Échate un Casquet: Mi tensión sexual no resuelta con Lara Tinelli

Otro día en la oficina para la intrépida reportera Noemí Casquet. Esta vez, lo que iba ser una rutinaria entrevista con Lara Tinelli acaba convertido en una excitante inmersión en las cuevas del sado.

Tinelli y Casquet
Noemí Casquet / FOTOS: ALBERTO LÓPEZ | 04/02/2014 - 17:30

Seguro que alguna vez habrás conocido a una mujer que os ha dejado sin habla, que con una simple mirada es capaz de generarte una cardiopatía o una inflamación genital aguda.

Esa sensación la he experimentado yo solo una vez en la vida y con una única mujer: Lara Tinelli, directora y actriz porno con una carrera de infarto. Alta, con un cuerpazo atlético, los pechos perfectos, ojos rasgados y unas pequitas que me vuelven loca. Pero lo más increíble en ella es su actitud seductora.

La conocí cuando me encargaron hacerle una entrevista durante el Salón Erótico de Barcelona 2012. Quedamos en una cafetería en el centro comercial Las Arenas, en Barcelona. Ella llevaba unos shorts que dejaban al aire unas piernas morenas preciosas y una camiseta de lycra que marcaba todos los ángulos de su torso. Al verla, me sorprendí deseando compartir con ella la cama de cualquier hotel y sentir como nuestras lenguas se hartaban de tanto lamer.

En aquella entrevista, además de por su magnetismo sexual, Lara me sorprendió su profundo conocimiento de las artes genitales. Me dio un curso acelerado de squirts, miembros masculinos, sexo anal, seducción, felaciones…

 

Una tórrida segunda cita

Pocos meses después, volví a entrevistarla, esta vez para un programa de televisión. Me presenté a la entrevista con un arma de destrucción masiva en el bolso: una polla de látex con la que esperaba que Lara me mostrase los secretos de una buena garganta profunda.

Ella, encantada de mi ocurrencia, le puso el condón a aquel afortunado trozo de plástico y, como por arte de magia, lo hizo desaparecer en su boca. Me quedé fascinada. Mientras ejecutaba su máster en felación, la actriz argentina no dejaba de mirarme.

Aquél par de ojos hicieron que un súbito cosquilleo trepase por mis piernas para acabar humedeciendo mi sexo. Se me ocurrió una idea descabellada: ojalá pudiésemos follarnos juntas a un sumiso para que Lara pusiese en práctica lo mucho (y muy bueno) que sabe sobre sexo. Me puse atómica. Y aquello no había hecho más que empezar.

 

El día que fui sumisa

Porque también había traído conmigo un pequeño pero completo arsenal BDSM: cinta, pala y una venda para los ojos. Mi intención era pedirle que nos enseñase cómo utilizar esos accesorios con algún ‘esclavo’, a ser posible voluntario. Lo que no estaba previsto es que la esclava elegida por Lara fuese yo.

Mi nueva ‘ama’ me puso la venda en los ojos y me empezó a acariciar los brazos y, pocos segundos más tarde, mis pechos, de pezones erectos y cada vez más entregados. Me olvidé completamente de que estaba en televisión y mis gemidos empezaron a entremezclarse con mi risa nerviosa. ¡Imaginad cómo estaba el personal de producción! Sólo os diré que las cámaras se aguantaban solas.

Tinelli y Casquet

El golpe de gracia

Lara me puso de pie y me hizo darme la vuelta. Empezó a acariciarme el culo, mojadísimo por mis fluidos y dilatado por sus caricias. Me dio un par de azotes y cogió la pala. Por primera vez en mi vida, deseaba fervientemente que alguien me dominara, que me obligase durante horas su preciosa entrepierna. Que me atara, que me torturara, que hiciera conmigo lo que le viniese en gana. En ese momento, estaba dispuesta a plegarme a todas sus fantasías.

Después de los azotes, Lara cogió un perchero y me ató con los brazos en alto. Estaba totalmente expuesta a ella. Siguió con las caricias y empezó a descender llegando a mi húmedo rincón. Ya no sentía nada más que el latir de mi clítoris y cómo mi lubricación resbalaba por la pierna.

Sin previo aviso, sentí unos ardientes toquecitos sobre mi coño. Lara me estaba dando unos suaves golpes con la pala y me empezó a desabrochar el pantalón. ¿Y qué pasó? Solté una carcajada estúpida y me disculpé diciendo que hasta ahí habían llegado las aguas, que yo soy una “profesional”. Como castigo, Lara me dejó atada en el perchero y tuve que despedirme de ella como buenamente pude, o como mi alto grado de mi excitación me permitió.

Agradecí a Lara el tiempo que me había dedicado y me fui a casa. Me desnudé, entré en la ducha y me masturbé cómo una loca imaginando un final distinto, menos vergonzoso, mucho más placentero, para mi primera experiencia como sumisa.

Lara Tinelli

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