Vicio y subcultura Winona aún está para sacarla a pasear

Protagonista de ‘Stranger Things’, la que algunos consideran ya serie del año, Winona Ryder ha vuelto a la palestra por la puerta grande, conservando aún gran parte del encanto que la convirtió en icono sexual de los 90. Javier Blánquez lo celebra con lúbrico jolgorio.

Winona Ryder
Javier Blánquez | 26/07/2016 - 10:00

En muy pocos días hemos llegado a un consenso definitivo sobre una cuestión fundamental, importantísima para el buen funcionamiento del país y el mundo en general. Y no nos referimos al pacto de investidura que hará –eso dicen, eso se sospecha– de nuevo presidente del gobierno a Mariano Rajoy, sino la coronación de ‘Stranger Things’, la nueva serie de la factoría Netflix, como el entretenimiento más redondo del verano.

Fue el pasado 15 de julio cuando la plataforma de pay-per-view liberó los ocho episodios de la primera temporada, y a las pocas horas ya había un arranque fulgurante de runrún general, de fascinación colectiva, de alabanza entusiasmada, que proclamaba a los cuatro vientos que ésta era la serie del momento, por no hablar de la serie del año.

 

Menudo estreno

Las razones son varias y muy contundentes, aunque la principal de todas es la explotación inteligente de la nostalgia del cine de éxito de los años 80, todo lo que va de ‘E.T.’ a ‘Los Goonies’.

‘Stranger Things’ es como si nos hiciéramos con una coctelera de gran capacidad y empezáramos a mezclar en ella todos los ingredientes infalibles que dan como resultado la fórmula del éxito: niños en bici que forman una pandilla de aventureros e investigadores sobrenaturales entrañable, romances adolescentes a espaldas de los padres con mucho beso con lengua y brackets, extraterrestres siniestros en el fondo pero adorables en la forma, un pueblo típico americano con su sheriff y sus casas unifamiliares que parecen cabañas, muchas escenas en el colegio y un misterio indescrifrable.

En este caso, se trata de la desaparición de Will Bryers, uno de los cuatro miembros de la pandilla de freakies de primaria que juegan a rol en sus ratos libres, que están fascinados con el universo de ‘El Señor de los Anillos’ y que una noche, volviendo a casa –en bicicleta, por supuesto–, se topa con una extraña entidad que ha desaparecido de una instalación secreta dedicada a asuntos turbios. Y tras el primer contacto, ¡pam!, desaparece sin dejar rastro, como Antonio Anglés.

Stranger Things

 

Misterios pascuales

¿De qué se trata? ¿Es un monstruo, un extraterrestre, un espíritu? En el episodio primero también nos encontraremos con una misteriosa niña perdida, con problemas para hablar y con el número 011 tatuado en su brazo, que es la clave de bóveda de todo el misterio, la llave que nos explicaría bien qué es lo que está pasando.

Al parecer, tiene un hermano, y ese hermano podría estar detrás de la desaparición de Will. Pero en este tipo de historias hay que mantener el misterio, elevar la tensión, y eso es algo que ‘Stranger Things’ hace muy bien. Si en los últimos años se ha dado una revisión consciente de lo que podríamos identificar como “cine adolescente de los 80” –en productos como ‘Super 8’, la película de J.J. Abrams, o en el anuncio de una segunda parte de ‘Los Goonies’ o el próximo proyecto de Spielberg, basado en la novela geek ‘Ready Player One’ de Ernest Cline–, sin duda alguna esta serie de Netflix es un acontecimiento importantísimo. Para quienes fueron (fuimos) niños en los 80, una serie así activa con eficacia todos los resortes de la nostalgia, y nos redescubre la inocencia de un tiempo pasado.

Además, por si fuera poco, nos vuelve a situar frente a frente con un mito erótico de nuestra adolescencia. Parece mentira que hayan pasado ya 20 años desde que Winona Ryder fuera proclamada unánimemente como la chica de nuestros sueños. Desde que tuvo su primer papel importante en ‘Bitelchús’ y se convirtiera en la primera musa de Tim Burton, Winona siempre estuvo ahí: en el último cine fantástico de los ochenta con ingenio y corazón (‘Eduardo Manostijeras’) y más tarde como musa del grunge y la generación X, cuando protagonizó ‘Bocados de realidad’.

Winona era una dulzura morena frágil y entrañable, una chica distinta a las sex symbols que pululaban por aquel entonces, que o bien eran barbies recauchutadas con unas protuberancias plásticas que parecían monumentos egipcios, al estilo de Pamela Anderson, o depredadoras sexuales rubias con tendencia a la psicopatía como Sharon Stone. Winona era más virginal, recatada y emo, el morbo que generaba era de una naturaleza distinta, más ingenua.

Winona Ryder

 

Free Winona

Winona pudo haber sido una actriz supersónica, pero ya se conoce su historia, sobre todo a finales de los 90 y en adelante, cuando empezó a fastidiarlo todo. Winona tenía un problema con la cleptomanía –a pesar de que tenía dinero y una posición social cómoda no podía evitar lanzarse a robar cualquier chuminada sin valor que viera en las tiendas de ropa, complementos y grandes almacenes–, y fue detenida muchas veces por hurtos sin importancia, por sisar en los comercios, e incluso se filtraron los vídeos de las cámaras de seguridad, para mayor escarnio y vergüenza.

No es que defraudara a Hacienda, como Messi, ni que se lo llevara crudo como Bárcenas, sino que le daba por llevarse un bolígrafo, una chocolatina o un pañuelo barato, chorradas de todo tipo, y llegó un día en que nadie le quiso dar trabajo, era una apestada que sobrevivía con papeles menores y la caridad de sus amigos.

Winona Ryder

 

Así que fue una sorpresa cuando, hace unos meses, se anunció que Winona Ryder sería la protagonista de una nueva serie para Netflix. Cuando no sabíamos de qué iba exactamente ‘Stranger Things’, nos referíamos a ella como “la nueva serie en la que va a reaparecer Winona”, así que en cierto modo era un acontecimiento: teníamos curiosidad por ver cómo tenía la voz, en qué estado físico se conservaba, qué aura proyectaba Winona, cómo se le había quedado el pelo y el cutis.

Digamos la verdad: ya no es la misma chica post-adolescente de los 90 que nos enamoraba con su textura de porcelana y sus ojos grandes, pero tampoco podemos mentir, y es que a Winona, si le ponemos unas ropas más lustrosas que las que lleva en la serie –la madre de Will es una currante pobre que apenas llega a fin de mes, y viste ropa que parece encargada en el mismo Alcampo en el que compra Pablo Iglesias–, y le atusamos un poco el pelo y le echamos laca, y le lavamos la cara, está todavía para sacarla a pasear y llevarla por los sitios.

Winona Ryder

 

De hecho, el casting de Winona para ‘Stranger Things’ es muy hábil, ya que es una serie aparentemente para adolescentes, aunque en realidad se dirija a un público cuarentón que no puede con la nostalgia de haber visto en su día todas aquellas películas de Spielberg o John Landis –incluso la banda sonora es un bucle electrónico muy parecido al que flota a lo largo de todo ‘Risky Business’, aquella película en la que Tom Cruise contrataba a una prostituta–.

Para este público que bordea o sobrepasa los 40, Winona es otro recuerdo dulce de juventud, un mito que permanece vivo y con el que no habíamos terminado de congraciarnos tras la caída en desgracia de la cleptomanía.

Así que nos lo han dado todo: aventuras sobrenaturales de niños que circulan en bicicleta y la redención de Winona, muchos años después de haber tirado su carrera al retrete por chorrarse cosas en las tiendas. Winona ha vuelto en una serie excelente, parece ser que su carrera reflotará, y nos alegramos. Al final se ha hecho justicia.

Y si un día nos dejara, nos gustaría invitarla a dar un paseo por el parque, para que nos cuente qué ha sido de su vida, y que espera hacer en los tiempos por venir. Y si se tercia, invitarla a subir a casa a tomar un whisky.

 

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