Échate un Casquet: En la cama con Nacho Vidal

Iniciamos esta semana una sección en nuestra web dedicada a las aventuras de Noemí Casquet en el porno. Joven periodista con aspecto de Betty Boop, Casquet nos ofrece su mirada sobre un universo en el que ha aterrizado hace poco tiempo, empezando por su encuentro con Nacho Vidal.

NachoVidal 18
NOEMÍ CASQUET | 10/01/2014 - 10:22

¡Mujeres del mundo!, sé que me odiaréis a partir de ahora. Lo sé y lo asumo. Pero soy de las pocas que estuve en la cama con Nacho Vidal y no follé con él. Y me lo pasé de miedo.

¿Cómo acabé en la cama de Nacho? Pues de la forma más fría posible. Fue en el Salón Erótico de Barcelona Klic Klic 2012, pero voy a empezar por el principio. Descubrí el porno de forma prematura gracias a Nacho Vidal. Él estaba en mis pensamientos más obscenos, aquellas imágenes que invaden tu cerebro cuando tienes tu mano entre el cielo y el pecado. Pero soy una mujer muy profesional, o eso intento. Así que aparqué mis fantasías más sucias y empecé a preparar la entrevista.

Quedamos en su casa un día entre semana a las siete de la tarde. Estaba temblando, sobrexcitada, expectante. Llamé y me abrió una chica preciosa, latina, con unos rasgos impresionantes. Había mucha gente y esperé a que saliera Nacho. Y allí estaba. Alto, fuerte y con unos ojos azules impresionantes.

–       ¿Dónde querrás hacer la entrevista? ¿Arriba?

Subimos unas escaleras y Nacho entró en su dormitorio. Yo me quedé en la puerta. Me invitó a entrar. ¡Dios mío! La cama de Nacho Vidal. Él estaba sentado en el centro, de una forma muy divertida, muy hippie y marcando el Godzilla que se escondía detrás de los pantalones de chándal y que yo no podía dejar de mirar. Me olvidé de las preguntas. Nacho se tocaba las manos y jugaba con ellas. Eran enormes, igual que su sexo.

Empecé la entrevista. Se me desmontó un mito y se creó otro mayor. Nacho es capaz de follar de la forma más salvaje o más tántrica posible. El amante perfecto para todas nosotras. A medida que avanzaba la conversación, se fue acomodando más en la cama y abriendo más las piernas. Me costó mantener los ojos en las circunferencias que tiene en la cara y no en las que tienen debajo del ombligo.

En un lugar de la mancha

Me fijé y tenía una mancha en la camiseta de tirantes que dejaba sus músculos a la vista en todo su esplendor. ¿Una mancha? ¿De qué coño sería esa mancha? Una pregunta que tenemos que tomar al pie de la letra.

Estuvimos en su cama casi una hora charlando a escasos centímetros de distancia. Y no paso nada.

Nos hicimos unas fotos juntos, naturales, casuales y, justamente cuando me fui, le solté la frase definitiva:

–       Cuándo le diga a mi madre que he estado en la cama de Nacho Vidal y no he hecho nada…

–       No te preocupes. A la próxima te hago yo la entrevista en profundidad. – me soltó.

Estuve a punto de poner un cartel amarillo en el suelo con la leyenda “¡Cuidado! Suelo mojado”. Pero en vez de eso le regalé mi mejor sonrisa y me despedí. Cuando llegué a casa me sequé los tobillos. Acababa de marcar un nuevo récord de humedades.

 

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