Historias del porno: El taxista perverso

Gisbert nos rescata de la memoria a uno de los personajes más fascinantes de cuantos participaron en el cine X clásico. Un hombre cuya sexualidad al límite la disfrutó dentro y fuera de los platós y que marcó una época en el porno americano.

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PACO GISBERT | 31/10/2013 - 10:04

La vida de Jamie Gillis, nacido como James Gurman el 20 de abril de 1943, podría servir como ejemplo para todos aquellos que anhelan trabajar en lo que les gusta toda su vida, ganar dinero con sus pasiones. Sólo que, en el caso de Gillis, esas pasiones tenían que ver con lo más perverso de la sexualidad humana. De formación teatral, Gurman condujo durante años un taxi por Nueva York mientras compaginaba tan insulso trabajo con las obras de teatro que se representaban en el ‘off Broadway‘, los teatros alternativos de la Gran Manzana, durante los últimos años de la década de los sesenta. Un buen día de 1971, Gurman respondió a un anuncio que pedía actores para películas eróticas y se presentó a la audición. Con 28 años, el taxista eventual poseía una extraña afición por las manifestaciones sexuales más bizarras y pensó que, en el porno, podría llevar a cabo sus vicios y ganarse la vida con ellos. Rodó cientos de ‘loops’, entre ellos algunos de temática sadomasoquista, y, cuando empezó a hacer películas, combinó su presencia en los cochambrosos lofts de la calle 42 con espectáculos eróticos en los que mezclaba dos de sus pasiones: se desnudaba sobre un escenario mientras recitaba los sonetos de Shakespeare.

Un actor con registros

Con el advenimiento de la edad de oro del porno norteamericano, a James Gurman, ya convertido para siempre en Jamie Gillis, se le abrió un futuro de dinero y placer. Eran tiempos de experimentación y Gillis fue el actor idóneo para encarnar personajes perversos en el cine X, en los cuales volcaba muchos de sus vicios más o menos inconfesables. Fue el ‘serial killer’ que violaba y asesinaba a sus víctimas en el filme de culto ‘Waterpower‘, de Warren Evans, o el distinguido burgués que somete a su amada en ‘Historia de Joanna‘, de Gerard Damiano, una película en la que, sin ser homosexual, aceptó participar en una escena erótica con otro hombre, el actor gay Zebedy Colt. Pero también el dandy que descubre en Pigalle a una mujer a la que convertir en prostituta con sus artes y su experiencia en ‘The opening of Misty Beethoven‘ o el millonario sin escrúpulos que somete a una actriz sin escrúpulos en ‘Skin Flicks‘, de Gerard Damiano.

La horma de su zapato

Su vida fuera de los platós no se diferenciaba mucho de la que llevaba en los sets de rodaje. Y, si ambos comportamientos admitían una comparación, los personajes que interpretaba en el cine X se quedaban cortos al lado de su agitada vida personal. En 1975 conoció a Serena, una actriz en la que vio su alma gemela. Juntos protagonizaron algunos de los escándalos sexuales más sonados en los años gloriosos del porno americano. A los dos les gustaba intercambiar roles: ahora uno domina, ahora es el dominado. Y, fruto de ello, hubieron de recurrir a los amigos para que los salvaran de situaciones más que embarazosas. Cuenta Sharon Mitchell que hubo de acudir al rescate de Jamie Gillis cuando una noche éste lo llamó para pedirle ayuda porque, en uno de sus juegos sexuales con Serena, la cabeza de esta se había quedado enganchada en el inodoro de su casa mientras ambos follaban. Su desbordante sexualidad se manifestaría años después al ser uno de los inventores del gonzo, gracias a la serie ‘On the prowl‘, que realizó junto a su amigo de Powers.

Hace unos años, a Gillis, que nunca llegó a abandonar el porno como actor, le diagnosticaron un melanoma. Luchó contra ese cáncer de piel hasta el 19 de febrero de 2010, cuando el actor más vicioso que jamás haya conocido el porno tomó el último taxi de su vida. El que le llevaría hasta el otro mundo.

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