Historias del porno Buscando inteligencia en el cine X

Hace apenas unos días que murió Cecil Howard, el hombre que, en opinión de Paco Gisbert, fue capaz de añadirle un extra de inteligencia y buen gusto al cine X de los 70 y primeros 80.

Babylon Pink
Paco Gisbert | 28/12/2016 - 13:30

Cecil Howard podría ser considerado como una de las figuras capitales en la historia del cine X si no fuera porque es mucho más que eso. Director de arte de una prestigiosa editorial en su juventud y realizador de películas eróticas cumplidos los 40, la carrera de Howard fue aproximándose al porno a medida que su capacidad creativa iba aumentando.

Desde 1972, cuando dirigió su primer filme, ‘Personals’, hasta 1979, cuando realizó ‘Farewell Scarlet’, Howard había coqueteado con el género sin atreverse a dar el salto definitivo hacia el status de hombre del porno.

Pero su fama entre los aficionados y los críticos ya era elevada porque, por ejemplo, había producido algunos de los filmes emblemáticos de Chuck Vincent o había dado la oportunidad de debutar en el porno a Ron Sullivan, un prestigioso guionista y productor de Hollywood que pasaría a la historia como Henri Pachard, en la mítica ‘Babylon Pink’.

Si como productor Howard gozaba de un merecido reconocimiento, sus aventuras como director no obtuvieron el respaldo del gran público. Howard era un minucioso artesano, de indudable talento, pero que se apoyaba en guiones demasiado endebles. ‘Platinum Paradise’ (1980), sin ir más lejos, era un filme de muy buena factura y con sugestivas escenas de sexo, aunque perdido en una narratividad excesivamente mecanicista.

Para suplir sus carencias, Cecil Howard contrató a Anne Randall como guionista a finales de 1980 y tomó una decisión que mantendría durante su carrera: controlar completamente todo lo que filmaba, hasta el punto de que siempre se negó a ceder sus escenas para recopilaciones.

Scoundrels

 

Otro porno fue posible

La primera colaboración con Randall marcó un punto de inflexión en la carrera del realizador. ‘Noches de neón’ era también una excelente producción, apoyada además por un alto presupuesto, pero dejaba traslucir una escritura mucho más rica que sus obras anteriores. A partir de la historia de una joven que, como en el mito de Electra, busca a su padre en un extraño viaje que le lleva a Nueva York, Howard construyó una película sólida y brillante que figura con todos los honores entre los mejores pornos de la historia. Era un filme inteligente, según la creencia de su director de que el consumidor de cine X busca la inteligencia en las películas además de la excitación sexual, e innovador. Porque Howard, gran conocedor del medio, presta una atención insólita a elementos poco explorados en el género, como la iluminación o los efectos de sonido, para convertirlos en lenguaje cinematográfico.

Al frente de su propia compañía, Command Cinema, Cecil Howard se encargó también de la promoción de sus películas con una estrategia comercial novedosa. Cuando estrenó ‘Firestorm’ en Nueva York, alquiló la sala en la que se proyectaba el filme para dar la imagen ante los medios de comunicación de que había sido un éxito. Funcionó, porque la productora consiguió recuperar lo invertido y la película cosechó grandes recaudaciones.

Como muchos de los grandes realizadores de la época dorada del género, Howard se vería abocado, durante la segunda mitad de la década de los 80, a adoptar el soporte de vídeo. Pese a que en su trayectoria como director había demostrado su versatilidad para experimentar con los elementos que le ofrecía el cine (como el uso de filtros de colores en ‘Scoundrels’, su película favorita), Howard nunca se adaptó a una forma de dirigir que le limitaba como creador.

Con ‘The Last X-Rated Movie’, un título profético, puso fin a su carrera como director de porno en 1990 para dedicarse a la distribución y producción a través de Command Video. Hasta que comenzó a padecer dolencias cardíacas, las que se acabaron con su vida mientras dormía el pasado 16 de diciembre a los 84 años de edad.Foxtrot

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