bi predispuesto-, a Olvido le irían los hombres que le gustarían al típico homosexual aficionado al bíceps, el tatuaje de telas de araña en el codo y el aceite corporal; en su cuerpo de mujer tendría un maricón atrapado, y es su instinto sexual depredador de hombre el que la lleva a tirarse todo lo que se mueve y todo rabo que se empine; hay algo de reptiliano y masculino en su voracidad, es una man-eater con el apetito de un varón, y que desea empotradores de un perfil marcadamente macho.

Explicar por qué nos pone Olvido Hormigos es bastante difícil. No se trata únicamente de que sea una fresca (que eso siempre ayuda), y que tenga unos 43, casi 44, años muy bien puestos, ideales todavía para sacarla a pasear por el barrio de Salamanca con las perlas y el abrigo de marta, primero a tomar un jerez y luego al bingo, y luego si se tercia al Joy Eslava. Hay algo en su liberación sexual que resulta envidiable, porque conquista con armas de mujer un territorio tradicionalmente masculino, que es el de la depredación estilizada y exquisita de los viejos libertinos franceses e italianos del XVIII, que iban apuntando conquistas en su libreta y que, cuando arreciaban las críticas por sus comportamientos inmorales, todo eso les resbalaba en su borrachera de flujos, rimas y carpe diem.

A Olvido quizá le falte recitar poesía o máximas filosóficas de Voltaire, pero ha decidido que no hay nada malo en llevar su vida sexual al límite, hacer caja con ello -recuérdese que la prostituta es la que cobra por follar, no la que cuenta lo mucho que ha follado- y, si a alguien le molesta, que mire para otro lado. Le costará moverse por el pueblo, porque aquello es un nido de víboras, arpías y hienas, pero siglo y medio después de que cambiaran las reglas del juego en el empowerment femenino con el personaje huracanado de la gitana Carmen, otra española racial y vivalavirgen, viene ella a decir que hay que darle alegría y cosa buena al cuerpo, y que qué más da lo que opinen los demás, y que no por ello se es mala persona. Es por ese “mi coño lo disfruta y encima me lo llevo crudo” que nos pone Olvido Hormigos. Máximo respeto.

Hormigos en la fiesta chica-Interviú-2014

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