Historias del porno: Fotonovelas como películas

Empezó editando novela erótica para acabar más tarde experimentando con la fotonovela, con el vídeo amateur y, por último, haciendo películas porno exquisitas y con su sello de autor. Hoy es uno de los principales distribuidores y productores de porno de Europa.

Una imagen del calendario Dorcel 2011
Paco Gisbert | 02/07/2013 - 16:28

A finales de los años 60, Marcel Herskovits estaba a punto de cumplir 30 años y tenía un trabajo de alto riesgo. Publicaba libros de temática erótica que vendía en los circuitos clandestinos de toda Europa.

Herskovits vivía al límite de la legalidad en un tiempo en que Francia se debatía entre la tradición y la modernidad, entre quienes pretendían por conservar los valores de toda la vida y los que luchaban por hacer el amor y no la guerra.

Entre los clientes de Marcel había un periodista suizo que se puso en contacto con él para que le publicara una novela que había escrito en colaboración con su secretaria. El editor aceptó el reto y la novela se convirtió en un gran éxito de ventas, pese a las restricciones que encontró en su distribución. Aquel inesperado suceso animó a Marcel Herskovits a publicar más libros de contenido sexual, consciente de que en su país se estaban operando cambios que iban a apreciarse en un futuro muy cercano.

Una intuición genial

Así, el editor inició una colección de novelas pornográficas que tuvo una gran acogida entre los clientes de las laberínticas librerías de la orilla izquierda del Sena y, poco a poco, fue añadiendo a esas novelas fotografías para ilustrarlas. Primero fueron unas pocas fotos en blanco y negro, que servían para hacer un poco más digerible para el lector tanta acumulación de letra, después las fotos adquirieron color, y más tarde, presencia. Diez años después de haber empezado como editor de libritos de contenido erótico, en 1979, adoptó el nombre de Marc Dorcel y se convirtió en el principal editor de fotonovelas pornográficas del país.

En aquellos años, el vídeo invadió los hogares franceses. Era el electrodoméstico estrella, el que todos querían tener en su domicilio. Los magnetoscopios de la época eran mastodontes que se vendían a un alto precio. Tanto que, cuando se estropeaba uno, era mucho más rentable repararlo que comprarse otro, como ocurre ahora con los reproductores de DVD.

Al lado del despacho donde Dorcel tenía la editorial había una de esas casas de reparación de magnetoscopios que habían surgido por todo París al calor de la fiebre por el nuevo aparato. Su propietario, un tipo con conocimientos de filmación en vídeo, se acercó un día a ver a su vecino, con el que le unía una buena amistad, y le hizo una propuesta sorprendente: “Usted, señor Dorcel, hace fotonovelas que son como películas, ¿por qué no se anima a rodar un vídeo?”.

El reparador le ofreció su ayuda para hacerlo, pero Dorcel tenía muy claro lo que sabía hacer y no tanto lo que podría aprender, así que le dio largas. Pero la insistencia del vecino acabó dando sus frutos y, unos meses después, el todavía editor grabó su primera película porno, ‘Jolies petites garces’, un vídeo con imágenes quemadas y planos temblorosos que, para sorpresa de todos, llegó a vender 4.000 copias en las sex-shops de toda Francia. Dorcel la había filmado con un equipo técnico en el que no conocía a nadie, excepto al camarógrafo, un fotógrafo que jamás había empuñado una cámara de vídeo, y con el argumento de una de sus fotonovelas.

Impactado por el éxito alcanzado con su primera película, Dorcel acudió a un laboratorio de imagen para intentar mejorar su obra. Le dijeron que, en lo sucesivo, contara con ellos para rodearse de un equipo profesional con el que pudiera rodar vídeos de calidad. Así lo hizo pues, desde 1980, Marc Dorcel comenzó a producir sus propias películas, primero dirigidas por él mismo y más tarde, por otros realizadores, como Michel Barny o Michel Ricaud. Películas cuyas señas de identidad son la calidad visual, las buenas historias y el sexo morboso. Hoy, 35 años después de aquel día en el que el antiguo editor recelaba de ver las fotonovelas que vendía en movimiento, Dorcel es el mayor distribuidor y productor de porno en Francia.

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