Amarna Does America Cinco días en la meca del porno

Le pedimos a Amarna Miller que nos escribiera una crónica de su experiencia en los AVN Awards como actriz nominada. Y nos ha mandado un diario de los cinco días que pasó en la meca del porno entre polvos, mamadas, poesía anglosajona y galletas de la risa

Amarna
Texto y Fotos: Amarna Miller / Foto de apertura: Joan Crisol | 15/02/2016 - 16:20

Si pudiese retroceder en el tiempo y enseñaros mi situación hace ahora exactamente un año, estaría en Las Vegas bastante borracha y acompañada por Silvia Rubí y el fotógrafo Gabriel Sergent preparando un artículo sobre los AVN Awards (algo así como los Oscar del porno) para esta misma revista.

Os estaría contando que nos hemos colado en la AE Expo para conseguir contactos y conocer a alguien que nos introduzca en la industria norteamericana del sexo explícito y mientras tanto, estamos aprovechando para vivir la vida loca y disfrutar de este país.

Somos actrices con bastante experiencia, pero acabamos de llegar a este continente y nadie conoce nuestras caras.

365 días después de aquella aventura, vuelvo a estar en el festival de cine pornográfico más grande del mundo, esta vez acompañada por mi mejor amiga y también actriz Amber Nevada. Sin embargo, la situación ha cambiado favorablemente y hemos entrado por la puerta grande y pisando una alfombra roja.

Estoy nominada a un AVN como mejor actriz extranjera, un honor gigantesco y un paso increíble en mi carrera internacional. Pasar de colarme en la convención a estar firmando autógrafos implica que mis esfuerzos han valido la pena.

Postales desde América

Martes 19 de enero

Después de cinco horas en un coche conducido por la preciosa Yhivi, llegamos al Hard Rock Hotel muertas de sueño y queriendo tirar nuestras maletas y echar una siesta.

Ya hay unas cuantas caras conocidas paseando por el casino del hotel y coincidimos con un par de actrices mientras hacemos el check in de la habitación. Para mi sorpresa, la mayoría de ellas van maquilladas (y me refiero a MUY maquilladas, con pestañas postizas y laca en un pelo perfectamente moldeado) y llevan trajes elegantes… ¡Pero si acaban de llegar!

Alex Chance menciona que se ha ido maquillando en el coche para estar perfecta a la llegada y que los fans y fotógrafos que nos están esperando en la recepción no se sientan defraudados al ver a esas chicas a las que siguen desde hace años.

Aquí en América existe algo que en la industria europea desconocemos: el fenómeno fan. Sí, tenemos festivales y tenemos seguidores. Pero no es nada comparado con lo que aquí se percibe. Las actrices están consideradas como verdaderas celebridades, siempre dispuestas a guiñar un ojo al objetivo, y la cantidad de admiradores que vienen cada año a este festival para conseguir una firma de su chica preferida es simplemente inimaginable. He llegado a ver hombres remolcando pequeñas maletas llenas de fotos impresas que después clasifican y catalogan en archivadores una vez han sido dedicadas.

La segunda diferencia con los festivales europeos es que aquí está prohibida la desnudez. Y no me refiero únicamente al desnudo integral: una vez pones tus pies en el Hard Rock Hotel no puedes dejar ni un pezón al descubierto. Los shows en vivo no incluyen sexo y las actrices que deciden ir más ligeras de ropa (y ¡ojo! que hay muchas chicas que firman en camiseta y vaqueros) siempre se tapan el pubis y el pecho.

Este hecho a priori anecdótico ayuda a crear un aura de importancia que pocas veces he visto rodeando a este sector. Las chicas son intocables, inalcanzables, pertenecen a otro mundo donde los fans sólo están invitados como meros espectadores. Un universo lleno de cámaras de vídeo, photocalls, maquillajes impolutos y vestidos hechos a medida, no trajes de pedrería ni insinuaciones baratas.

Yo, que sinceramente me siento bastante ajena a este mundo de celebrities, llevo una camiseta que reza “Slut is a social construct”, unos leggins y mis eternas botas militares. Admiro que otras chicas puedan sentirse identificadas con la idea de estar perfectas las 24 horas del día, pero yo prefiero seguir siendo la misma de siempre, con la ropa de siempre y la actitud de siempre. Me parece, además, una buena manera de mostrar que por encima de ser actrices, somos personas.

Tras registrar la habitación (un cuarto gigantesco con vistas a la piscina del hotel) nos encontramos con el actor español Pablo Ferrari, con el que compartiremos cuarto los próximos cinco días. Mientras deshacemos las maletas nuestros móviles empiezan a arder con mensajes y emails: todo el mundo está en Las Vegas y quiere concertar sesiones de fotos, escenas y reuniones. Parece que los próximos días van a ser moviditos.

Nos vamos pronto a la cama para recargar las pilas y tener energía suficiente en el primer día del festival.

#freethenipple

Miércoles 20 de enero

A las 12 de la mañana del miércoles empiezo a firmar autógrafos en el stand de mi agencia, pero me levanto a las 7 para hacer un buen inventario de las cosas que he traído para vender: DVD’s en los que aparezco, fotos, pegatinas y paquetitos con polaroids y bragas usadas. Comparto stand con las MILF’s Holly Heart y Nina Elle, que atraen todas las miradas con sus escotes imposibles.

La mayoría de las chicas solo está vendiendo fotos firmadas, así que en comparación, mi parte es un caos de colores y opciones, con tantas cosas apiladas que parece que la mesa se va a desmoronar en cualquier momento. Aunque Amber todavía no ha sido aceptada por mi agencia, los organizadores la permiten meterse en el stand conmigo y entre las dos vamos vendiendo poco a poco las fotos y un par de DVD’s firmados.

No me pagan por estar allí, pero el 100% de los beneficios de las ventas  son para mí, y la agencia pone snacks, agua y seguridad para las chicas. Podemos salir de la mesa y descansar cuando queramos y el ambiente es agotador, pero relajado.

A las 5 de la tarde tengo mi primera escena, así que media hora antes subo a la habitación a darme una ducha, comer y refrescarme mientras empiezo a notar como mis energías se disipan. Mientras llego al lugar de rodaje me doy cuenta de que hay más habitaciones en las que se está grabando porno en este preciso momento: una maquilladora cargada de pinceles cruza el pasillo, veo a una chica posando a través de la ventana abierta y los hazes de luz de un flash brillan por debajo de una de las puertas. Las productoras están aprovechando que tienen a todos los actores del país reunidos en un mismo sitio para rodar la mayor cantidad de contenido posible.

Mi escena es un vídeo heterosexual con el actor Brad Knight, que unos días más tarde ganaría muy merecidamente el premio a mejor actor revelación del año, y nuestra química es tan buena que el director decide grabar una segunda escena con nosotros un par de horas después. Completamente agotada después de dos orgasmos y cuatro horas firmando autógrafos, llego a mi habitación a las 11 de la noche y me pregunto sinceramente si sobreviviré a esta semana. Como siempre, hay fiestas por todas partes pero no tengo ni fuerzas ni ganas de dejarme ver en ninguna.

Amarna, entre sábanas blancas

Jueves 21 de enero

Se supone que el día con más afluencia de público es el viernes, pero el jueves ya hay tanta gente que me cuesta media hora llegar hasta mi stand.

La masa avanza, hombro con hombro, sin dejar ni un resquicio para respirar ¡Y eso que sólo son las 11 de la mañana! Esta vez firmo al lado de Maxime X y la diminuta Amy Faye, con las que entablo conversación a medida que va pasando el día. Aparte de las escenas que se graban a todas horas, hay productoras que se dedican a hacer pequeños clips de las chicas en los stands: previo pago, enseñas los pies, meneas el culo delante de la cámara o dedicas unas palabras a los seguidores de la web. Entre estos pequeños productores cabe destacar a un fetichista que nos fue dando globos a todas las chicas para inflarlos y explotarlos con el culo, las tetas o la barriga. Una maravilla.

Tras estar un par de horas firmando en el stand y hacer una entrevista para Vivid Radio en la que parecía que todos los locutores iban drogadísimos, salí corriendo (a estas alturas os habréis ya dado cuenta de que andar en los AVN es prácticamente imposible, o corres o no llegas) a hacer la escena del día: una mamada a tres bandas con la rubia Layla Price y la increíble Sovereign Syre.

A Layla ya la conocía de rodajes anteriores pero era mi primera vez coincidiendo con Sovereign y la sorpresa fue inesperada y maravillosa. Es licenciada en literatura inglesa y en cada pausa del rodaje nos dedicábamos a discutir sobre poesía y libros favoritos. Este pequeño espacio cultureta en medio del sexo creó una conexión brutal entre nosotras y no solo hemos vuelto a rodar juntas para nuestras respectivas webs (esta vez con Amber incluida en la acción, porque sharing is caring) sino que también nos hemos hecho amigas.

De vuelta al hotel y tras otro par de horas firmando me encontré con el español (y también nominado) Bobby Perú, un genio detrás de las cámaras y de lejos uno de mis directores favoritos en el panorama pornográfico mundial. Nunca nos habíamos visto en persona así que aprovechamos el momento para compartir ideas y proyectos, conversando sobre nuestra locura existencial. Pronto se unirían también Pablo, Amber y Brock Doom, un director y productor americano.

Selfie Aftersex

Viernes 22 de enero

El viernes pasó rápido, y me alegré hasta el infinito de no haber concertado ninguna escena para ese día. Tras las firmas hice unas cuantas fotos promocionales con el fotógrafo neoyorkino Driven By Boredom, que estaba contratado por Blacked y Tushy para hacer sesiones con las chicas que aparecían en la web durante la convención.

Una gorra negra, muchas polaroids y un par de cervezas hicieron que la sesión se pasara volando y de nuevo, al llegar la noche estába tan cansada que me tomé un gigantesco batido de tarta de cacahuete (God Bless America!) y me fui a dormir.

Según se iba acercando el sábado podía palparse la tensión acumulada: discusiones entre stands, chicas buscando maquilladoras de forma desesperada e infinitas conversaciones sobre vestidos, diseñadores, joyas y tacones.

Cabe destacar que tras un par de semanas pensando en cómo debería afrontar mi primera alfombra roja en EE UU, decidí comprarme un vestido blanco, elegante pero barato y bastante normal. Después de hablar con algunas chicas, la mayoría de las cuales se estaba dejando de 300 dólares para arriba en vestidos de marca hechos a medida, decidí que yo no pertenezco a este mundillo de flares y fuegos artificiales, y que mi dinero se irá en plantar huertos, pintar cuadros y customizar camionetas, no en joyas ni vestidos. De alguna manera sentía que tenía que impresionar a los directores, y agradar a los fotógrafos. Estar bonita, llevar un vestido, ponerme tacones.

AVN 2016

Sábado 23 de enero

El último día del festival lo pasé reflexionando con Amber sobre este mismo tema, y es que todas las actrices parecían fotocopias de sí mismas.

Era complicado encontrar algo de autenticidad, de personalidad. Chicas que por el motivo que fuera destacasen por encima de las demás. Todas llevaban los mismos escotes, la misma ropa interior, mismos maquillajes, mismos peinados… De pronto apareció una chica con un kigurumi, deportivas y un par de coletitas y se nos hizo la boca agua. ¡Eso era lo que echábamos de menos!

Al momento me arrepentí de haber estado tanto tiempo pensando en algo tan absurdo como un vestido y decidí que para el año que viene (y el resto de mis apariciones públicas, espero) intentaría ser yo misma en vez de intentar gustar a los demás. Ese día nos disfrazamos de colegialas japonesas y bajamos a la convención a darlo todo con nuestras últimas fuerzas. Las ventas fueron de maravilla y tuvimos la suerte de conocer a Jack The Zipper (el director que lanzó al estrellato a Sasha Grey y Stoya) que se quedó enamorado de nosotras. Nos invitó a un show radiofónico que estaba haciendo en ese preciso momento y, resumiéndolo mucho, Amber acabó sacando una espada de la boca de un traga sables y Jack nos bautizó como “The toplets“.

Una vez vestidas y maquilladas nos reunimos con Pablo para hacer la alfombra roja juntos. Empezaba a la entrada del hotel, así que hicimos cola muertos de frío detrás de unas rubias exhuberantes y llenas de joyas gigantescas que se pusieron a llorar cuando les dijimos que éramos españoles, al grito de “¡Siamo Italiani! Viva Europa!”.

A estas alturas del panorama se hizo obvio que la mayoría de la gente estaba drogada o tremendamente borracha. Una chica morena jovencísima empezó a hablar en español con nosotros con la voz más aguda que os podáis imaginar presentándose como Helena, Blanca, Sara y Santana (¿?) mientras se caía de forma reiterada sobre los arbustos que teníamos a nuestro lado.

Su acompañante intentaba sujetarla mientras nos pedía perdón, al mismo tiempo que Ron Jeremy hacía una entrada estelar saltándose toda la cola y plantándose en la entrada abrazado a dos morenas altísimas. Viendo que la espera iba a ser larga y el camino por la alfombra roja intenso a más no poder, me subí a la habitación del hotel a coger una galleta de marihuana. Craso error, luego descubriremos por qué.

Cuando nos tocó el turno descubrimos que los pases de Amber y Pablo eran válidos únicamente hasta las 7 de la tarde, y con la tontería nos habían dado ya las 8 y media. La chica de seguridad era inflexible así que me metalicé para plantarme delante de los fotógrafos yo sola y cruzar la masa de flashes y entrevistas sonriente y con la cabeza bien alta.

Paralelamente, unos cuantos metros por detrás de nosotros la también actriz nominada Dava Foxx estaba llorando: su pase tampoco era válido y gritaba a los cuatro vientos que la ilusión de su vida era poder caminar delante de esos focos.
Y como para mi aquello era más bien un paripé forzado que un paseo por los jardines del edén, vi la oportunidad y la cogí al vuelo. Le di mi pase a Dava, le expliqué a la de seguridad que pasaba completamente de la alfombra roja, y me fui con Amber y Pablo a entrar por la puerta trasera del teatro.

Allí nos encontramos con el actor español Nick Moreno y como todavía quedaba una hora para que empezasen los premios, Amber y yo nos tomamos un trozo de galleta y nos pusimos a hacer contactos.

Pronto nos cansamos de los tacones y decidimos subir a la habitación a descansar hasta que empezase la gala. Fue en ese viaje cuando nos dimos cuenta de que la galleta empezaba a hacer efecto y en un plis plas se nos fue una hora completa hablando y decidiendo qué hacer.

El vestido de Amber era largo así que cambió los tacones por unas botas militares que quedaban ocultas por la tela mientras que yo decidí seguir sufriendo un poco más con mis tacones blancos. Cuando al fin decidimos volver a la gala nos encontramos de nuevo con Nick y Pablo, que se estaban tomando unos vinitos en la puerta. Nos unimos al jolgorio junto a una rubia desconocida, que por cierto nos regaló una caja de donuts.

Como ya os habéis podido imaginar, cuando entramos en el teatro tres horas después, la gala estaba terminando. Así que oficialmente, nos perdimos absolutamente todo. Ni idea de quién había ganado nada, ni qué narices había pasado.

Internet se alió con nosotros para explicarnos que la ganadora a mejor performer del año era Riley Reid, con Mick Blue en su antagonista masculino. El premio al que yo estaba nominada se lo llevó Misha Cross, de forma totalmente merecida.
Y con los pies doloridos y abrazando a todo el mundo, nos fuimos a tomarnos otro batido de tarta mientras cerrábamos este capítulo de nuestra aventura americana.

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Domingo 24 de enero

Al día siguiente nos volvimos a reunir con Yhivi, nos despedimos de Pablo y volvimos a Los Ángeles, un poco más contentas, con muchos más contactos y esperando volver el año que viene. Esta vez con un galardón de ganadora y llegando a ver los premios. Lo prometo.

La mejor versión de esta crónica, con fotos inéditas de la propia Amarna, la podéis encontrar en el número de marzo de ‘Primera Línea’, a la venta en quioscos a partir del 19 de febrero.

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