Historias del porno: el hombre que perdió su pene

Nuestra historia por entregas del cine X entra hoy en uno de sus capítulos más escabrosos: la crónica de la mutilación genital y el éxito contra todo pronóstico de un hombre, John Wayne Bobbitt, que ha desaprovechado a conciencia todas las oportunidades que le dio la vida.

John Wayne Bobbitt en su minuto de gloria cinematográfica
Paco Gisbert | 04/02/2013 - 18:25

Hace casi 20 años, el 23 de marzo de 1993, una sórdida y curiosa noticia saltó a las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Una mujer norteamericana había cortado parte del pene de su marido con un cuchillo de cocina como venganza por los malos tratos y supuestas infidelidades de este.

Aquella noche, Lorena Bobbitt, italo-americana  de 23 años, había sido violada por su marido, John, con el que se había enzarzado en una violenta discusión después de que el llegase borracho a casa a altas horas de la madrugada. Horas más tarde, cuando John dormía la mona sin ser demasiado consciente de lo que había hecho, Lorena le cortó el pene, se marchó con su automóvil a dar una vuelta y arrojó el trozo de miembro viril de su marido por la ventanilla antes de entregarse a la policía.

Reconstrucción milagrosa

Los agentes batieron la zona en la que Lorena había arrojado la prueba de su delito y encontraron, entre unos matorrales, el trozo de órgano eréctil en aparente buen estado. Una compleja intervención de microcirugía devolvió el pene a la entrepierna de John unos meses antes de que Lorena fuera condenada a 45 días de asistencia psiquiátrica y unos años de libertad condicional.

A raíz de ese incidente, los medios de comunicación norteamericanos convirtieron al maltratadoy y víctima, John Wayne Bobbitt, en una siniestra celebridad. Firmó un contrato por valor de un millón de dólares para escribir su autobiografía y se convirtió en asiduo de las fiestas más exclusivas de Hollywood. En una de ellas, organizada por la revista ‘Playboy’, John conoció a Ron Jeremy. El avispado actor, director y productor propuso a Bobbitt participar en una película X cuya principal atracción sería su flamante reconstrucción genital.

El filme se tituló, recurriendo a un doble sentido resultón pero de no muy buen gusto, ‘John Wayne Bobbitt Uncut. Se rodó en diez días en agosto de aquel año y narraba, en clave sexual, los acontecimientos que rodearon a aquella mutilación genital motivada por el despecho y el maltrato. La actriz brasileña Veronica Brazil dio vida a la vengativa Lorena en aquella versión cinematográfica de lo que había ocurrido la vida real.

Barra libre

‘John Wayne Bobbitt Uncut‘ abrió la veda del todo vale en el porno contemporáneo. Por primera vez en la historia del género, la polla de un actor se convertía en atracción de barraca de feria, en el ‘Carnivale del X, en el reclamo primordial (y casi único) de un filme. Y no por sus habilidades sexuales, sino por el morbo de ver si, una vez sometida a tantos devaneos, funcionaba. Y el caso es que si funcionaba. La película, en consecuencia, también fue de perlas, y se convirtió en una de las más vendidas en 1994 en los Estados Unidos pese a sus nulas cualidades cinematográficas y la evidente impericia de su protagonista.

Podría decirse que fue un éxito que anticipó en gran medida lo que vendría después: el más difícil todavía. Es decir, la lógica circense aplicada al porno. La máxima no escrita que viene presidiendo el género en los últimos años y, según la cual, cuanta más estrambótica sea la gesta (bien por el número de pollas que caben en un orificio, bien por la utilización de elementos cotidianos como instrumentos introductorios), más atractiva, en teoría, será la película.

Auge y decadencia

El filme de Jeremy fue la cumbre en el dudoso éxito de John Bobbitt. Y el comienzo de su descenso en picado. En los dos años siguientes, protagonizó media docena de filmes X, entre ellos un gonzo dirigido por John Stagliano y una ridícula parodia de ‘Frankenstein, de Mary Shelley. Pero sus problemas con las mujeres se reprodujeron. Pocos años después, fue acusado de violencia doméstica por su novia, la actriz porno Kristina Elliot, y compareció ante el juez por varios delitos de estafa y robo.

Dos matrimonios más, cuyos divorcios se resolvieron con acusaciones de malos tratos, acabaron por arruinar a Bobbitt, que gastó en abogados e indemnizaciones todo el dinero que había ganado en el porno.

Ahora, John Bobbitt, el maltratador de mujeres, el tipo que perdió su polla porque no supo utilizarla de manera adecuada, vive en Las Vegas, donde se gana la vida en precario ejerciendo diversos oficios, desde barrendero a operario de una grúa. También es ministro de una iglesia protestante, en la que purga sus culpas por una vida llena de estupideces, incluido su reencuentro con Lorena en un reality televisivo. No hay noticias ni de que se le haya caído su pene a trozos ni de que no le funcione después de tan ajetreada vida.

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