Historias del porno: I Love the Camera

Cuarenta años después del estreno de ‘El diablo en la señorita Jones’, Paco Gisbert nos recuerda los orígenes de ese título mítico del cine X, a través de su protagonista y las confesiones que hizo, hace cuatro años, en un vídeo musical del grupo Massive Attack

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PACO GISBERT | 02/10/2013 - 9:02

Georgina Spelvin es de esas personas que cambió su vida por amor. El día en que encontró el amor de su vida, se obsesionó tanto con su objeto de deseo que, a los 77 años, cuando repasa su trayectoria personal, habla de ello con resignación por no haber podido escapar de una atracción fatal que, sin embargo, la hizo feliz.

Georgina se casó tres veces e hizo el amor con miles de hombres y mujeres, pero su enamoramiento no fue tan primitivo. Georgina, bailarina clásica de formación, encontró el amor de su vida cuando un amigo le ofreció cocinar para un rodaje. Allí se dio cuenta de que había algo en aquel plató que elegía a los actores y a las actrices, que hechizaba a quien se le pusiera a tiro: la cámara.

Unos años después, Georgina atravesaba ese particular tormento que se vive cuando el amor no es correspondido. Nunca podía cruzarse en la mirada de la cámara. Pero, en uno de sus trabajos, tuvo la oportunidad de su vida, esa que, si desaprovechas, sabes que has perdido el tren de la felicidad.

Simpatía por el diablo

Antes de encontrar ese amor correspondido, Georgina se llamaba Shelly Graham, había trabajado en producciones musicales de Broadway e incluso había tenido algún escarceo sexual en la pantalla, en películas eróticas de poca monta. A comienzos de los 70, mal de pasta y sin perspectivas de trabajo, aceptaba cualquier empleo que tuviera que ver con el cine. Aunque se tratara de cocinar para el equipo técnico y artístico de una película porno que se iba a llamar ‘El diablo en la señorita Jones’.

Gerard Damiano, el director de la película, le ofreció, en cuanto la vio, el papel de protagonista en ‘El diablo en la señorita Jones‘ y Georgina aceptó sin pensarlo. Entre cocinar para 15 personas y ponerse delante de la cámara, la enamorada ignorada eligió conocer a aquella amante ingrata. Aunque la película fuera un porno, ella tendría la ocasión de que la cámara le correspondiera.

Así fue y, como amante desinteresada, ni siquiera buscó un nombre artístico con el que destacar. ‘Georgina Spelvin‘ es el equivalente femenino del nombre falso que utilizan los actores de teatro cuando quieren usar un seudónimo para no revelar su identidad: ‘George Spelvin‘. Fue un flechazo instantáneo porque, desde entonces, Georgina ha vivido por y para la cámara, en un centenar de películas porno, de ‘El diablo en la señorita Jones‘ a su remake, obra de Paul Thomas 32 años después, en sus esporádicas participaciones en el cine convencional, y hasta en los documentales en los que ha contado sus experiencias en el cine sexual.

La complicidad de una anciana

Ahora que es una venerable anciana, Georgina Spelvin conserva esa complicidad con la cámara que sólo se percibe en las parejas de enamorados. Se pudo ver en el extraordinario video que el grupo Massive Attack creó para el primer tema de su álbum ‘Heligoland‘. Allí Spelvin ejercía de formidable metáfora de la condición humana a través de su propia historia, la de una anciana que confiesa su amor por la cámara.

La presencia de Spelvin es el hilo conductor que completa la celestial voz de Hope Sandoval y las imágenes de la película en la que comenzó su idilio con el amor de su vida. La canción se llamó ‘Paradise Circus‘ y el vídeo, en el que Georgina Spelvin aparecía, más desnuda que nunca, confesando abiertamente que amaba irremediablemente la cámara, forma parte ya de la historia del porno y de la música. De la historia de la vida.

MASSIVE ATTACK – PARADISE CIRCUS from Toby Dye on Vimeo.

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