Vicio y subcultura Sonia Monroy merece respeto

La barcelonesa que un día cruzó el Mississippi y años después acaba de ‘colarse’ en la alfombra roja de los Oscar merece respeto. Y lo merece sobre todo por estas siete razones que Javier Blánquez enumera a continuación.

Monroy
Javier Blánquez | 26/02/2015 - 9:50

1. El tremendísimo ‘hoax’ de la alfombra roja

Hoy no tendríamos que estar hablando de Sonia Monroy. De haber escrito hoy sobre Sonia Monroy en plan random, pongamos por caso -es decir, sin la percha de actualidad estratosférica que ahora nos sostiene-, habríamos estado pinchando en el hueso del internet porque, a efectos prácticos, Monroy era hasta la semana pasada una celebrity tan en decadencia que sus andanzas no le hubieran interesado ni al guionista de ‘Qué tiempo tan feliz’.

Pero su golpe de efecto por todos conocidos, que viene a ser la jugarreta magistral con la que nos hizo creer en la madrugada del domingo que había acudido a la alfombra roja de los Oscar disfrazada de goyesca rojigualda y que la habían expulsado acto seguido entre lágrimas, tiene que pasar a los anales del branded content, si es que alguna vez Sonia Monroy intentó vendernos algo.

Tiene mérito, la verdad sea dicha: aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid, el día antes fue a hacerse unas fotos vestida de la bandera constitucional mientras unos señores le pasaban la aspiradora a la red carpet, involucró a un colega para que le hiciera de entrevistador y otro para que le diera al botón del móvil, y a la hora precisa las hizo circular por la red gracias a las artes mágicas de Twitter. ¡Sonia Monroy en los Oscar! ¡Qué fuerta es, oyes! ¡Mamarracha! Y así hasta llegar a ser trending topic y resucitar a lo grande como lo que siempre ha sido, un excelso material de mofa.

 

2. Las no menos tremendas fotos de Tinder

Uno se puede preguntar: ¿qué cojones hacía Sonia Monroy en Hollywood el domingo de los Oscar? Su perfil de Tinder, hábilmente capturado por un generoso fan al otro lado del charco -que, confiamos, le diera con muchas ganas al botón verde, porque nunca se sabe; imagínate que acabas follando-, nos facilita información útil: Sonia reside en Los Ángeles en la actualidad y viajó pocos días antes a México D.F.

Pero eso no es lo verdaderamente relevante, porque Tinder tiene hasta el último gato. Fijémonos con atención en el perfil, en los detalles aparentemente ocultos al ojo. 32 años (se ha quitado diez por el morro). Le gusta quedarse en casa editando vídeos con el Final Cut. Quiere conocer TÍOS BUENOS (pero con una gran personalidad, que debemos entender que es un eufemismo de bragueta o billetera). Se infla a comer hamburguesas y pizza. No le gusta la fiesta, no le gustan las drogas. Es actriz y FOTÓGRAFA. En serio, Sonia, viva tu coño moreno.

Sonia Monroy en TInder

Sonia Monroy en TInder

Sonia Monroy en TInder

 

3. Se cepilló a Romário

Llegados a este punto, habría que repasar los orígenes de Sonia Monroy. Recuerdo como si fuera ayer el día en que saltó a la fama, entrevistada por Javier Cárdenas en uno de los programas de televisión de Alfonso Arús.

Corrían los tiempos gloriosos del Barça de Johan Cruyff, que alegraron los días de nuestra adolescencia, y un delantero brasileño, llamado Romário da Souza, había aterrizado en Barcelona proveniente del PSV Eindhoven. Romário era como Mágico González pero con la picha más suelta, y pasaba más tiempo persiguiendo mujeres por Sitges -lugar especialmente complicado para tales menesteres, sólo por detrás de Cádiz- que entrenando en las dependencias del Camp Nou.

Sonia, que por entonces ya se trabajaba la celebridad a base de buscar braguetazos y aparecer en los papeles del cuore, ató en corto al astro brasileño -he ahí el motivo por el que Romário siempre estaba ‘canzao’, imaginamos- y lo utilizó como trampolín para colocarse estratégicamente en las mejores franjas del late night catódico. Por entonces no teníamos ni idea de lo que eran las WAGs, lo suyo era tirarse a políticos, toreros o actores, pero no futbolistas, y ahí estaba Sonia Monroy, derribando muros, derritiendo a golpe de labio ardiente, abriendo caminos.

 

4. Todo lo que le debemos a Pepe Navarro

Llegó un momento en que ‘Esta noche cruzamos el Mississippi‘ empezó a declinar dramáticamente, sobre todo cuando empezaron a enredarse peligrosamente y durante semanas seguidas en los pelos del supuesto asesino de las niñas de Alcàsser, pero en 1996 aquello era lo más grande de la televisión.

Ahí estaba Pepe Navarro marcando paquetón, con su taza en ristre, dándole la vez a Pepelu y llevando al formato noche la sátira política y social que ya había experimentado en el magazine de las mañanas de TVE que le dieron algunos años antes, cuando tuvo la responsabilidad de sustituir a Jesús Hermida -allí apareció por primera vez un personaje mítico, Aznarín, futura semilla del Crispín Klander de Florentino Fernández-.

Y ahí, entre esa fauna de la que brotaron mitos de la caspa ibérica como La Veneno, Rambo o Lucas Grijánder, teníamos a Sonia Monroy de reportera patosa, versión chunga y con tetas del Reportero Total, paseándose por los puestos cuando todavía tenía coartada sexy symbol. Eran los tiempos en los que la cirugía estética hacía furor, las tetas de silicona eran el ultimísimo fetiche que ponía calientes a los señores. Eran nuestros años más felices, joder.

 

5. La primera formación de las Sex Bomb, la mejor

Molaban mucho al principio, cuando en el grupo estaban Yola Berrocal -todavía no había pegado la gran campanada en ‘Hotel Glam’, cuando se embadurnó del semen de Pocholo tras hacerle una pajilla en el bus, pero ya había campado a lo grande por el plató de ‘Crónicas Marcianas’– y la gran rival de Monroy en cuestiones pectorales, Malena Gracia, una señorita que contaba como mejores credenciales una portada en ‘Playboy’ y un buen par de globos esculpidos con los mayores avances médicos al servicio del bisturí.

En aquellos años se hacían muchas bromas sobre la supuesta teta de plástico que le estalló a Ana Obregón en pleno vuelo transoceánico, pero nadie como Sonia Monroy supo ver que lo que iba a petar de verdad, justo cuando los superventas se recogían cada verano en un volumen del ‘Caribe Mix’, no era un seno de plástico, sino la mezcla de pop choni y melones embutidos en un bikini escueto para chiringuitos de verano.

Por entonces, los veranos eran otra cosa: teníamos segunda residencia, mucho dinero para gastar en gambas, cubatas y Marlboro light, a las discotecas se iba con un peine en el bolsillo trasero y un pollo en la cartera. Las canciones de las Sex Bomb eran un absoluto engendro, cantadas con unos rebuznos mal disimulados por la magia del Autotune, pero llegaron a vender 50.000 copias del primer álbum. El sueño de cualquier alquimista: transformar la mierda en (disco de) oro.

 

 

6. Rodríguez Menéndez, y después ‘a putes’

¿Ha sido Sonia Monroy prostituta? Decía Nuria Bermúdez, la que echó siete polvos seguidos con Antonio David Flores y se cepilló a dos plantillas completas del Real Madrid, que sí. Según explicaba por las televisiones en aquel año del señor de 2004, por los buenos oficios de una célebre intermediaria, le ofrecieron acostarse con cierto señor acaudalado por 20 millones de pesetas, pero siempre y cuando superara un cásting.

Por ahí, cuenta NuriBer, pululaban Malena Gracia y Sonia Monroy, que finalmente fue la elegida. Años más tarde, Malena Gracia reconoció entre lágrimas en el programa ‘Salsa rosa’ que sí, en efecto, que hizo unos trabajillos del ramo en el pasado, poca cosa, pero de lo de Monroy nunca ha habido ni pruebas ni confesiones, a pesar de que el periodista de investigación Alfonso Salas, famoso antaño por colarse en las redes de prostitución y los grupos violentos del fútbol, aseguraba “haberla visto” (que no ejerciendo) en un local de alterne de la carretera de La Coruña llamado La Luna.

Para añadirle más aura de culto a todo este sórdido asunto, por entre medio de este nido de víboras sobrevolaba la sombra del siniestro abogado Emilio Rodríguez Menéndez, quien previamente ya había tenido a NuriBer pensión completa de cama y alpiste en su casa, y que supuestamente manejaba la trama de putas de lujo con book de apariciones en televisión. Vaya por delante que ERM siempre ha sido uno de los nuestros, el canalla mayor de España, un jodido dios.

 

7. En resumen: las ‘floppy tits’

El currículum de Sonia Monroy es espectacular, por los clavos de Cristo. Pero seamos realistas: ella nunca ha estado realmente buena, aunque hay quien admite -algunos con honor, otros con pudor- haber escamoteado alguna gayola en los golden days del Mississippi, por aquello de la novedad, que habíamos pasado en España por una época en la que la temperatura erótica de las señoras aún se medía en la escala de Norma Duval. Todavía no había llegado la irrupción del genuino gremio del porno –Celia Blanco y el resto del clan Lapiedra, Salma de Nora, etcétera-, y muy atrás quedaban las pechugonas del pop de finales de los ochenta, en el que podría incluirse a Marta Sánchez.

En un momento de transición como aquel, en el que incluso había que imaginarse qué cara tenía realmente la primera bajista de Los Planetas, Sonia Monroy era aceptable: pan para hoy y hambre para mañana, pero al menos una rebanada crujiente y con miga de mujerío fresco.

Pero algo quedó de aquella semilla plantada: el culto al pecho rebosante, a las copas del bañador que apenas acertaban a tapar el pezón de tanto volumen esférico, el llevar la camisa blanca desabrochada un poco y las tetas, sin sujetador, exigiendo espacio antes de hacer saltar el resto de botones. Lo que se conoce como ‘floppy tits’ -“melones apretados, pechos sin sujetador”, según el Urban Dictionary, y por extensión también “tetas caídas” o “tetas calcetín” si no se corrige el pinchazo con un implante suplementario de silicona- tuvo un comienzo heroico gracias a los esfuerzos de Sonia Monroy, y aunque hoy la pechuga artificial no parece gozar del mismo prestigio de antaño, ella sigue firme en su empeño de levantar a los señores con el previo alzamiento volumétrico de su bien cultivada huerta.

Bonus track

En resumiendo: podéis burlaros de Sonia Monroy, tildarla de parásito, montajista, cazadora de fortunas o calientabraguetas, que sois muy ingeniosos todos, pero nunca olvidéis los grandes momentos que nos ha dado, lo felices que nos hizo, los seres de provecho en que nos ha convertido. De todo corazón, Sonia: gracias.

Sonia

Sonia Monroy

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