Cómo ser malo

Desde que fue acusado de agresión por atizarle a Rihanna en un coche horas antes de la entrega de los premios Grammy de 2009, el rapero se ha convertido en el tipo con le que todos se quieren pelear. Y él, encantado.

Chris Brown, el alma de la fiesta
Redacción | 18/02/2013 - 17:43

Las semanas siguientes a su famoso altercado con Rihanna, el rapero parecía estar fuera de control. Destrozó una ventana en los estudios de la NBC tras una entrevista, mientras se debatía su caso en los tribunales. Finalmente, se le condenó a cinco años de libertad vigilada y le cayó una orden de alejamiento sobre Rihanna. No podía acercarse a la de Barbados a menos de 100 metros. Corría por entonces 2009 y Brown aparecía en programas como el de Larry King diciendo que él no era así, mientras su madre, sentada a su lado, asentía y narraba la ristra de abusos que ella había padecido, sugiriendo que su vástago había tenido una infancia llena de violencia.

Pero el arrepentimiento se le pasó bastante rápido. En 2010 se tatuó en el cuello la imagen de una mujer golpeada, algo que no se entendió ni como broma de mal gusto. Un incomprendido, el chaval. También el pillaron consumiendo marihuana, lo que le volvió a llevar a los tribunales. Estuvo a punto de perder la condicional y entrar en prisión. Durante la vista, Brown, al dirigirse directamente al juez cuando no estaba en posesión de la palabra fue reprendido por su abogado: “Yo no bailo, tú no hablas”, le espetó.

Bien, pues tras finalizar su orden de alejamiento a Rihanna, la chica –la de Barbados siempre ha sugerido que Brown es el amor de su vida, que lo suyo es del tipo Romeo y Julieta- le invitó a participar en su último disco, ‘Unapologetic’. Juntos grabaron ‘Nobody’s Business’, un tema con aires Michael Jackson cuya letra invitaba al mundo a que les dejara en paz.

Envalentonado por lo que fuera que envalentona a este chico, Brown lleva un par de semanas en las que no para de meterse en líos. De lejos viene su rivalidad con otro rapero, Drake, con el que tuvo una salvaje pelea e un club de Nueva York. No se ha llegado a esclarecer qué encendió la llama, pero lo cierto es que la judicatura de La Gran manzana anda estresada con el asunto. Drake ha denunciado a Brown. Brown ha denunciado Drake. Un modelo francés llamado Romain Julien ha denunciado a Brown (debió pensar que Chris era el responsable de que la sopa le llegara fría). Y el jugador de baloncesto Tony Parker ha hecho lo propio con el club por dejar entrar a este “par de gilipollas”.

Meses más tarde, Drake se disponía a entrar en un club de Hollywood, cuando en la puerta se le fue negado el acceso. Siempre llevo zapatillas y hoy me he puesto los calzoncillos del derecho, debió pensar. Pero no, no era la policía del buen gusto la que le negaba la entrada. Simplemente, dentro estaba Brown. Semanas más tarde, en el asomo lugar, varios miembros de algunas de las más populares bandas callejeras de Los Angeles empezaron a amenazar a Chris Brown, quien tuvo que dar media vuelta y abandonar sus pretensiones de volver al lugar. “Esto es L.A., tío”, dijo resignado, una actitud que no encaja demasiado con su biografía.

Finalmente, el último altercado de Chris ha sido con Frank Ocean. Ambos músicos andaban trabajando en el mismo estudio, cuando al final de la larga jornada de trabajo se encontraron en el parking del mismo. Empezaron a discutir sobre una laza de aparcamiento y la cosa terminó a mamporros, como es menester si Chris Brown está de por medio. Una vez más, uno ha demandado al otro y el otro a demandado a uno. El ex de Rihanna afirma que toda la culpa es Frank Ocean, un tipo que tiene pinta de no matar a las moscas e incluso de  deprimirse ante la idea de que esta noche morirán de viejas.

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