Historias del porno: El festival de cine X

¿Nunca te has preguntado por qué en los festivales de cine erótico había tan poco cine? Pues, en nuestro paseo por el pasado del porno, descubrimos que hace casi 40 años se celebró en París un festival de cine X con películas, premios y jurado. Como los de verdad.

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PACO GISBERT | 03/12/2013 - 15:18

Los aficionados al porno identifican el concepto de festival de cine erótico con su vertiente más festiva y feriante, un espacio en el que pueden acudir a comprar artículos relacionados con el sexo o películas y en el que tienen la ocasión de hacerse unas fotos o pedir un autógrafo a su estrella favorita en el mundo del porno. Ese es el modelo que impera en todo el mundo, muy alejado de lo que los aficionados entienden como un festival de cine. Pero no hay que olvidar que el sexo es, en primer lugar, un negocio, y, en segundo, una temática muy difícil para encontrar patrocinios privados o ayudas públicas. De ahí que, en los festivales de cine erótico, el cine sea lo menos importante, puesto que es lo que menos dinero da, y todo el montaje que lo rodea (stands de distribuidoras y productoras, espectáculos de sexo en vivo, etc.) lo que, al fin y al cabo, los define cara al espectador.

El ejemplo francés

Hubo, en la prehistoria del porno en la legalidad, un intento de que el porno fuera el núcleo temático de un festival cinematográfico, como lo son el fantástico, el cine de autor o la comedia. Sucedió en Francia, donde las películas pornográficas convivían alegremente con las convencionales desde la legalización del cine X, a comienzos de 1975, e incluso algunas producciones norteamericanas con escenas de sexo explícito habían participado en el festival de Cannes.

En plena fiebre por el cine licencioso en Francia, se celebró en París el Premier Festival International du Film Pornographique-Érotique entre el 6 y el 12 de agosto de 1975. La iniciativa partió de los productores Gérard Thum y Michel Lemoine, quienes organizaron el certamen y prepararon una extensa programación que incluía 44 películas procedentes de Francia, Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Holanda, Suiza, Alemania, Japón y los Estados Unidos. Durante una semana, miles de nuevos aficionados al género acudieron a las tres salas Haussman, en el número 2 de la rue de Chauchat, en la zona de los grandes boulevards, para degustar una selección de películas en la que figuraban títulos que, con el paso del tiempo, han pasado a ser emblemáticos en la historia del porno, como ‘Les jouisseuses’, de Lucien Hustaix, ‘Penetration’ y ‘Sensations’, de Lasse Braun, ‘Sex Jack’, de Koji Wakamatsu, ‘Screw on Screen (SOS)’, de Jim Buckley, o ‘Defiance’, de Armand Weston.

Un palmarés muy caliente

El jurado presidido por la actriz Claudine Beccarie, máxima celebridad del porno francés gracias a su papel en ‘Exhibition’, y formado por Jean-Claude Romer, André Halimi, François Jouffa, Rémo Forlani, Régine Deforges, François Chatelet, Michel Caen y el director Jean-François Davy concedió el gran premio del certamen a la película francesa ‘El sexo que habla’, dirigida por Frédéric Lansac y producida por Francis Leroi, dos treintañeros procedentes de los cineclubes en los que se proyectaban películas de cine fantástico, aficionados al cómic y amantes del cine en general. El jurado consideró que la película de Lansac y Leroi poseía un nivel de calidad equiparable a las producciones norteamericanas, las grandes favoritas, y tiró de chovinismo para dejar en Francia la máxima distinción del festival. El premio especial del jurado se lo llevó Lasse Braun, que presentaba dos películas a concurso, mientras que el de mejor interpretación masculina fue a parar al veterano actor francés Robert Le Ray, presente en los dos filmes de Braun que se proyectaron en el festival. La norteamericana Jean Jennings ganó el premio a la mejor interpretación femenina por su papel en ‘Defiance‘.

La experiencia fue positiva y exitosa, pero se topó con la promulgación, tres meses después, de la ley que regulaba la exhibición de películas X en Francia, una norma legal que recluyó a los filmes porno a las salas especiales y que años más tarde sería copiada por los legisladores españoles. El primer festival de cine porno de París también fue el último. Desde entonces, hablar de festival de cine erótico o pornográfico es hablar de algo muy diferente, muy ajeno al cine.

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