Échate un Casquet Firmando culos en el Salón Erótico

Casquet acaba de superar una de las pruebas más duras de su carrera periodística: cuatro días coordinando las actividades del stand de ‘Primera Línea’ en el Salón Erótico de Barcelona, la que, según nos cuenta ella misma, debe ser la feria de sexo más desmadrada y delirante bajo la capa de ozono.

Noemí Casquet en el Salón-Erótico de Barcelona
Noemí Casquet / Fotos: Jordi Puig | 13/10/2014 - 16:55

Un año más, el Salón Erótico de Barcelona Klic-klic ha sido para mí una impagable experiencia. He vuelto a saludar a nuevos y viejos conocidos del sector del cine X nacional y he vuelto a ver follar sobre un escenario a la mayoría de ellos apenas minutos después de que me saludasen. En fin, lo normal cuando te reencuentras con viejos amigos.

La novedad es que esta vez me ha tocado vivir la gran feria erótica española desde detrás de un mostrador: el del stand de la revista ‘Primera Línea’, del que he sido coordinadora y en el que acabé siendo protagonista de anécdotas rarísimas. Lo que cuento a continuación es mi personal respuesta a la pregunta que yo mismo me había hecho en alguna ocasión: ¿qué coño pasa cuando coordinas un stand en un festival erótico?

 

Cosas que te pasan cuando estás viva

Vayamos por orden. Lo más surrealista que me ha tocado hacer ha sido firmar dos culos y una frente. Y es que un grupo de chicos jóvenes y desenfadados que me habían visto por Youtube se acerco a pedirme un autógrafo. El primero lo quería en su peludo y sudoroso culo. Le dibujé un corazón. El segundo, me dijo que le firmara donde yo quisiera, así que le dejé un bonito recuerdo en su frente junto a una buena dosis de pintura de labios.

El tercero también quiso que le firmase el culo. Como a esas alturas los chavales me habían caído en gracia, además de firmárselo, se lo besé. Sí, es una de las cosas más asquerosas que debo haber hecho en mi vida (al menos que yo recuerde), pero los muchachos eran de Tarragona y habían tardado más de tres horas en llegar al festival, después de perderse unas cuantas veces. Eso sí, ya iban bien servidos: llevaban en el recinto desde mediodía y a aquellas alturas de la tarde ya habían visto más culos y tetas que en el resto de días de su vida.

 

En buena compañía

Verónica, la azafata de ‘Primera Línea’, fue mi compañera de stand durante los cuatro días que duró el Salón Erótico. Os pongo una foto de ella al pie de estas líneas para que comprobéis que se trata de una morena preciosa con un cuerpo espectacular. Además, es periodista, pero ahora mismo se gana la vida paseándose sobre tacones de 14 centímetros por discotecas, convenciones y demás, para que luego digan que los periodistas somos unos privilegiados y nos quejamos de vicio. A Verónica le hicieron fotos de todo tipo, cosa que no deja de ser normal, pero en alguna ocasión tuve que echarle una mano cuando algún cebolleta se propasaba con ella, preguntándole por sus partes íntimas o intentando meterle mano.

 

Verónica,azafata PL

 

Eso sí, estando en el stand, comprobé hasta qué punto resulta poderosa la palabra ‘gratis’. Durante el festival, regalamos unos mil ejemplares de la revista a mil personas distintas, atraídas todas ellas por tan insuperable relación calidad precio. Hubo que dosificarlas, porque se hubiesen agotado en cuestión de minutos. Muchos de esos ejemplares se los llevó gente atraída a nuestro stand por el taller de fotografía erótica que  montaron nuestros fotógrafos Antón y Mariam, con voluntarias como Amarna Miller, Gala Brown o Suhaila Hard.

También vale la pena destacar la gran cantidad de asistentes al Salón que se acercaron a, sencillamente, hablar con nosotras. Escuché historias de todo tipo.Unos hombres de una cierta edad que parecían competir por tener más whisky que sangre en su cuerpo se pusieron a hablarnos de sus hijos y de lo mucho que querían a sus familias. Uno de ellos añadió que “lo más importante en la vida no es el físico, sino el corazón”.

Entre los que acabarían convirtiéndose en huéspedes habituales de nuestro rincón, un austríaco que al parecer viene todo los años al festival y que nos contó su vida con todo lujo de detalles… en un inglés del todo incomprensible. El hombre tenía la extraña costumbre de tocarme la nariz con el pulgar cada vez que se despedía. Algunos espontáneos se acercaban a nosotros para ofrecernos chucherías y, en un par de ocasiones, incluso nos invitaron a tomarnos con ellos unos estupendos mojitos. Y la nota lacrimógena la dio un chaval joven, borracho como una cuba, que quiso compartir conmigo que hace tres años tuvo una ruptura muy dolorosa con su pareja y desde entonces vive la vida “al máximo”. Podías verlo bailar solo por el festival, intentando mantener a duras penas la coordinación entre brazos y piernas.

 

Gente para todo

Otro hombre más bien veterano me explicó que cuando tenía 14 años robaba nuestra revista porque era menor de edad y aún no podía comprarla. Me dio las gracias por sus pajas adolescentes. Me hice fotos con gente que ni me conocía ni sabía quién coño era yo. Expliqué a un millón de personas que yo no era una de las modelos de la revista ni hacía porno, que simplemente era una periodista a la que habían encargado coordinar el stand. Os aseguro que la de periodista debe ser una de las profesiones menos afrodisíacas del mundo, porque al oír a qué me dedico a la mayoría de mis admiradores eventuales se les pasaba la calentura al instante.

Me sorprendió la cantidad de personas que vinieron con la intención de proponernos nuevas colaboraciones, trabajos, proyectos o pidiendo una oportunidad para ganarse la vida en este país de mierda en que nos ha tocado vivir. Los escuché a todos con atención.

Había quien quería montar un programa de radio en Canarias, fotógrafos dispuestos a trabajar cómo sea y dónde sea, jóvenes redactores con ganas de enseñarnos la publicación en la que escribían por amor al arte, un comercial con don natural para las relaciones públicas que nos ofrecía los servicios de su empresa de organización de eventos… Algunos presentaron proyectos muy ambiciosos, otros con gran interés periodístico, pero la mayoría buscaban un cambio en su trabajo y en sus vidas. Jamás pensé que la gente buscara trabajo en el Salón Erótico de Barcelona. Al menos, no un oficio donde se deba ir vestido.

 

Cómo está el patio…

Eso sí, si algo me resultó un tanto decepcionante es la manera de ligar de muchos de los hombres que frecuentan este tipo de ferias. La mayoría de los que se me acercaban lo hacían con la misma sonrisa pícaro, el mismo tono y la misma frase anzuelo: “Qué ojos tan bonitos tienes, ¿de dónde los has sacado?”. Una entrada a la que yo suelo contestar diciendo que los he comprado en el mercado negro de Bangkok, que se me han vuelto verdes por un extraño virus contagioso o que en realidad no son los míos, sino los de mi gato.

Así que ya sabéis, si el año que viene alguno de vosotros se pasa por el Salón Erótico de Barcelona y me encuentra en el stand de ‘Primera Línea’, dejaos de frases lamentables para tirar la caña y empezad por invitarme a un mojito tan verde como mis ojos, porque con lo otro me da la risa. Aunque, de todas formas, gracias por intentarlo.

 

Casquet, en buena compañía

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