Esto pasa España ya es adicta al sexting

Las estadísticas son elocuentes: de un tiempo a esta parte, intercambiar mensajes guarros a la primera oportunidad que se presenta se ha consolidado como uno de los pasatiempos preferidos de los españoles de ambos sexos.

Sexting
Redacción | 11/03/2015 - 19:11

Ya es oficial, los españoles se han rendido sin condiciones a la moda del sexting y lo practican con cada vez mayor fruición, como si no hubiese un mañana.

Ya nos comportamos como nativos digitales, como gente moderna, en fin, en casi todos los ámbitos, sexo incluido. Atrás quedaron por fin los siglos del Spain is different, del que inventen ellos y del quédate tú allá con tu ordenador que yo me quedo aquí con mi boina y mi alcayata.

Hace ya una temporada larga que somos líderes mundiales en disciplinas tan tecnológicas como el pirateo digital y las redes sociales, y ahora parece que acabamos también de cogerle el tranquillo a esto de escribirnos marranadas por el móvil.

Lo confirma otro de esos estudios que tanto nos divierten y tan poco solemos creernos, el de esa página de promoción activa del adulterio que se llama Ashley Madison. Un rincón de la red que contribuye como pocos a difundir la cultura sexual y a que nos pasmemos al constatar lo rijoso y lo raro que puede llegar a ser el ser humano, así que desde aquí un brindis por ellos.

 

Currar nos pone muchísimo

Según los chicos de Ashley, la enfermedad tiene ya carácter de pandemia: el 78% de las mujeres y el 85% de los hombres consultados practican en ratos libres el sexting con sus amantes a través de Whatsapp, SnapChat o SMS.

Es más, el 29% de los hombres y el 33% de las mujeres tienen la desfachatez de hacerlo desde el trabajo, con lo que se confirma lo que ya sospechábamos: las oficinas nacionales se han convertido ahora mismo en uno de los espacios más tórridos concebibles, una auténtica caldera hormonal en ebullición en que muchos de los esforzados curritos dan rienda suelta a sus pulsiones sexuales cuando se supone que deberían estar por otros menesteres.

Y eso no es todo. El estudio de la web canadiense, basado en testimonios de 2.801 españoles de ambos sexos, arroja resultados tan interesantes como que la falta de sexo en la pareja es el principal motivo para que hombres y mujeres se planteen el adulterio (ese es el pretexto que esgrimen para justificar sus caiditas de Roma el 56% de los hombres y el 38% de las mujeres), aunque puede haber otros, como la falta de verdadera intimidad más allá del sexo en el caso de ellas o la voluntad de hacer realidad determinadas fantasías en el caso de ellos.

Es decir, que la estadística parece confirmar el tópico de que las mujeres recurren a la infidelidad para saciar necesidades emocionales profundas y los hombres, porque les va la marcha y por coleccionar experiencias.

En lo que sí hay un amplio consenso es en que la tecnología, en especial los servicios de mensajería móvil, son el mejor aliado del adúltero. Sobre todo, porque permiten a los infieles mantener un contacto fluido con sus amantes a pesar de que los encuentros sexuales tiendan a ser poco frecuentes (solo el 5% de los encuestados se acuestan con sus amantes más de dos veces al mes).

Otros sustitutos eficaces del sexo al margen del sexting parecen ser, para ellos, la pornografía (el 75% por ciento de los hombres la consumen con cierta frecuencia, sobre todo en solitario) y los juguetes sexuales (el 88% de las mujeres los usan a menudo, mientras que solo el 4% de los hombres recurren a ellos con cierta asiduidad).

En resumen, que lo de las dos Españas parece hoy más cierto que nunca, pero no separa a la derecha de la izquierda ni a los seguidores del Real Madrid de los del Barcelona, sino a los hombres de las mujeres: mientras ellas confían sus orgasmos a las bolas chinas y buscan amantes dispuestos a escucharlas y disfrutar con ellas de instantes de intimidad, ellos ven pornografía como descosidos y luego intentan llevar a la práctica lo que aprenden con las parejas sexuales que se pongan a tiro.

Eso sí, unos y otros nos intercambiamos mensajes eróticos desde el curro, en una prueba caí definitiva de que nada acerca más a los seres humanos entre sí que el aburrimiento.

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