Échate un Casquet: Violada por el chihuahua de Franceska Jaimes

Encuentro en la cumbre: Franceska Jaimes, Noemí Casquet… y una lasciva intrusa de pocos centímetros que intentó montárselo con las dos. Cosas, en fin, que solo podrás leer en Échate un Casquet, la sección que te pasea por la cara oculta del porno nacional.

Casquet, Franceska y la chihuahua violadora
Noemí Casquet / FOTO: ALBERTO LÓPEZ | 14/01/2014 - 11:55

¿Exageraría si dijese que fue amor a primera vista? Coincidí con ella por primera vez durante el Salón Erótico de Barcelona de 2011. Una mujer espléndida, de rasgos latinos y poderosos atributos, que pasó a mi lado según bajaba del escenario tras actuar junto a Nacho Vidal. Pregunté a mi compañero quién era aquella diosa. “Franceska Jaimes“, me contestó. Supe que no olvidaría ese nombre.

Año y pico después, coincidiendo con el Salón Erótico de Valencia, del que Franceska era portavoz, me surgió la oportunidad de entrevistarla. Juro que preparé la entrevista a conciencia: como buena profesional, pasé horas y horas leyendo sobre ella, rastreando sus escenas, viéndola gemir en la pantalla de mi portátil…

Por fin, tras varios intentos infructuosos (la vida de una actriz porno de éxito suele ser bastante ajetreada), Franceska me citó en su piso de Barcelona una gélida mañana de mayo. Toqué el timbre y allí estaba ella, tan preciosa como de costumbre, con unos tejanos muy apretados y una camiseta que se ajustaba delicadamente a la perfecta curva de su trasero. Al verla, imágenes de las innumerables escenas que la había visto protagonizar acudieron a mi mente. “Céntrate, Noemí, que te pierdes“, me dije.

La conversación se centró desde el principio en su trabajo. En concreto, en la serie que acababa de estrenar por entonces, ‘El diario fetish de Franceska’, en la que se percibe su debilidad por el BDSM y demás parafilias exquisitas. Ella me confirmó que se trataba de la serie que mejor había mostrado su cuerpo y su personalidad hasta la fecha.

Una intrusa con malas intenciones

Mientras charlábamos, noté que algo me rozaba la pierna. Era un chihuaha tan pequeño como la palma de mi mano. “Se llama Barbie“, me aclaró su dueña. Franceska cogió a la perrita y la sentó con nosotras en el sofá.

Mientras la sentaba, la actriz me estaba hablando de su primera escena, un lésbico de estética fetichista con Lucía Lapiedra en la que ella lucía un traje de cuero y una máscara de látex. Por entonces, no estaba del todo segura de querer dedicarse al porno, así que prefirió conservar el anonimato. “Me reconocieron por este tatuaje”, dice mostrándome el arabesco de tinta que luce en su espalda. Y así, casi sin quererlo, fue como la colombiana se convirtió oficialmente en actriz X.

En pleno relato, Barbie se enganchó a mi antebrazo y empezó a moverse arriba y abajo de manera frenética, con toda la fuerza que le permitía su diminuto cuerpo. ¡Me estaba violando el chihuahua de Franceska Jaimes! Y en plena entrevista, mientras yo hacía denodados esfuerzos por conservar la profesionalidad y la compostura.

La actriz y yo empezamos a reír de manera compulsiva mientras la pequeña seguía con su desenfreno sexual. Franceska la apartó, y la criatura hizo un último intento de seguir disfrutando de su brote ninfómano, esta vez con las piernas y el brazo de su dueña. “Sí, es mucho más sensato que intentes montártelo con semejante diosa en lugar de conmigo”, pensé.

La entrevista fue estupenda. Siempre agradeceré a Franceska su cercanía y su franqueza. Además, la presencia de Barbie, a la que hubo que bajar del sofá para que dejase de restregarse lúbricamente contra nosotras, me dio una perfecta excusa para romper de vez en cuando el contacto visual con mi entrevistada y echarle alguna mirada furtiva a esa delantera que vuelve loco a todo el mundo.

Siempre había creído que los perros se parecen a sus dueños. Esa mañana, Barbie corroboró mi teoría.

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