Historias del porno El cine X como manifestación cultural

Esta semana se cumplen cuatro años desde la desaparición de uno de los grandes mitos de la edad de oro del porno norteamericano, el actor y director John Leslie. Por ello, Gisbert se rinde ante su figura y le dedica un pequeño homenaje.

leslie
PACO GISBERT | 03/12/2014 - 14:53

Pocos personajes encarnan tan bien la historia del cine porno norteamericano como John Leslie, fallecido ahora hace cuatro años. Sus orígenes, como los de gran parte de los actores de su generación, estaban en las inquietudes contraculturales emanadas del aroma a hierba y la revolución pendiente. Nativo de East Liverpool (Ohio) pero criado Industry (Pennsylvania), John Leslie Nuzzo estudió Bellas Artes en Nueva York con el propósito de convertirse en pintor, pero la vida acabó por empujarlo a los ambientes del porno de los años 70, aquellos que entroncaban con el cine independiente y la transgresión.

Llegó a Nueva York con sus pinturas bajo el brazo y acabó zambulléndose en la vida cultura del la Gran Manzana: fue vocalista y tocó la armónica en el grupo The Brooklyn Blues Busters y entró en contacto con los ambientes teatrales de la ciudad, que le llevaron al porno. No había estudiado para actor, como muchos de sus compañeros de profesión, pero Leslie fue, por su dedicación y su profesionalidad, uno de los mejores intérpretes de la historia del porno norteamericano. Era extraordinariamente fiable cuando llegaban las escenas de sexo, y un exquisito seductor cuando tocaba interpretar las escenas que, en el entorno del cine X, se conocen como “comedia”, en realidad las dramáticas. En la edad de oro del porno norteamericano, la época que coincide con el cénit del cine de serie B, rodado en 35 mm.,  con escenas de sexo explícito, tener a John Leslie en los créditos de una película era garantía de éxito. En los más de tres centenares de películas en las que participó como actor hay una enciclopedia de gran parte de lo mejor del porno americano de la época.

Reciclarse o morir

Como le ocurrió a tantos otros, a John Leslie no le sentó bien el cambio de soporte en las filmaciones, de cine a video, y su carrera como intérprete comenzó un lento declive. Los productores y directores no necesitaban tipos que transmitieran un especial magnetismo delante de la cámara, sólo gente que supiera follar. Leslie sabía hacer las dos cosas, por lo que prefirió ser él quien dirigiera sus propias películas. Poco después de casarse con su mujer, Leslie abandonó la actuación para pasar al otro lado del eje de la cámara, a dirigir sus propios filmes.

Con un talento como el suyo, el porno que dirigió John Leslie no pudo ser sino un desafío a la tendencia dominante en el X norteamericano. Sus películas, frías, dotadas de una peculiar atmósfera y plagadas de guiños intelectuales, estuvieron a la altura de lo que había sido su carrera como actor: formaban parte también de la historia del porno. Sólo a partir de 1995, cuando fundó su propia productora y cuando el porno abandonó casi definitivamente su vertiente dramática, el cine de Leslie dio un giro hacia el sexo puro y duro. Aun así, hay en sus últimos filmes un atisbo de transgresión, un toque personal que los hace diferentes a los miles de productos clónicos que invaden el mercado norteamericano en los últimos 25 años.

Con su muerte, el 5 de diciembre de 2010 a los 64 años, se fue uno de los grandes de la historia del porno. Un hombre culto, aficionado al jazz y la pintura de vanguardia, generoso, buen conversador y educado. Un hombre que siempre intentó dignificar la profesión que la vida eligió para él, que siempre aportó un poco de sentido común y originalidad a los trabajos que realizó. Un tipo, en definitiva, que creía que el cine porno era una manifestación cultural tan respetable como el resto de las Bellas Artes.

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