Historias del porno Este rodaje es una fiesta

Echamos la vista atrás casi 40 años para remontarnos a 1975, el año en el que el cine porno realizó la primera y única superproducción de su historia. Una peli con grandes ambiciones que acabó constituyendo un sonoro fracaso comercial.

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PACO GISBERT | 13/03/2014 - 15:20

A mediados de 1973, la Corte Suprema del estado de Nueva York dictaminó que cuatro películas, entre ellas ‘Tras la puerta verde‘, contenían tantos “actos de perversión sexual que habrían sido considerados obscenos por las costumbres de las comunidades de Sodoma y Gomorra”. Los hermanos Mitchell, envalentonados por el éxito de su primera película, decidieron acometer la primera gran superproducción de la historia del porno, un filme X al estilo Cecil B. DeMille que titularon precisamente ‘Sodoma y Gomorra: Los últimos siete días‘, en homenaje a la retrógrada resolución del órgano judicial neoyorquino.

La película se comenzó a rodar en el verano de 1975 y pretendía ser la demostración al mundo de que el porno estaba capacitado para hacer grandes producciones, a la vez que la consolidación de los hermanos Mitchell, que sólo habían realizado hasta entonces dos largometrajes (‘Tras la puerta verde‘ y ‘La resurrección de Eva‘), como los representantes del cine de autor dentro del porno.

Coca y comida que no falten

Jim y Artie Mitchell invirtieron entre 450.000 y 700.000 dólares en aquel proyecto, una cantidad que incluso hoy en día es desmesurada para una producción erótica. Pero tanta pasta la gastaron en convertir el rodaje, que se prolongó durante casi medio año, en una continua fiesta. Jim y Artie eran unos tipos generosos y juerguistas, millonarios después de los beneficios que les habían reportado sus dos filmes anteriores y la explotación del O’Farrell Theater como sala de exhibición de filmes pornográficos, y, sobre todo, caóticos a la hora de trabajar. No querían hacer una película, sino vivirla. Noche tras noche, después de rodar unas cuantas secuencias, el equipo técnico y artístico de ‘Sodoma y Gomorra‘ se entregaba a una orgía de comida, drogas y sexo. Los Mitchell procuraron que todo el mundo tuviera cocaína y buena comida para que estuvieran a gusto en el set de rodaje y no repararon en gastos para dotar de verosimilitud a la acción. La consecuencia de todos esos excesos fue uno de los más grandes fiascos de la historia del cine, una declaración pública de que el porno nunca abandonaría el gueto en el que, por sus especiales características, se había confinado dentro del panorama de los géneros cinematográficos. La interminable fiesta asociada a un rodaje sin fin terminó de forma abrupta cuando los participantes en el filme descubrieron una mañana que Adrienne Mitchell, la mujer de Jim, se había fugado con uno de los actores de la película. Estaba harta de que su matrimonio fuera como una cama redonda.

La oportunidad perdida

Hasta entonces, sus directores habían trabajado sin un guión excesivamente preciso de lo que iba a ser la película: sólo era un relato épico inspirado en los hechos narrados por la Biblia en el libro del GénesisJim y Artie llegaron a rodar hasta 72 horas de película, un corpus ingente e imposible de ordenar en una sala de montaje. En la reanudación de la cinta, cambiaron la historia, lo que convertía el material rodado previamente en inservible, y la transformaron en una adaptación libre del best seller ‘Chariots of the Gods?‘, de Erich von Daniken.

Sodoma y Gomorra: Los últimos siete días‘ llegó por fin a las salas en septiembre de 1976, más de un año después del comienzo de su filmación. Fue un fracaso absoluto, entre otras cosas porque el montaje final que hicieron los Mitchell hacía la película ininteligible. Además, Jim y Artie acabaron peleados por culpa de tan titánica e inútil empresa y no volverían a rodar juntos una película hasta diez años después. ‘Sodoma y Gomorra: Los últimos siete días‘ ha pasado a la historia como el equivalente en el porno a ‘La puerta del cielo‘, de Michael Cimino, o ‘Cleopatra‘, de Joseph Mankiewicz, filmes de altísimo presupuesto, rodaje turbulento y nulo rendimiento en taquilla. Con la diferencia de que, en el cine convencional, un éxito tapa un fracaso. En el porno, un fracaso como aquel fue la sentencia de muerte para la normalización del género.

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